El conde de Aranda









El conde de Cagliostro


CAGLIOSTRO EN ESPAÑA 

Autor de los textos y administrador del sitio:
 Palmiro HERRERO RODRÍGUEZ
cagliostro@iespana.es
          


CAGLIOSTRO Y ARANDA
(Madrid 1769/70  -  París 1781 y 1785/86)
                                                                               
        Existe un aspecto de la vida del conde de Aranda que, aun siendo de menor importancia  en el contexto de su extensa biografía, no deja de ofrecer un cierto interés, siquiera anecdótico, y que no menciona, que sepamos, ningun biógrafo o cronista.  Se trata de su relación con el legendario conde de Cagliostro, mago, adivino, médico y benefactor, según algunos historiadores, contemporáneos y posteriores, y vulgar charlatán y aventurero, según sus muchos detractores.

    El presente trabajo se basa en un exhaustivo estudio de las fuentes disponibles, complementado por investigaciones personales en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, donde hemos encontrado amplia correspondencia diplomática, hasta ahora inédita, de las embajadas de España en San Petersburgo, París, Londres y Roma, relativa a las andanzas del mago italiano. Estudio e investigaciones plasmados en un volumen titulado Cagliostro en España, inédito, que quedó finalista en el Premio Espejo de España de 1995, bicentenario de la muerte del personaje. 

      Entre dichas fuentes cabe destacar, no por sectario menos imprescindible, el famoso Compendio de la Vida y Hechos de Joseph Balsamo llamado El Conde Calliostro Que se ha Sacado del Proceso Formado contra El en Roma el Año de 1790.  Y que puede servir de Regla para Conocer la Indole de la Secta de los Francsmasones. Trátase de obra redactada con suma habilidad propagandística por monseñor Marcello Barberi, fiscal general del proceso de Roma y secretario del Supremo Tribunal del Santo Oficio que condenó a Cagliostro; publicada en la Imprenta de la Reverenda Cámara Apostólica, difundida, publicitada y distribuida con notable y puntual eficacia, ejemplo de relaciones públicas avant la lettre, fue traducida - verdadero bestseller de aquellos tiempos - a los principales idiomas europeos.

          Antes de entrar en materia, conviene precisar que la carrera vital del legendario conde de Cagliostro está marcada por dos grandes etapas que, unidas, cubren sus cincuenta y dos años de vida; vida un tanto breve, si no para los estándares de la época, sí para un hombre que en muchas ocasiones pretendió ser inmortal, e incluso quizás llegó a creérselo. Las tales etapas resultan y aparecen tan diferentes, y reflejan personalidades tan contradictorias, que algunos historiadores, apologistas del Conde, han intentado demostrar que José Bálsamo, pícaro  aventurero siciliano, hijo de una modestísima familia palermitana, y el legendario Alejandro,  conde de Cagliostro, Gran Cofto de la Masonería Egipciana, nacido y criado en la Arabia Feliz, supuesto hijo de una hipotética princesa de Trebisonda y - quizás - de un Gran Maestre de la Orden de Malta, eran dos personas diferentes y sin ninguna relación entre sí.  Después de todo,  ¿no intentó él mismo, desesperada y patéticamente, convencer al público y, por qué no, quizás a sí mismo, de no haber tenido nunca nada que ver con el llamado José Bálsamo?

          En el curso de su agitada existencia, tuvo ocasión Cagliostro - viajero infatigable -  de visitar casi todas la capitales y principales poblaciones europeas, y algunas africanas, muchas de ellas ya en su época de gloria. Durante ese período, pese a la aparente falta de medios de comunicación de masa de la época, su permanencia y paso por las mismas están bastante bien documentados, en muchos casos hasta en los más mínimos detalles, gracias sobre todo a la labor de los libelistas de la época, así como a la parcial disponibilidad de las actas de los dos grandes procesos que sufrió durante su vida, a saber, el llamado del "Collar de la Reina", en París, y el de la Inquisición en Roma. No ocurre lo mismo, desgraciadamente, con sus dos viajes por tierras de España (1769/70 y 1775/76), que tienen lugar en su época de oscuridad y en la fase menos noble y recomendable de su peregrina carrera. Fase ésta en la que alterna fútiles esfuerzos para ganarse la vida como pintor y dibujante con alguna estafa que otra y con ocasionales prostituciones de su compañera de viajes y aventuras.

           Nuestro conde de Aranda tuvo ocasión de conocer y tratar a este personaje, y a su bella esposa, primero en Madrid, cuando no eran sino unos pobres aventureros llamados Giuseppe Balsamo y Lorenza Feliciani, y más tarde, en París, ya convertidos en Alejandro y Serafina, condes de Cagliostro, famosos y mimados por la alta sociedad europea.
 
I.  En Madrid


          Veamos ahora la relación que pudo haber entre nuestro conde de Aranda y la pareja formada por Bálsamo y Lorenza, primero, y  el conde y la condesa de Cagliostro, después.

         Giuseppe Balsamo se casa a los veinticinco años de edad, con una bellísima jovencita romana, Lorenza Feliciani, de quince o dieciséis, hija de un modesto artesano de la Ciudad Eterna, y ya iniciada, según algún autor, en la prostitución. El matrimonio entra en relaciones con un pretendido marqués Agliata, jefe de una banda de falsificadores de letras de cambio. Denunciados a la policía por el padre de Lorenza, escapan a Bérgamo, donde el marqués los abandona en la mayor miseria. Entonces la calenturienta imaginación del futuro conde le lleva a inventarse una pretendida peregrinación a Santiago de Compostela, con objeto de irse agenciando limosnas para ganarse el sustento. Llegados a Barcelona, viviendo a salto de mata, de limosnas, expedientes de todo tipo y, last but not least, ocasionales prostituciones de Lorenza, abandonan el hábito de peregrinos, junto con la idea de encaminarse a Santiago, y deciden probar fortuna en la Ciudad Condal, por otra parte sin demasiado éxito.

         Nuestros italianos llegan a Madrid,  procedentes de Barcelona, aproximadamente en noviembre de 1769, y permanecen en la Corte hasta octubre de 1770, es decir, casi un año. En ese período, el conde de Aranda ocupa en Madrid el puesto de presidente del Consejo de Castilla, cargo que desempeñará de 1766 a 1773.

             En Barcelona, la bella peregrina se ha prostituido, al parecer a instancias de su marido, con el poderoso y empingorotado capitán ceneral de Cataluña, don Ambrosio Funes de Villalpando Abarca de Bolea, conde de Ricla (1720-1780), primo de Aranda. Ricla, según el Compendio, pagó sus servicios a razón de "un doblon de á quatro ....  cada ocho días, que el marido la volvía á conducir á aquel lugar."  Tras unos seis meses de estancia en Barcelona, Cagliostro decide marchar a Madrid, aprovechando la también interesada protección que les brinda un "Noble Viagero", el marqués de Fontanar, quien en Madrid los presenta, según parece, a los duques de Alba, Huéscar y Medinaceli, para el primero de los cuales debió de trabajar durante algún tiempo como valet o camarero, y según otras versiones como pintor y dibujante.

          Con referencia a la estancia del matrimonio en Madrid, el Compendio de monseñor Barberi dice, entre otras cosas, lo siguiente: "Un pleito, que tubo el Balsamo con un Paysano suyo en Madrid le dió ocasion de mandar à la muger, que recurriese à una Persona prepotente de aquel Gobierno; éste en medio de sus quehaceres quiso informarse de la muger por menudo de su estado; oido de ella todo el cuento, incluso la amistad del Viagero (léase el Marqués de Fontanar), le propuso, que lo habia de despedir, y en su lugar lo habia de admitir à él: rehusó aceptar el proyecto, y la tal Persona le replicó que quando ella quisiera su proteccion, no la encontraria. Se verificó el presagio; porque no pudiendo el Viagero resistir mas el atrevimiento del Balsamo,que siempre queria ya ropa, ya dinero, los abandonó. Vuelve entonces à la muger (que de todo había instruido al marido) y la manda à la tal persona del Gobierno, quien prefiriendo su decoro à las palabras de ella, y à las tentaciones la despidió. En medio de este abandono pasaron los dos Consortes à Lisboa."

          Llama la atención la comprensiva  e hipócrita indulgencia del eclesiástico relator hacia lo que denomina el "decoro" y el rechazo de "las tentaciones", del digno y "prepotente" personaje del gobierno de Carlos III; por otra parte, aun no revelando su nombre, en aras de "la justicia, la caridad y la prudencia",  deja, eso sí, muy en claro su condición de émulo del conde de Ricla (cuyo nombre, por cierto, se oculta en el Compendio bajo el eufemismo de "un Personage qualificado").

            Cabe destacar que el Compendio,  con alguna y quizás significativa excepción, cubre con tupido y cuidadoso velo la identidad de todos los personajes importantes - nobles, prelados, y aun testas coronadas - involucrados de una u otra forma en la agitada biografía cagliostrana. En efecto, advierte, "la justicia, la caridad y la prudencia piden que por honor se supriman los nombres de las personas, la indicación de los lugares, ò las épocas de los tiempos", loable regla aplicada por el autor para ocultar, bajo la etiqueta de "un Noble Viagero", "un Personage qualificado", "una Persona Prepotente del Gobierno Español", "un Rico Príncipe", etc., etc., a "personas del más elevado rango", y donde "una Madre", por citar un solo ejemplo, hace referencia nada menos que a María Antonieta, reina de Francia. Tan prudente y caritativa actitud no ha facilitado ciertamente la labor de los investigadores, que han tenido que quemarse las pestañas buscando y rebuscando en los archivos y documentos de la época, sin poder acceder a los conservados en el Vaticano, cubiertos por el secreto de Estado desde hace más de dos siglos.

           ¿Quién pudo ser, pues, efectivamente, esta "Persona Prepotente de aquel Gobierno"? Veamos qué dicen al respecto los más autorizados biógrafos del palermitano: Pericle Maruzzi (Il Vangelo di Cagliostro il Gran Cofto) no dice prácticamente nada sobre este viaje por España; Constantin Photiadès (Les Vies du Comte de Cagliostro) lo identifica en don Manuel de Roda y Arrieta, ministro de Gracia y Justicia en esa época; Ribadeu Dumas (Cagliostro) sólo nos dice que los jóvenes viajeros son recibidos en Madrid por el marqués de Fontanar, que los honra con su protección, y por el duque de Alba, que proporciona empleo a Bálsamo; según Enzo Petraccone (Cagliostro nella Storia e nella Leggenda) la "Persona Prepotente" es también Roda; Denyse Dalbian (Le Comte de Cagliostro) sólo menciona a los duques de Alba y Medinaceli, para los cuales "Bálsamo parece haber trabajado como pintor". Para resumir, Aranda sólo es mencionado, que sepamos, por Roberto Gervaso (Cagliostro), mas no en el contexto específico del "pleito" arriba mencionado, sino haciendo referencia a una lista o relación que se conserva en la Biblioteca Nacional de Roma sobre "las forzadas prostituciones" de Lorenza, entre las cuales aparece: "...en Madrid con el Marqués de Fontanazza (sic) y con el Conde de Aranda". En cuanto a los dos únicos biógrafos (serios) españoles que conocemos, Velázquez y Oliván, ninguno de ellos hace mención de Roda ni Aranda, pues apenas si tratan el tema de los viajes por España.

          ¿A quién, pues, se dirigió Lorenza en busca de apoyo para la causa de su marido?

         Nosotros creemos, contrariamente a  Photadiès y Petraccone, que el "prepotente" (adjetivo que por otra parte bien cuadra al interesado, aunque el original italiano habla de "un Ministro de aquel Gobierno") no fue otro sino el conde de Aranda;  también creemos que el "pleito" en cuestión debió de producirse hacia el final de la estancia de la pareja en nuestra capital. Lorenza, en sus declaraciones ante el Santo Oficio, elencó a Aranda - y no a Roda - entre los personajes con los cuales su marido le habría obligado a prostituirse. Aunque en este caso, si hemos de basarnos en el Compendio, la tal prostitución no debió de consumarse, al menos en Madrid. O a menos que monseñor Barberi no haya preferido salvar "el decoro" de quien, en el momento de la publicación, ocupaba el máximo cargo del gobierno del rey Carlos IV, como en la época de los "hechos" había presidido el de su antecesor Carlos III.

          No descartamos por completo que también Roda pudiera haber tenido algo que ver con la pareja  Bálsamo durante la estancia en Madrid. Sin embargo, nuestra conclusión es que la tal "Persona Prepotente" no era precisamente Roda. Y esto por varias y, creemos, bien fundadas razones. La primera, y fundamental, es que el nombre de Roda  no aparece en la lista de las "forzadas prostituciones de Lorenza" confeccionadas por el Santo Oficio romano en base a las declaraciones de la mujer. Sí aparece, en cambio, el nombre del conde de Aranda, como hemos tenido ocasión de comprobar personalmente en la documentación - muy incompleta en verdad - de las copias y apuntes de las escrituras legales del proceso de Roma, que se conservan en la Biblioteca Nacionale Central de la Ciudad Eterna (Fondo Vittorio Emmanuele 245).

          También hay que tener en cuenta que la administración de justicia civil y criminal en Madrid era ejercida por la Sala de Alcaldes de Casa y Corte, dependiente del Consejo de Castilla, presidido por Aranda, y no por Roda, el cual ciertamente no se ocupaba de tal clase de asuntos judiciales. Aranda era también, en aquel momento, después del Rey, la persona más importante del Gobierno, y es más que probable que Bálsamo, siguiendo su costumbre, dirigiera a su mujer a la más alta instancia posible, como ya había hecho en Barcelona con el capitán general Ricla.

          Cabe observar que, según nuestras  investigaciones, durante ese mismo período, también se encontraba en Madrid el conde de Ricla, capitán general de Cataluña, que, como se ha visto, también había tenido bastante que ver con la bella romana durante el período de estancia del matrimonio en la Ciudad Condal. Ricla, próximo pariente y protegido de Aranda, quien más tarde lo hizo nombrar ministro de la Guerra, firma en Madrid en 14 de julio y 17 de noviembre de 1770, ante el escribano Martín Bazo Ibáñez, sendos poderes para, respectivamente, cobro de sueldos en Barcelona y venta de tierras y ovejas en Zaragoza. (Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid). No conocemos otras razones de este viaje del capitán general a la Villa y Corte, y a falta de datos concluyentes, todas las suposiciones son válidas. ¿Pudo haber aprovechado este viaje para seguir las huellas de la romana? Lo que es indudable es que debió tener contactos con su primo Aranda, y podríamos también pensar que, siendo ambos empedernidos mujeriegos, bien podrían haber intercambiado experiencias sobre sus relaciones con Lorenza.

          La precipitada fuga de Madrid de Bálsamo y su mujer muy bien pudiera deberse al temor que les inspiraba la posible animosidad de ambos próceres.  Lorenza, por su parte, alegó, en sus declaraciones a la policía de París (1773), que decidieron irse de Madrid  porque el marido sufría mucho por el calor que reinaba en la ciudad durante el verano. Otra justificación adicional alegada por la romana, y citada por uno de los defensores de Cagliostro en el proceso de Roma, hacía vagamente referencia a "una cuestión de honor", sin más explicaciones.  


II.  En París

          Desde su embajada de París, Aranda tuvo ocasión, ya en 1779, de ocuparse del a la sazón conde de Cagliostro y la condesa su mujer. La embajada de París, la más importante para el gabinete de Madrid, controlaba la correspondencia procedente de las demás embajadas europeas, y que luego transmitía al conde de Floridablanca en Madrid. Por ello, Aranda fue el primero en tomar conocimiento del despacho de 2 de julio de 1779 del encargado de negocios en San Petersburgo, don Pedro Normández, relatando su entrevista con un "conde de Caliostro" que "se daba por Español, por coronel al Servicio del Rey", "diciendo también que la mujer era una princesa de Sta. Cruz de Roma". Normández llegó a la conclusión de que el conde no era ni español ni coronel al servicio del Rey, de que su mujer nada tenía que ver con la noble casa de los Santa Croce de Roma, exigiendo al "conde" que renunciase a hacerse pasar por coronel al servicio del Rey de España, etc. Cagliostro no le hizo caso alguno, siguió utilizando sus títulos como si tal cosa, siendo aceptado y recibido, si no por la Zarina, como pretendía, sí por buena parte de la alta sociedad rusa. Todo esto dio lugar a una serie de despachos enviados por el despechado encargado de negocios español. En fecha 28 de julio, Aranda le contesta: " Muy señor mío:  Con la carta de V.m. del 2 de julio recibo la que me incluye para el Sr. Conde Floridablanca, que después de haber leído dirigí ayer a Madrid por el Ordinario. No tengo antecente alguno del Sujeto de que V.m. me habla;  pero atendidas todas las circunstancias, y agregada a ellas la de ser Italiano, de cuia Nación ruedan tantos por todas partes, ha hecho V.m. mui bien en no reconocerlo, y no dudo que en Madrid aprueben a V.m. igualmente su conducta. Dios guarde a V.m.  m.a.  París, 28 de julio de 1779."

          En aquel momento, Aranda naturalmente no podía saber quiénes eran estos pretendidos "Condes", que por otra parte ya empezaban a dar que hablar en algunas cortes europeas.

          Años más tarde, en el período comprendido entre 1780 y 1783, durante su estancia en Estrasburgo, Cagliostro, protegido por el cardenal-príncipe de Rohan, gran limosnero de la corte de Versalles, adquiere una fama inusitada por sus actividades como médico, nigromante, alquimista y creador de la Masonería Egipciana. En 1781, Cagliostro, esta vez sin su mujer, acompaña a Rohan en un breve viaje (30 de junio/11 de julio) a París, ciudad en la que comienza a adquirir bastante popularidad. Este viaje tenía por objeto intentar salvar la vida al mariscal de Soubise, primo de Rohan, que estaba gravemente enfermo. En enero de 1785, Cagliostro, precedido ya de una enorme popularidad por sus curaciones milagrosas, predicciones fantásticas, creación de logias masónicas de su Rito Egipciano en Mitau (Curlandia), Suiza, Estrasburgo, Lyón y Burdeos, se establece en París. La alta sociedad parisina, siempre ávida de novedades, le abre sus puertas de par en par. El gran Mesmer acaba de caer en desgracia, y Cagliostro ocupa el puesto vacante. Los círculos masónicos le reciben como "Superior Desconocido" y en un primer momento le convocan como árbitro de sus diferencias. Su mujer brilla por su belleza - si no por su inteligencia - en los salones más aristocráticos, y dirige, como "Gran Sacerdotisa del Rito Egipciano" la flamante Logia de Adopción Femenina del Rito Egipciano, en la que se inscriben las más nobles señoras de la alta sociedad parisina. Si su amistad con el cardenal de Rohan les cierra las puertas de Versalles por la animosidad de María Antonieta hacia el libertino prelado, la sorda oposición de buena parte de la aristocracia y de la alta burguesía parisina - preludio de la Revolución - hacia la "Austríaca", hace que sea acogido en todas partes con los brazos abiertos. Las gacetas locales anuncian inmediatamente la llegada de "le célèbre Cagliostro". El masón Houdon esculpe su busto en blanco mármol y Fragonard pinta su retrato. Los estamperías de la capital no dan abasto para satisfacer la demanda del público de grabados y estampas con la efigie del mago y de su mujer. El embajador conde de Aranda debe necesariamente oir hablar del matrimonio e incluso coincidir con ellos en alguna ocasión. Ambos frecuentan muy probablemente los mismos salones de la alta sociedad, y se mueven en los círculos de la masonería, pues si Aranda no fue masón, como parece ahora demostrado, es indudable que durante su embajada en París tuvo estrecho contacto con destacados miembros de la masonería, que le veían con simpatía por su actuación en la expulsión de los regulares. Debió pues, conocer - y posiblemente reconocer a la pareja - y muy especialmente, si nuestras suposiciones son ciertas, no pudo por menos de identificar, en la condesa Serafina de Cagliostro, a la Lorenza de Madrid. Debe también recordar la correspondencia petersburguesa de algunos años antes del encargado de negocios Normández. Sin embargo, nada en la correspondencia privada y diplomática de Aranda deja entender, que sepamos, que el aragonés haya podido conocer personalmente a Cagliostro o a su mujer en ningún momento. Esto, por otra parte, pudiera tener fácil explicación. Menos comprensible es que Cagliostro no haya tenido reparo alguno en presentarse públicamente en París, no sólo por la presencia del embajador Aranda, sino también por el hecho de que en su primera estancia en la capital francesa (septiembre de 1772/agosto de 1773), todavía como Giuseppe Balsamo, había hecho detener a su mujer en el convento para "arrepentidas" de Santa Pelagia por adulterio con el abogado del Parlamento Duplessis de la Radotte.

          Poco después, el suelo se hunde bajo los pies de Cagliostro, precisamente en el momento cumbre de su gloria y popularidad. Estalla el famoso "affaire" del collar de María Antonieta, con el "embastillamiento", el 23 de agosto de 1785, del cardenal de Rohan, la condesa de La Motte y sus cómplices, además de Cagliostro y su mujer. En su Memorial de defensa en el famoso proceso, Cagliostro incluye una lista de personalidades encontradas en el curso de sus viajes, donde no menciona en absoluto a Roda, y sí al duque de Alba, al de "Vescard" (sic por Huéscar) y al "Comte de Riglas" (sic), "parent de M. le Comte d'Aranda."

          Pero en el momento de estos arrestos, Aranda se encuentra ausente de París, habiendo acompañado a su mujer María Pilar, a quien al parecer no dejaba ni a sol ni a sombra, a los baños de Bagnères de Bigorra, de donde regresaron el 1 de octubre. Por ello, los primeros despachos diplomáticos sobre el asunto del collar y la participación de Cagliostro fueron enviados por el colaborador de Aranda, don Ignacio de Heredia, no reanudando Aranda la correspondencia, que sepamos, hasta el 28 de noviembre. Correspondencia que, si está completa la que hemos encontrado en el Archivo Histórico Nacional, Sección Estado, termina el 22 de junio de 1786 con un despacho en el que se incluyen dos ejemplares de la sentencia del Parlamento de París. En diversos despachos se hace simplemente referencia "al Cagliostro", sin otros comentarios.

          Existe también correspondencia de Aranda con el encargado de negocios de España en Londres, marqués don Bernardo del Campo, amigo y confidente del aragonés, comentando el asunto del collar. Bernardo del Campo debió también de comentar con Aranda la clamorosa campaña periodística organizada en Londres contra Cagliostro por el libelista Théveneau de Morande, director del Courrier de l'Europe poco después de la expulsión del mago del territorio francés, correspondencia de la que sólo hemos encontrado la siguiente nota de Aranda a don Bernardo:  "París, 2 de enero de 1787.  ... Diviértase V.S. con Cagliostro y el Gacetier Cuirasé Sieur Morande.  Item con Lord George Gordon, y luego con los debates del tratado de Comercio en abriéndose el Parlamento....".
 

          La campaña del Courrier de l'Europe, bisemanario francés publicado en Londres, entre muchas inexactitudes, flagrantes infundios y verdades a medias, puso al descubierto por vez primera la identidad de Alejandro y Serafina, pretendidos condes de Cagliostro, con el aventurero palermitano Giuseppe  Balsamo y la barriobajera romana Lorenza Feliciana, insistiendo en la fase menos noble de la inicial carrera del mago. Asímismo - y esto es muy importante -  hacía una relación, más o menos exacta de algunos de sus viajes, incluyendo los realizados a España.  Aranda, que precisamente había suscrito personalmente la embajada a éste y otros periódicos, no podía, pues, ignorar por más tiempo que los famosos condes de Cagliostro no eran sino los buscavidas que le visitaron en Madrid en solicitud de protección. Sin embargo, debió de preferir callar, sin responder a la llamada que desde las páginas de su periódico hacía Morande en busca de referencias sobre la época más oscura de la carrera del matrimonio italiano. A menos que la siguiente noticia del Courrier de l'Europe  nº 31, del 17 de octubre de 1786,  no tuviera su origen en el propio Aranda: "... l'homme qui a prétendu dans l'un de ce royaume, qu'il étoit Colonel au service d'un puissance où l'on assure qu'il a été valet de chambre ...  Le Sr. Cagliostro a fait un séjour d'un an à Madrid, après l'aventure qui lui est arrivée a Lorette. Un grand seigneur espagnol a déclaré publiquement à Paris qu'il y avoit été au service, non pas comme Colonel, mais comme valet" (el subrayado es nuestro).

           Cuatro años más tarde, con Aranda en el gobierno, la Gaceta de Madrid del 13 de mayo de 1791 publicaba la siguiente noticia:  "Roma, 20 de abril de 1791. El día 7 de este mes se sentenció la causa de Joseph Bálsamo, supuesto Conde Cagliostro, y de sus cómplices. El castigo que le habían impuesto sus jueces era la pena ordinaria (= capital); pero como no se acordaron unánimemente y hubo bastante discordia al sentenciarlo, se remitió la decisión a Su Santidad, quien  moderó, y conmutó la pena en encierro, estrecho y perpetuo en el castillo de San León, sin esperanza de gracia. Mandóse también que sus escritos se quemasen por mano del executor de Justicia, y que el reo abjurase solemnemente de todos sus errores. Esta condena se llevó a cumplimiento el día 17, habiéndose hecho privadamente la abjuración".

          Pocos serían los lectores de la Villa y Corte que al leer esta noticia reconocieran o recordaran la figura del oscuro e inquieto viajero siciliano, de extraña mirada magnética, que dos décadas atrás, acompañado de su bella y joven esposa, había permanecido en la Villa y Corte durante algo más de un año, sin dejar al parecer huella alguna de su paso por la capital del buen rey Carlos III. Uno, sin embargo, no pudo por menos que dedicar un pensamiento, siquiera breve, a una persona con la que hubo de tener una cierta relación, primero como presidente del Consejo de Castilla, y más tarde como embajador en la corte del Rey de Francia. Nos referimos, naturalmente, a nuestro buen conde de Aranda.

          En cuanto al supuesto conde, tras su condena, y después de cuatro años de prisión en la siniestra fortaleza de San Leo, provincia de Urbino, de los Estados Pontificios, Giuseppe Balsamo, que había hecho famoso el nombre de Cagliostro en todas las cortes europeas del Setecientos, fallecía el 26 de agosto de 1795, a los cincuenta y dos años de edad, sin que esta vez nuestra Gaceta, más preocupada por acontecimientos de mucha mayor envergadura, se hiciera eco de la noticia.

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III.  Bibliografía

ANÓNIMO (Monseñor Marcello Barberi): Compendio della vita e delle gesta di Giuseppe Balsamo denominato il  Conte Cagliostro, che si è estratto dal proceso di lui formato in Roma l'anno 1790.  E che può servire di scorta per conoscere l'indole della Setta de' Liberi Muratori.  Nella Stamperia della Reverenda Camera Apostolica.  Roma 1791.
ANÓNIMO  (Monseñor Marcello Barberi)Compendio de la Vida y Hechos de Joseph Bálsamo llamado El Conde Calliostro.  Que se ha sacado del Proceso formado contra él en Roma el año de 1790.  Y que puede servir de Regla para conocer la Indole de la Secta de los Francsmasones.  Barcelona, s/a.
ARCHIVO HISTORICO NACIONAL Madrid (AHN):  Estado. Rusia (Legajo 6116-1-2);  Francia (Legajos 2862  4169  4170  6642  6646);  Roma (Legajos 1290  3914).
ARCHIVO HISTÓRICO DE PROTOCOLOS NOTARIALES DE MADRID.  Protocolo 19.598.
CAGLIOSTRO, Conde de"MAITRE" THILORIERMémoire pour le Compte de Cagliostro accusé contre M. le Procureur général, accusateur;  en présence de M. le Cardinal de Rohan, de la C.sse de la Motte et autres co-accusés.  París, 1786.
CAGLIOSTRO, Conde deLettre du Comte de Cagliostro au Peuple Anglois.  Pour servir de suite à ses Mémoires.  Londres, 1787.
D'AMATO, GiuseppeLa moglie de Cagliostro.  Florencia, 1931.
FERRER BENIMELI, José A.La Masonería española en el siglo XVIII.  Madrid, 1974.
"Gaceta de Madrid".  Madrid, 1785-1791.
GERVASO, RobertoCagliostro.  Milán, 1973.
HERRERO RODRÍGUEZ, PalmiroCagliostro en España - Andanzas, aventuras y desventuras de un aprendiz de mago en la España de Carlos III . Obra finalista al premio "Espejo de España". Madrid 1995.
MARUZZI, PericleIl Vangelo di Cagliostro, il Gran Cofto.  Roma, 1914.
MORANDE, Théveneau de"Courrier de l'Europe".  Londres, 1786-1787.
OLAECHEA, Rafael; FERRER BENIMELI, José A.El Conde de Aranda (Mito y realidad de un  político aragonés).  Zaragoza, 1978.
OLIVÁN, FedericoCagliostro. El  Mago Tenebroso.  Madrid, 1947.
PETRACCONE, EnzoCagliostro nella storia e nella leggenda.  Milán, 1936.
PHOTIADES, ConstantinLes Vies du Compte de Cagliostro.  París, al Tribunale del
St. Uffizio di Roma
. Roma, 1789/91. Ms. Fondo Vittorio Emanuele Nº 245.  1932.
Raccolta di scriture legali riguardanti il processo di Giuseppe Balsamo detto Alessandro Conte di Cagliostro e di P. Francesco Giuseppe da S. Maurizio Cappuccino innanzi Biblioteca Nazionale Centrale "Vittorio Emanuele II".
RIBADEAU DUMAS, F.Cagliostro:  santo, mago o impostore?  Milán, 1968.
SUNYER, Carles Pi iTres Aventurers Italians a Barcelona.  Barcelona, 1992.
VELÁZQUEZ Y SÁNCHEZ, JoséJosé Bálsamo, Conde de Cagliostro.  Sevilla, 1871.





Lorenza Feliciani, condesa de Cagliostro

CAGLIOSTRO AND THE MARQUIS MAURIGI FROM PALERMO

    Some time ago I found in Internet a request from the USA asking for information about a Maurigi family, of Sicily. Many US citizens of Italian origin are active in the Net searching the history of their names.  I never received an answer to the e-mail I sent to that query, but I think that the information I provided could be of some interest to Count Cagliostro “fans” (from the simply curious to the serious scholar).

    During my researches about the life and times of the famous Count Alessander of Cagliostro, I have come across a Marquis Maurigi, a Sicilian nobleman from Palermo. 

    The young Giuseppe Balsamo,  who later on would become the well-known adventurer, magician and free-mason Count of Cagliostro, circa 1763 falsified a number of documents in his native Palermo pertaining to an inheritance (supposedly intended for a religious order), to benefit a local Marquis of the name Maurigi. Several years later, with Cagliostro absent from Sicily, the fake was discovered by the authorities. There is no information available about the resulting consequences for the Marquis, which would require close investigation of the local archives.

    According to some authors, young Balsamo had a relative who was a Notary Public, and this facilitated his task. It is also well known that, as a youth, Cagliostro was indeed a mediocre artist (he had studied art in the studio of a local painter) but a very able faker of all kinds of documents, letters of credit, etc., as ascertained, among others, by the Cavaliere Casanova de Seingalt, who during his travels met him and his wife in Aix-en-Provence in 1769.

    A reference to the above falsification can be found in the English version of the Report on the Trial of Count Cagliostro by the Roman Inquisition in 1790-91 (Life of Count Cagliostro, with his Trial before the Inquisition, London 1791).

    In the course of my personal researches, centred most particularly on the two travels made by Giuseppe Balsamo in Spain (1769-71 and 1774-75), I have found a Notary Deed of 26 december 1769, issued in Madrid, concerning a brother of Prince of La Catholica, Ambassador of the King “of the Two Sicilies” (i.e., Naples) to King Charles III of Spain. The document in question is signed by several witnesses, one of which is a “Juan Domingo” (the Spanish for “Giovanni Domenico”) Maurigi, Guard of Corps of His Majesty in the Royal Italian Company. King Charles, former King of Naples and Sicily, had many Italians, military and civilian, at his service.

    Most probably, this Giovanni was a relative of our Marquis Maurigi (certainly, it couldn’t be the same person, as there is no mention of a title of nobility).  The document in question is filed at the Archive of Notary Public Deeds (Archivo de Protocolos Notariales) of Madrid, protocol nº 20.688, page 398.

    It is interesting to note that by that date, Giuseppe Balsamo had recently arrived in Madrid accompanied by his wife Lorenza.

    The above information is included in my book (alas, yet unpublished!) Cagliostro en España.

    I would be most interested myself in getting more exhaustive information concerning the Maurigi family during the second half of the Eighteenth century. Based upon information gathered in the Net, I think that “our” Marquis was named Ruggero, who had two sons, Giovanni and Carlo; the former could very well be the witness to the above mentioned “Deed”. The Maurigi family is supposed to have its origin in Germany, and is present in Sicily since the XIII century. If anybody can supply any further data, please let me know.



Última actualización de esta página: 23-3-2004

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                                           EL COMPENDIO    
       
                                                        Ó  
                 
           EL GRAN RETABLO DEL CONDE DE CAGLIOSTRO
                             Y LA CONDESA SERAFINA



                                Por Palmiro Herrero













                                 M a d r i d / T u r í n









“Sólo hay verdad en el detalle”
Fustel de Coulanges

Introducción

La vida de un hombre que en el periodo de cuarenta y siete años ha estado quasi siempre envuelta en enigma y en misterio, mirada por muchos como un modelo de Heroismo, de Religion, y de Doctrina; y considerada por otros como parto de la incredulidad, de la impostura, y de la impiedad, ha tenido suspenso el juicio de la mayor parte; porque en sus diversas estrepitosas mutaciones ha llenado todo el mundo de su fama; y porque en su ultima crisis revoca de sí los respectos, y empeña la expectacion del universo: esta vida, diremos, viene á ser el sugeto de una séria y util meditacion.

Así escribía un contemporáneo de Cagliostro, monseñor Marcello Barberi, unos años antes de la muerte del Conde a los cincuenta y dos años de edad, vida un tanto breve, si no para los estándares de la época, sí para un hombre que en algunos períodos de su existencia pretendió ser inmortal, e incluso, posiblemente, hasta llegó a creérselo.

La vida de este interesante y misterioso personaje del llamado Siglo de la Ilustración  puede dividirse prácticamente en dos grandes etapas, etapas que resultan y aparecen tan diferentes, y reflejan personalidades tan contradictorias ente sí, que algunos historiadores, sobre todo sus apologistas, han intentado demostrar que Giuseppe Bálsamo, pícaro y aventurero siciliano, y el legendario  Alejandro, Conde de Cagliostro, presuntamente nacido y criado en la Arabia Feliz, supuesto hijo de una Princesa de Trebisonda y - quizás - de un Gran Maestre de la Orden de Malta, eran
dos personas diferentes y sin ninguna relación entre sí. Después de todo, ¿no intentó él mismo, desesperada y patéticamente, convencer al público y ¿por qué no? quizás a sí mismo, de no haber tenido nunca nada que ver con el llamado Giuseppe Bálsamo, natural de Palermo?

Mago, taumaturgo, adepto Rosacruz, gran adivino, brillante médico empírico, benefactor y Gran Cofto de la Masonería Egipciana para sus numerosos admiradores, vulgar charlatán, estafador y aventurero para sus muchos detractores, Giuseppe Bálsamo, Conde de Cagliostro es una de las figuras más curiosas y sorprendentes del último tercio del siglo XVIII, en el exaltante período que precede a la Revolución francesa.

El presente trabajo ofrece una serie de breves - incluso brevísimas - biografias de buena parte de las personas, personajes (y personajillos) que en mayor o menor medida tuvieron que ver, directa o indirectamente, con la vida de este famoso Conde y su no menos famosa mujer, Lorenza Feliciani, también conocida con el nombre de Serafina, Condesa de Cagliostro.
 
Cada una de estas biografias puede en cierto modo compararse a la pieza de un mosaico, del inmenso y polícromo mosaico de la biografia cagliostrana, o bien ¿y por qué no? a las figuras de un a manera de “retablo de Maese Pedro”, que hacen acto de presencia en diferentes cuadros y episodios de la vida de esta singular pareja.

Todas estas figuras, importantes o no, tienen también su vida propia e independiente de su relación, momentánea o prolongada en el tiempo, en la carrera vital de nuestros protagonistas. Tienen pues también las tales sus vivencias anteriores y posteriores a la etapa o el momento en que hacen su aparición en el amplio y multicolor escenario del “Retablo”. Y algunas - muchas - de ellas desempeñan un importante papel en las crónicas históricas de la época.

En efecto, si muchos de estos personajes son perfectos desconocidos (y alguno que otro, incluso imaginario) no son pocos aquellos que figuran por derecho propio en las páginas de la Historia, con mayúscula. Para estos últimos, sobradamente conocidos y exhaustivamente biografiados, nos limitaremos a una relación más o menos esquemática de los períodos previos y posteriores a su participación en la escena cagliostrana, eso sí, detallando al máximo posible su relación con Balsamo, su mujer y otros co-protagonistas.

Mención especial merecen, en nuestra opinión, toda una serie de enfermos, en gran parte anónimos, que identificamos con los casi nulos datos que tenemos a nuestra disposición, bajo calificativos tales como “un loco”, “una enferma”, etc. Ellos y ellas representan dignamente a los literalmente millares de pacientes (sólo en Estrasburgo, más de quince mil) tratados y, en su mayor parte, curados y aliviados por el gran médico y benefactor que sin duda alguna - entre muchas otras cosas, y algunas poco recomendables - fue efectivamente el Conde de Cagliostro.

Naturalmente, la fórmula – fichas biográficas – que hemos elegido para realizar este trabajo lleva implícita, necesariamente, un cierto grado de repetición, incluso de redundancia en algunos casos, con objeto de reflejar debidamente y con la suficiente claridad la relación del personaje con las vivencias cagliostranas.

Muchas y autorizadas son las fuentes a las que hemos acudido para llevar a término nuestro trabajo. Y tampoco hemos dejado de recurrir a otras - menos fiables por novelescas pero que no dejan de añadir un aura de fantasía a una personalidad ya de por sí fantástica, enigmática y misteriosa. Todas ellas, sin excepción, aparecen en la nutrida bibliografia que complementa y avala esta nuestra modesta obra.

Una, sin embargo, destaca entre todas, no por tendenciosa menos útil, incluso inevitable, que nos servirá de guía a todo lo largo de estas reseñas biográficas, permitiéndonos seguir la pista, en la medida de lo posible, de las andanzas, viajes, aventuras y desventuras de nuestro personaje. Fuente es ésta a la que han debido recurrir, obligatoriamente, todos y cada uno de los autores, biógrafos, estudiosos e investigadores, tanto apologistas como detractores, de la figura del Conde.

Nos referimos, naturalmente, al famoso Compendio de la Vida y Hechos de Joseph Balsamo llamado El Conde Calliostro Que se ha Sacado del Proceso Formado contra El en Roma el Año de J 790. Y que puede servir de Regla para Conocer la lndole de la Secta de los Francsmasones. Trátase de obra redactada con suma habilidad propagandística por monseñor Marcello Barberi, Fiscal General del Estado Pontificio, con funciones de Secretario del Supremo Tribunal del Santo Oficio que procesó y condenó a Cagliostro como francmasón y hereje; obra publicada en la Imprenta de la Reverenda Cámara Apostólica, difundida, publicizada y distribuida con notable y puntual eficacia, ejemplo de relaciones públicas avant la lettre,  fue traducida – verdadero bestseller de aquellos tiempos  –  a  los principales idiomas europeos..

Varias son las versiones castellanas de la obra en cuestión publicadas contemporáneamente. Tenemos la fortuna de poseer un bonito ejemplar de la época, publicado en Barcelona en el año 1791 (Con licencia. Por la Viuda Piferrer, véndese en su Librería administrada por Juan Sellent), y del cual citaremos a mansalva, respetando rigurosamente, en beneficio del curioso lector, el cristalino y castizo estilo del original, junto con su peregrina y aproximada ortografia. A esta obra, indudablemente parcial y denigratoria, pero que constituye una verdadera “mina” de datos e informaciones sobre las vivencias de nuestro personaje, haremos una referencia constante a lo largo del presente trabajo.

Y, en último término, sobre todo en orden de importancia, nos hemos permitido añadir nuestra modestísima aportación personal al estudio de los viajes por tierras españolas de Giuseppe Balsamo, uno de los períodos menos conocidos y peor tratados por los biógrafos - incluso españoles - del palermitano.

El resultado final, en la intención del autor, es mostrar la completa carrera vital del Conde de Cagliostro y de su compañera de aventuras en una biografia de nuevo cuño, destinada tanto al lector curioso como al sesudo investigador y al erudito, para quienes puede convertirse en una útil herramienta de trabajo.

Si logramos interesar al primero y, al mismo tiempo, ayudar a la labor del segundo, nos daremos por satisfechos y pagados por el esfuerzo que, con sumo cariño ydedicación, hemos intentado llevar a ¿buen? término. Vale.
 
                                        BALSAMO, Pietro

aprox. 1698-1743

Siciliano, padre de Giuseppe Balsamo, quien más tarde se convertiría en el renombrado Conde de Cagliostro.

Palermo (Sicilia) 1743

Damos inicio con este personaje a la VIDA CIVIL DE CAGLIOSTRO desde su nacimiento hasta su prisión en Roma en las páginas del Compendio de monseñor Barberi:

Nació Joseph Balsamo en Palermo á los 8. de Junio de 1743, hijo de Pedro Balsamo y de Felisa Bracconieri, ambos de mediana condicion.  Muerto su padre, que era mercader, mientras que el era pequeño ...

En realidad, la fecha del nacimiento corresponde al 2 de junio, pues el 8 fue la del bautismo.

Pietro Balsamo era un modesto comerciante de bisutería e hijo, según parece, de un librero.  Para otros autores, el padre de Pietro era un mercero, igualmente modesto y, posiblemente, según Goethe y otros detractores del personaje Cagliostro, de origen judío, aunque no existe prueba alguna de su condición de tal.

Pietro falleció a los 45 años de edad, el mismo año que nació su hijo.  Acababa de quebrar, lo que probablemente aceleró su muerte.  Enfermizo, carente de ingenio y de fortuna, apenas ganaba lo suficiente para mantener a su familia. Estaba casado con Felicia o Felicità Bracconieri, con  la que tenía también otra hija, mayor que Giuseppe, llamada Giovanna Giuseppina Maria.

No obstante las aseveraciones sobre el origen judío de la familia paterna de Giuseppe, que le persiguieron durante su época de fama, algunos autores vinculan a Pietro con la noble familia palermitana de los Balsamo de Mesina, que en el siglo XVI fueron señores de Taormina, y que cuenta en su haber con varios caballeros de la Orden de Malta, tales como Giovanni Balsamo, Gran Prior de la Orden en Mesina.

Carlo Marullo de Condojani, en su obra La Sicilia ed il Sovrano Militare Ordine di Malta, Mesina 1953, destaca la importancia histórica de las relaciones de la Isla,  fuente de aprovisionamiento para Malta, con la Orden de los Caballeros.  Sólo 20 años después de la fundación del Hospital de Jerusalén, se establece el Ospizio de Mesina, y su Priorato se convirtió en uno de los más importantes de la Orden.

Igualmente, entre los miembros sicilianos de la Orden, Condojani hace mención de los siguientes:  Ioseph Balsamo (1588), Iohannes Balsamo (¿), Giovanni Salvo Balsamo (1617), Giacomo Balsamo (1631), Fra Pietro Ventimiglia dei Baroni di Cíngara, hijo de Cesare Ventimiglia e Balsamo, prior de Capua (1636), Giovanni Battista Balsamo (1769) y, en tiempos posteriores, Francesco Balsamo (1842).  Todos, o casi todos, mesineses. (Elenco dei Processi dei Cavalieri di Giudizio di Famiglie Siciliane esistenti in  Valletta (Malta).  Un Fra Gerolamo Balsamo de Mesina se cuenta entre los numerosos sicilianos muertos en el Gran Asedio de Malta en mayo de 1665.

Nosotros, por nuestra parte, hemos encontrado referencias a dos importantes padres jesuítas del siglo XVII, a saber, Ignacio Balsamo, jesuíta siciliano muerto en 1659, autor de Canzone y Poésies pieuses sur le martire de St. Placide et de ses companions, Mesina 1653, y otro Balsamo que aparece como “jesuita italiano”, pero también probablemente siciliano, muerto en Limoges (Francia) en 1618 “après avoir rempli en France les premiers places de son ordre” (Diccionario biográfico Feller).

Cagliostro siempre negó enérgicamente los rumores acerca de su ascendencia hebrea.  A este respecto, en su Memorial de defensa en el proceso de París, declaraba:  “Ya lo he dicho; he sido criado como hijo de Padres Cristianos.  Nunca he sido ni Judío ni Mahometano.  Ambas Religiones dejan en aquellos que las profesan huellas indelebles, por lo cual se puede constatar la verdad de mis afirmaciones; y para no dejar en este sentido la menor sobra de duda, me someteré si es necesario, a una verificación más vergonzosa para aquellos que la exigen que para aquel que la sufre.”

El mismo Pietro, por su parte, como muchos de sus compatriotas, se jactaba de sus nobles orígenes.  Pese a tales pretensiones nobiliarias, vivía – o por mejor decir   malvivía – en uno de los peores barrios de la Palermo del Setecientos, llamado La Albergarìa, en el vicolo della Perciata, donde nació su hijo Giuseppe.

El milanés Carlo Sacchi, en su libelo contra Cagliostro, afirmaba – erróneamente - que el padre era un humilde cochero napolitano de nombre Tichio o Tíschio, afirmación que también fue recogida en su momento por maître Doillot, abogado de la condesa de La Motte en el proceso del Collar, y más tarde (1786/87) por el Courrier de l’Europe, gaceta editada en Londres en lengua francesa.

Si bien Carlo Sacchi fue el primero en desvelar, aunque con datos incorrectos, los humildes orígenes del misterioso Conde de Cagliostro, la “gloria” de tales investigaciones corresponde al comisario francés Louis Philippe Fontaine, a un confidente llamado Bernard y, finalmente, al representante legal de Francia en Palermo, Antonio Vivona.

Fontaine, commissaire au Châtelet, encargado de investigar el oscuro pasado del Conde, descubrió en los Archivos de la policía de París un dossier del año 1777 en el que, con motivo de la detención de la romana Lorenza Feliciani por denuncia del marido, éste era identificado como Giuseppe Balsamo, palermitano. Este dossier fue confirmado por una carta de un corresponsal de Palermo – el tal Bernard – fechada 2 de junio de 1786, relatando una conversación con “Antoine Bracconniere, teneur de livres  de M. Jean-François Aubert”, quien habría reconocido en Cagliostro al hijo de su hermana Felicitá Braconnieri, y proporcionado detalles de la juventud de Giuseppe y acerca de sus viajes.

En su informe al ministro de Estado conde de Vergennes, Fontaine recogía estos detalles, y afirmaba:  “... Reconozco muy bien a Balzamo [sic] y a su mujer, a quienes he visto tantas veces en los retratos que se han hecho en París de Cagliostro y su
mujer.”





Fuentes:      Compendio; Goethe; Dalbian; Gervaso; Marullo de Condojanni.
Investigar:  Archivos palermitanos. Historia de Palermo.  Archivos notariales
                   de Palermo y Mesina.
































BRACCONIERI, Felicità  (I)



Siciliana, madre de Giuseppe Balsamo.

Palermo 1743/63
Palermo 1774
Palermo 1787

Palermo 1743/63

Casó con Pietro Balsamo, modesto comerciante de mercería o bisutería.  Además de Giuseppe, el matrimonio tuvo también una hija, mayor que su hermano.

Mateo Marcello, su abuelo y, por consiguiente, tatarabuelo de Giuseppe, tuvo dos hijas, Felicità y Vincenza, que casaron respectivamente con Giuseppe Bracconi o Bracconieri y Giuseppe Cagliostro de la Noara.  Felicità era hija de Giuseppe Bracconieri y de Felicità Martello.

A pesar de la modesta condición de la familia, Felicità, para no ser menos que su  marido, también tenía sus pretensiones de nobleza, y afirmaba descender por línea materna del mismísimo rey de Francia Carlos Martel.  Pese a su ignorancia, sabía incluso dibujar el escudo de armas familiar:  “d’argent à deux chiens de gueules passant et alternés à deux étoiles de même, l’un en chef, l’autre en cœur », según un experto en heráldica.

En sus interrogatorios ante el Tribunal del Santo Oficio, Cagliostro se haría eco de estas pretensiones familiares, probablemente para responder a las crítica de haber adoptado, sin ser noble, el título de conde: Aunque la evidencia de las pruebas que lo angustiaba, no le han permitido ampliarse, como ante los Jueces de la Bastilla, al menos pensó exponer una novedad, trayendo su descendencia de Carlos Martel de la linea Carolina.  Es raro que de esto jamás hablase en Francia, donde mas que las otras invenciones, podría esta abrirle una gran brecha à su favor.  Los ministros de Roma se contentaron en esta parte con precisarlo à decir la Genealogía de esta descendencia:  pero al hacerla se desmayó, como sucede à los embusteros.  (dixit el inefable Compendio).  A esto cabría responder que durante los interrogatorios del proceso de París, para asumir tan noble ascendencia, Cagliostro hubiera debido admitir su condición de siciliano, desvelar su humilde nacimiento y renegar de la leyenda que se había creado acerca de sus pretendidos orígenes, nobilísimos pero desconocidos, su infancia en La Meca y demás aditamentos novelescos acerca de su vida y milagros.

Como quiera que la tía materna de Felicità, Vincenza Martello, se había casado con Giuseppe Cagliostro, agente y hombre de confianza del príncipe de Villafranca, los Balsamo, orgullosos de esta alianza, la eligieron  como madrina del niño.

El matrimonio Balsamo vivía en Palermo, en una modesta vivienda (todavía existente) de via della Perciata, en el Ballaro, donde nació Giuseppe.  Al quedarse viuda con dos niños, Giovanna Giuseppina Maria y el pequeño Giuseppe, Felicità acepta la oferta de una indeterminada pariente, casada al parecer con un boticario de Termini, matrimonio que durante dos o tres años habría acogido al niño en su casa.  Esto según una versión.  Según otras, a nuestro entender más autorizadas, Felicità, junto con sus dos hijos,  buscó refugio directamente en casa de su padre y hermanos.





Fuentes:  Photiadès; Dalbian; Goethe.

































BALSAMO, Giovanna Giuseppina Maria  (I)


Palermitana, hermana mayor de Giuseppe Balsamo.

Palermo 1743/63
Palermo 1774
Palermo 1787

Palermo 1743/63

Posteriormente contraería matrimonio con un tal Giovanni Battista Capitummino o Capitumino.




Fuentes:  Goethe.




























BASILE, Giuseppina



Señora siciliana.

Palermo 1743

Amiga de la familia, sustituyó, mediante un poder, a Vincenza Martello (esposa de Giuseppe Cagliostro de la Noara), tía abuela y madrina del niño Giuseppe en la ceremonia del bautismo, celebrado el 8 de junio de 1743 en la catedral de Palermo.

El padrino de Giuseppe fue Giovanni Battista Barone, genovés establecido en la capital sícula.



Fuentes:      Photiadès.
Investigar:  Datos sobre la catedral.



























BARONE o BURONE, Giovanni-Battista



Genovés, establecido en Palermo.

Palermo 1743

Fue padrino del bautismo de Giuseppe Balsamo, en compañía de Giuseppina Basile, que llevaba un poder para sustituir a la madrina, Vincenza Cagliostro.



Fuentes:  Morande (Courrier de l’Europe).
































MARTELLO, Vincenza  (I)



Señora siciliana, tía-abuela de Giuseppe Balsamo.

Mesina 1743
Mesina 1774

Mesina 1743

Era tía materna de Felicità Balsamo, née Bracconieri.  Fue madrina oficial de bautismo del niño Giuseppe.

Era hermana de la abuela materna de Giuseppe, y estaba casada con Giuseppe Cagliostro della Noara, de Mesina.  No actuó directamente como madrina, sino que delegó mediante un poder en Giuseppina Basile, quizás por no poder o querer desplazarse desde Mesina.

Vincenza y su marido eran algo así como los parientes acomodados e influyentes de la familia Balsamo.




Fuentes:  Photiadès; Jules de Saint-Félix ; Velázquez ; Gervaso.




















CAGLIOSTRO DE LA NOARA, Giuseppe  (I)



Burgués siciliano.

Mesina (Sicilia) 1743/63
Mesina (Sicilia) 1774

Mesina 1743/63

Acomodado burgués de Mesina, era el marido de Vincenza Martello, tía-abuela de Giuseppe Balsamo. 

Cagliostro de la Noara era fiel agente y hombre de confianza del príncipe de Villafranca.

Los Balsamo, orgullosos de su relación con este para ellos importante miembro de la familia, eligieron a su esposa Vincenza como madrina del niño.  Más adelante, Giuseppe adoptaría el apellido de su pariente, con el añadido de un título nobiliario, como el último y definitivo de sus numerosos aliases, haciéndolo pasar a la posteridad.



Fuentes:      Photiadès; Gervaso; Dalbian; Jules de Saint-Félix.
Investigar:  Familia y apellido Cagliostro.  Príncipe de Villafranca.




















BRACCONIERI, Giuseppe

....-1754

Siciliano, suegro de Pietro Balsamo y abuelo materno de Giuseppe.

Palermo 1743/54

Tenía fama de ser una excelente persona.  Al morir su yerno, recogió a la viuda y a sus dos huérfanos.  Sentía gran afecto por su nieto, a quien trató de educar para que pudiera más tarde mantener a su madre y a su hermana.  Tenía dos hijos, Matteo y Antonio o Antonino.

A su fallecimiento en 1754, cuando el nieto tenía unos once años de edad, éste paso bajo la tutela de sus tíos (Matteo, empleado de Correos, y Antonio, tenedor de libros en la firma Gian-Francesco Aubert et Cie.)



Fuentes:  Photiadès.


























BRACCONIERI, Matteo



Palermo 1743/56


Era empleado de Correos en Palermo en la época del nacimiento de su sobrino.  Posteriormente se habría establecido en Mesina como negociante.

Muerto el padre de Giuseppe el mismo año del nacimiento de este último, la madre debió refugiarse en casa de su padre y hermanos.

Parece ser que Matteo, al contrario que su hermano Antonio, se mostró siempre bastante indulgente con su sobrino.  Este, que siempre le recordó con cariño, durante su última estancia en Nápoles (1783) le escribió  contándole sus peregrinaciones bajo el nombre de Conde de Cagliostro, según carta de su hermano Antonio Bracconieri incluida en un anónimo enviado desde Palermo al comisario Fontaine en 1786.





Fuentes:  Petraccone; Photiadès; Dalbian.






















BRACCONIERI, Antonio o Antonino  (I)



Palermitano, tío materno de Giuseppe Balsamo.

Palermo 1743/56
Nápoles 1775

Palermo 1743/56

Trabajaba como contable del negociante Gian-Franesco Aubert.

Al fallecer el padre de Giuseppe, su abuelo y los tíos maternos se ocuparon del niño y de sus estudios, acogiendo igualmente a la madre y a la hermana.  Antonio, al contrario que su hermano Matteo, siempre se mostró sumamente severo con el niño.

... lo tomaron a su cargo los tios maternos, procurando instruirlo en la ciencia de la Religión, y de las letras.  Mas el se mostró desde los primeros momentos ageno de lo uno y de lo otro ... Por ello, los tíos, como mejor solución, decidieron, de acuerdo con la madre, dedicar el niño a la Iglesia, inscribiéndole en el Seminario de San Roque, en Palermo, a la edad de 13 años.

Giuseppe, sin embargo, no tenía la menor intención de seguir el camino de la Iglesia, y pronto abandonó sus estudios.  Ingresado, muy contra su voluntad, en un convento de Caltagirona, se escapa del mismo y regresa con sus tíos, cometiendo, según el Compendio muchos y varios ... géneros de excesos ... entre ellos el de robar à un su tío que lo tenía en su casa, mucho dinero y alguna ropa.  Muy probablemente, el tío en cuestión fuera precisamente Antonio, que nunca demostró simpatía alguna por su joven sobrino.



Fuentes:      Compendio; Petraccone; Photiadès; Gervaso; Dalbian.
Investigar:  Goethe, ver si Antonio fue robado por su sobrino.











AUBERT, Jean-François



Negociante de Palermo, francés de nacionalidad.

Palermo 1743/56

Era titular de la firma  Aubert et Cie, y patrón de Antonio Bracconieri.




Fuentes:  Dalbian, etc.                                                                        
































PARIENTA



Indeterminada parienta de la madre de Giuseppe.

Termini (Sicilia) 1743/46

Según la autora francesa Denyse Dalbian, al quedarse viuda con dos hijos, Giovanna Giuseppina Maria y el pequeño Giuseppe, la madre acepta la oferta de una parienta, casada con un boticario de Termini, que durante dos o tres años se llevó el niño a su casa.

Dalbian cree que estos inicios pueden no ser ajenos a la futura vocación médica de Giuseppe.  Todo es posible, aunque a tan temprana edad es difícil que le quedaran recuerdos de esa clase.  En todo caso, lo cierto es que no aparece mención alguna de esta persona ni de su marido boticario en el Compendio, tan escrupuloso en detallar los orígenes de nuestro héroe.



Fuentes:      Dalbian.
Investigar:  Otros autores.  Datos sobre Termini























BOTICARIO



Siciliano y presunto marido de una no menos presunta parienta de la madre de Giuseppe Balsamo.

Termini (Sicilia) 1743/46?

Al morir el padre, el matrimonio habría acogido en su casa al niño durante dos o tres años.

Versión ésta no recogida más que por Dalbian, y no excesivamente fiable, aunque generalmente las fuentes de esta autora son de los más autorizado.  Por otra parte, esta versión no es totalmente incompatible con la posibilidad de que el niño Balsamo fuera acogido por sus tíos dos o tres años después de su nacimiento.  Ello no obstante, el Compendio no menciona para nada a este boticario, ni tampoco lo hacen los demás biógrafos.



Fuentes:     Dalbian.
























DON PANDOLFO



Religioso italiano, Prefetto del Seminario de San Rocco

Palermo 1756

Colocado por sus tíos en el  Seminario de San Rocco, Giuseppe debió de crear no pocos problemas a Don Pandolfo, pues se escapó varias veces de tan pía institución.

El nombre del Prefetto lo encontramos en una obra apócrifa publicada en 1795 (Testamento di Cagliostro morto últimamente di Apoplessia nella Fortezza di S. Leo).



Fuentes:     Compendio; Il Testamento di Cagliostro.
Investigar:  Datos sobre el Seminario.




























GAUDENZIO DA CARTAGIRONE,  Frate



Religioso italiano, Padre General de los Hermanos de la Caridad.

Caltagirona (Sicilia) 1756/58?

Como los tíos que lo habían recogido no lograban hacer carrera del inquieto adolescente, que se negaba en absoluto a seguir la carrera del sacerdocio, decidieron enviarlo al convento de los Hermanos de la Caridad de la vecina Caltagirona.  Se trataba del convento de San Benedetto, situado en los alrededores de dicha población.

El nombre de este religioso aparece en el apócrifo Testamento di Cagliostro.

Compendio:  ... porque muchas veces se huyó del Seminario de San Roque e Palermo donde lo habían colocado de edad de 13 años, fue entregado al Padre general de los Buenos Hermanos, quien lo llevó consigo al Convento de Caltagirona de aquella Religión.  Vistió alli el Abito de Novicio, y puesto al cuidado del Boticario pudo aprender, como el dice, los principios de la Chîmica y de la Medicina:  poco tiempo paró en aquel lugar.  Continuando en dar señales de su depravada indole, se vieron obligados los Religiosos muchas veces á castigarlo por sus travesuras:  Se sabe entre otras cosas, que teniendo el cargo de leer á la mesa, como es uso en todas las Comunidades Religiosas, leía no lo que estaba escrito en el libro, sino lo que le dictaba su fantasía; y especialmente ha confesado, que al expresar los nombres de las Santas en el Martirologio, substituia en lugar de aquellas los nombres de las más famosas Meretrices.  No queriendo sufrir las mortificaciones y penitencias que se le aplicaban, abandonó el Convento y se volvió á Palermo.




Fuentes:  Compendio; Petraccone; Photiadès; Saint-Félix ; Il Testamento di Cagliostro.
Investigar :  Copiar de Il Testamento ; Datos sobre el Convento y la localidad.












MAFFEI, hermano

....-1758?

Fraile italiano (¿siciliano?)

Caltagirona 1757/58?

Speziale, es decir, hermano boticario del convento de Caltagirona, fue el primer maestro del joven Balsamo en el arte de la medicina y de lo que entonces llamaban la Química.  Religioso con ribetes de alquimista, fue él posiblemente quien introdujo al joven palermitano en los primeros arcanos del Arte Real.

Cuenta el biógrafo español José Velázquez y Sánchez, que a la muerte del hermano Maffei, el Superior de la Comunidad tomó a pecho la profesión del novicio-practicante, sacándole de la botica para someterlo a todos los rigores de la Regla.

Es éste el único autor que da un nombre a este personaje, posiblemente citando de la obra – muy novelada – Aventures de Cagliostro, del francés Jules de Saint-Félix.



Fuentes:      Compendio; Velázquez.
Investigar:  Jules de Saint-Félix.






















PINTOR



Pintor italiano, probablemente siciliano, cuya identidad se desconoce.

Palermo 1758/59 ?

El joven novicio, harto de penitencias y mortificaciones, se escapa del convento de Caltagirona y entra en el taller de un pintor para aprender el oficio.

Cabría la posibilidad, y convendría investigarla, de que se tratara de Vito D’Anna (1720-1769) notable pintor palermitano, que tenía una excelente escuela en la capital sícula.

Por algun tiempo – dice el Compendio – se aplicó al dibujo, pero no vino a mejores costumbres, porque fueron muchos y varios los generos de excesos á los que se abandonó.  Y prosigue:  Entregado al uso de las armas, y a la compañía de la juventud más estragada del pais, no habia pendencia en la que no tomase parte, y ponía todo su empeño en resistir á los ministros [alguaciles] para libertar por fuerza á llevar á los reos á la carcel ...

También – y aquí entran en juego las incipientes dotes artísticas del joven Balsamo -  fue acusado de haber falsificado algunos billetes de Teatro ...




Fuentes:     Compendio;  Herrero.
Investigar:  Vito D’Anna, otros pintores de Palermo en aquella época.
















MAURIGI, ¿Ruggero? marqués



Marqués siciliano en cuyo favor el joven Balsamo falsificó un testamento en Palermo, relativo a unos terrenos reclamados por una obra pía.

Palermo 1759/60

Compendio:  Introduciéndose con un Escribano su pariente, tuvo forma de falsificar un Testamento á favor de un tal Marqués Mauricio [Maurigi, en el original italiano], de lo que resultó grave daño á una obra pía;  la falsedad se vino á descubrir después de algunos años, y en  tiempo en que él estaba ausente de Palermo, se formó proceso por el qual se manifestó su crimen.

Cuenta el biógrafo italiano Roberto Gervaso, que Balsamo, con la complicidad de un sacerdote llamado Don Atanasio, que entendía de prácticas notariales, confeccionó un testamento apócrifo, y lo entregó al marqués, quien lo recompensó con una buena suma de dinero.

Para otro autor (Avventure di Cagliostro, sin autor ni fecha pero siglo XIX, probablemente traducción más o menos fidedigna de la obra del francés Jules de Saint-
Félix), el marqués era persona de costumbres disolutas, por no decir disolutísimas, que aspiraba a una herencia que debía recaer en una comunidad religiosa;  para obtener sus fines, se dirigió a Balsamo, que era pariente de un  notario.  El joven comenzó a frecuentar el estudio de éste su pariente, y encontró el modo de falsificar un testamento a favor del marqués, quien por este medio hizo valer sus derechos a la herencia, despojando de tal modo a la comunidad religiosa de gran parte de la fortuna involucrada.  Cuando años más tarde se descubrió la falsificación, tanto Giuseppe como el marqués (siempre según la obra en cuestión) se encontraban desde hacía bastante tiempo en el extranjero.

Un biógrafo inglés, Michael Harrison, proporciona una versión completamente opuesta a la del Compendio, más desgraciadamente no precisa sus fuentes.  Según el británico, el superior de una importantísima comunidad religiosa creía haber sido defraudado en un testamento.  En efecto, una persona adinerada de profundas convicciones religiosas le había prometido un sustancioso legado, pero a su muerte se descubrió que sus buenas intenciones no se habían materializado a causa de una hipoteca que existía sobre la propiedad en cuestión.  Consecuentemente, el legado que se pretendía dejar a la comunidad fue a parar a manos de un cierto marqués de Maurigi.  El buen superior requirió los servicios de Balsamo, hábil falsificador, para confeccionar los documentos necesarios para torcer el cariz del asunto.  Sin duda – siempre según el probablemente protestante Harrison – el religioso aquietó su conciencia con la reflexión de que el dinero, aunque indebidamente vuelto al servicio de Nuestro Señor, sería empleado en obras mucho más santas que las necesidades mundanas del marqués.  Podemos estar seguros de que al joven Balsamo sólo le preocupaba su bien ganada remuneración.  La falsificación fue un éxito – uno de los primeros en la carrera del palermitano –  y se realizó de forma tan perfecta que hasta siete años después no se descubrió el fraude.

Harrison es, que sepamos, el único autor que presenta esta versión de los hechos.  Si hemos de creerle, probablemente la falsificación debió de descubrirse hacia el año de 1770, cuando Balsamo se encontraba en España.  Sería interesante investigar en los archivos palermitanos la verdadera naturaleza del caso, caso que, de corresponder a la versión del biógrafo inglés, constituiría una demostración más de la mala fe del autor del Compendio.  Personalmente, sin embargo, no estamos demasiados convencidos de la versión de Harrison.  En efecto, no es probable que monseñor Barberi, abandonando su habitual discreción, llegara a acusar abiertamente al marqués Maurigi, seguramente bastante conocido en Palermo, si el aristócrata siciliano hubiera sido la víctima, y no el beneficiado, de la susodicha falsificación.  Significativamente, éste es uno de los pocos casos en que el “comprensivo” redactor del Compendio revela el nombre de un notable implicado en las andanzas cagliostranas.  Según parece, aunque nada hay que lo demuestre, el marqués no estaba al corriente – al menos así debió de manifestarlo en su descargo cuando se descubrió el asunto  - de los manejos del atrevido Giuseppe, quien le habría convencido de su derecho a la herencia, pretendiendo una adecuada recompensa.  En todo caso, el marqués fue puesto en la “picota compendiana”, si se nos permite la expresión ¡como justo castigo a su perversidad!

“Navegando”  - con perdón - por Internet, último y vergonzante, cuando no vergonzoso recurso de investigadores apoltronados (que en tiempos pre-informáticos sólo “navegaban” por el Espasa), encontramos una referencia a la familia Maurigi como perteneciente a las “Familias Nobles de Sicilia”, que extractamos:  “Coi titoli di Marquese o Conte e qual discendente da Giovanni (1726) e di Barone di Giubbino per successione materna (Blundo), fu iscritto Ruggero, di Giovanni, di Ruggero. Figli: Giovanni e Carlo.”  Se supone que la familia Maurigi es de origen germánico, establecida en Sicilia desde el siglo XIII.

A título de curiosidad, y como parte de nuestras investigaciones, hemos encontrado en el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid, un interesante documento (Protocolo 20.688:  Pág. 398, 26 de diciembre de 1769) que extractamos a continuación:  Poder [notarial] del Sr. Dn Jerónimo Mariano Bonanno y Filigeri, residente en esta Corte de Madrid en la Casa y Sequito de su Hermano el Exmo. Sr. Príncipe de la Católica, Embajador de S.M. el  Rey de las Dos Sicilias cerca de Su Majestad Católica, natural de la Ciudad de Palermo, en el citado Reyno.  Entre los testigos que firman dicho Poder aparece un Juan Domingo [i.e. Giovanni Domenico] Maurigi, Guardia de Corps de S.M. en la Real Compañía Italiana. (Los documentos notariales de la  época suelen españolizar los nombres de pila extranjeros, sobre todo los italianos). Como es sabido, Carlos III de España, que anteriormente fue Rey de las Dos Sicilias, tenía un gran número de italianos – civiles y militares – a su servicio. Muy probablemente se trata del hijo primogénito de nuestro marqués.  En este contexto, cabe señalar la coincidencia de la estancia de Giuseppe Balsamo en Madrid en la fecha arriba indicada, como se verá más adelante.







Fuentes:    Compendio;  Gervaso; ¿Saint-Félix?; Harrison;   www.castellammareonline; Herrero.
Investigar:   Archivos de Palermo, protocolos notariales, procesuales, etc. Títulos nobiliarios sicilianos en el siglo XVIII.





































ATANASIO, Don


Religioso, probablemente siciliano.

Palermo 1759/60

Sacerdote que, teniendo cierta práctica en redactar actas notariales, habría ayudado a Balsamo en la falsificación del testamento a favor del marqués Maurigi.

Roberto Gervaso añade interesantes detalles a este respecto.  Relata que, salido del convento, Giuseppe urdió una estafa contra una obra pía que reclamaba la posesión de ciertos terrenos también reivindicados por un tal marqués Maurigi, en virtud de un testamento que se había perdido.  De acuerdo con Don  Atanasio, Balsamo confeccionó hábilmente un testamento apócrifo, alegando unos argumentos jurídicos tan bien hilvanados que incluso convenció al marqués de lo sacrosanto de sus derechos.  El engaño sólo se descubrió años más tarde, y dio lugar a un proceso cuando Balsamo ya se encontraba al seguro fuera de su Sicilia natal.

La discrepancia entre la versión del Compendio (“un Escribano su pariente”) y la del “Don Atanasio”de Gervaso acerca de la personalidad del cómplice de Giuseppe pudiera deberse a que en la primera se prefirió no hacer mención de la condición sacerdotal del interesado.  Ya hemos visto que, según Harrison, la falsificación en cuestión se hizo “a favor” y no “en contra” de la obra pía, versión ésta poco probable a nuestro entender, pero que, por otra parte, justificaría mayormente la participación de un sacerdote.

Sería interesante descubrir tanto la fecha exacta de la confección del testamento como la del proceso a que diera lugar años más tarde.  En cuanto a la primera, puede situarse después de 1758 y antes (probablemente hacia 1760) de 1763, año en que Giuseppe abandona la Isla.  La segunda, es decir, la del proceso, debe de ser posterior al breve viaje de Balsamo a Palermo en 1774, donde sólo es detenido por denuncia del platero Marano, y no por la falsificación.



Fuentes:      Gervaso;  Compendio.
Investigar:   Actas del proceso.









RELIGIOSO



Religioso italiano.

Palermo circa 1760 ?

Compendio:  ... se dice asimismo que habiéndole pedido un Religioso le facilitase la licencia de su superior para ausentarse de su Convento, él la falsificó, estafándole por esto alguna suma de dinero ...

Según parece, el joven Balsamo había alcanzado una precoz fama como falsificador.




Fuentes:     Compendio.
Investigar:  Nombre del religioso en documentos Biblioteca de Roma.



























AGLIATA, Giuseppe, marqués



Noble siciliano, marqués y caballero de Malta.

Palermo, circa 1760

No parece tener nada que ver con un sediciente “marqués Agliata”, estafador y falsario, a quien Giuseppe Balsamo encontraría años más tarde en Roma, en la época de su matrimonio.

El redactor del Compendio del proceso de Roma hace referencia a su persona con la habitual discreción empleada en salvaguardar los nombres de personajes importantes.  En efecto, el buen Monsignore cubre y protege con tupido y cuidadoso velo, actitud por otra parte bastante comprensible desde un punto de vista político, no solamente en este pasaje sino a lo largo de todo el Compendio, con alguna significativa excepción, la identidad de nobles, prelados, y aún testas coronadas, involucrados de una u otra forma en la agitada biografía cagliostrana.  Así, advierte que ... la justicia, la caridad y la prudencia piden que por honor se supriman los nombres de la personas, la indicación de los lugares, ò las épocas de los tiempos ..., loable regla aplicada por el autor para ocultar, bajo la etiqueta de un Noble Viajero, un Personage qualificado, una Persona Prepotente de aquel Gobierno, un Rico Príncipe, etc., etc., etc., a personas del más elevado rango, y donde una Madre, por citar un solo ejemplo, hace referencia nada menos que a María Antonieta, Reina de Francia.

Tan prudente y caritativa actitud, que no siempre se hizo extensiva a personajes de menor cuantía ni a algunos notables no muy bien vistos del Gobierno Pontificio, no ha facilitado ciertamente la  labor de los investigadores, que han tenido que quemarse las pestañas buscando y rebuscando en los archivos y documentos  de la época, sin poder acceder a los conservados en el Vaticano, cubiertos por el Secreto de Estado desde hace más de dos siglos.

Por lo que respecta a don Giuseppe, marqués de Agliata, el Compendio nos dice lo siguiente:  ... cortejando un Personage à una  su prima, él [Balsamo] les llevaba recíprocamente los papeles de correspondencia, y prevaliéndose de esta oportunidad daba á entender al amante que la joven deseaba ya dinero, ya un relox, ya otras cosas; las quales puntualmente recibia y furtivamente se las apropiaba ...

Teniendo en cuenta la especial relación que posteriormente, y a lo largo de toda su carrera, tuvo el futuro Conde de Cagliostro con la Orden de los Caballeros, cabe destacar la calidad de miembro de la Orden de este marqués Agliata.

Algunos autores, que consideran a Cagliostro ideador de la clamorosa estafa del Collar de la Reina María Antonieta, se basan precisamente en este otro engaño, pecado de juventud cometido por el palermitano muchos años antes, y que sin lugar a dudas se parece mucho (si no por el valor de la joya, sí por el método) a la intriga de París, como se tendrá ocasión de comprobar en el momento oportuno.




Fuentes:       Compendio;  Petraccone?; D’Amato.
Investigar:   ¿No tendría algo que ver el “marqués Agliata” de Roma – también siciliano – con este otro Agliata?  Más datos sobre esta familia siciliana.





































SAVIGNANO, baronesa de


  
Noble dama joven, prima del marqués Giuseppe Agliata.

Palermo circa 1760 ?

Los documentos secretos del sumario del proceso de Roma incluyen diversos informes sobre los engaños del joven Giuseppe Balsamo al enamorado marqués.  Dichos informes fueron suministrados muchos años después por el cónsul Pontificio de Palermo, que recogió toda la información posible acerca de las andanzas y “hazañas” del  siciliano en su ciudad natal.

“Fogli del Console Pontifizio di Palermo: ...  Se añade en estos informes, siempre ex audito aliens, que [Balsamo] engañó al Sr. Marqués Giuseppe Agliata, Caballero de Malta, con la promesa de hacerle gozar los favores de la Sra. Baronesa de Savignano, con cuyos fines fingía embajadas de la misma al Caballero, una de las cuales era que la Señora desease el préstamo del Reloj del Caballero, y que habiendo éste entregado dicho reloj [Balsamo] lo pignorase inmediatamente por Onzas ... y que por esta estafa fue nuevamente encarcelado ...”

Los extractos disponibles de tales informes dan la impresión de que el Cónsul Pontificio se limitó a recoger noticias basadas principalmente en informaciones “de oídas”, sin comprobarlas debidamente.  Por ejemplo, no le hubiera sido difícil conseguir datos fehacientes sobre los procesos y eventuales encarcelamientos del joven palermitano, con fechas y demás detalles.




Fuentes:  Compendio;  D’Amato.
Investigar:  Datos sobre familia Savignano, crónicas palermitanas de la época.














TENIENTE DE CURA

   

Religioso italiano, vicepárroco de Bagaría o Bageria, provincia de Palermo.

Bagheria (Palermo) 1760/63 ?

Una carta de noticias  remitida de dicha Ciudad [Palermo] en tiempo de su actual residencia, no dexó de dar luces para sospechar que este hombre [Balsamo] se egercitó tambien en el Sortilegio.  Dos son los hechos que dan fundamento á creerlo:  el primero es, que con el pretexto de aplicar un oportuno remedio á una su hermana obsesa, pidió y le hizo dar á un Teniente de Cura  de un lugar llamado Bagaria, una porción de algodón empapado en el Oleo Santo, siendo falso que él tubiese tal hermana obsesa:  el segundo ....           

Ya en su temprana juventud, Balsamo muestra un intenso interés por el ocultismo, y comienza a dar pruebas de poseer, todavía latentes, fuertes poderes psíquicos de orden paranormal.  Así, da inicio a sus primeros ensayos en el campo de la magia y los sortilegios, alternándolos con sus juveniles “hazañas” picarescas.  Efectivamente, en las actas del proceso de Roma se hace referencia para este primer período a casos de adivinación por la arena, y también mediante espejos, en los que el aprendiz de mago hacía aparecer la imagen de una persona, adivinando lo que estaba haciendo en ese preciso momento.  También se le acusa en esa época de haber obtenido con engaños del buen vicepárroco de Bagheria un pedazo de algodón empapado en óleo santo, con el pretexto de aplicar un remedio a una inexisten “hermana obsesa”.




Fuentes:      Compendio.
Investigar:  Localidad (Espasa, Internet).















DAMA



Dama siciliana.

Palermo 1760/63

Desconocida señora cuya imagen evocó el joven Balsamo en uno de sus primeros ensayos en el terreno de la magia.

Ya hemos visto cómo el Compendio acusa a Giuseppe Balsamo de haberse ejercitado en prácticas de magia y Sortilegio durante su juventud en Palermo.  Un primer ejemplo se refiere al empleo de Oleo Santo para curar a una hipotética hermana obsesa.  ... el segundo [siempre según monseñor Barberi] consiste en la aparición de una Dama;  se supone que hallándose un dia en compañía de diversos amigos suyos le manifestaron estos el deseo de saber la actitud y operación en que estuviese ocupada en aquel momento la tal Señora;  el Balsamo quiso prontamente contentarlos:  señaló en la tierra un quadro, pasó sobre el las manos y al instante apareció alli delineada la figura de la Dama, que estaba jugando en una mesa á los tres sietes con tres amigos suyos;  se pasó al instante al palacio de la Señora y se halló con efecto en  aquel acto y operación con los mismos individuales sujetos.  De todo el resto que se referirá de la vida de aqueste hombre, podra cada uno comprender, que fé, y que consequencias podran prestarse á tales hechos.

El autor francés  Constantin Photiadès describe gráficamente la escena.  Balsamo, ante el escepticismo de sus amigos, se ofrece a evocar la imagen de una dama de todos conocida ...  Arrodillado sobre el suelo, con un trozo de carbón en  la mano, traza un pentáculo o estrella de cinco puntas.  A continuación se alza, gesticulando enérgicamente, pronunciando palabras desconocidas, extrañas, misteriosas ...  Ante los atónitos ojos de los presentes, sobre la arena aparece primero como una neblina, luego una sombra, y finalmente se muestra la imagen, claramente visible ...  La Dama, sentada en un salón de su palacio, juega al tres siete con sus amigos ... Desaparecida la visión, el grupo se encamina a la mansión de la señora, situada en las proximidades, y la encuentran tal y como la habían visto en la evocación realizada por el joven mago ...

¿Quién era esta señora?  Se trata sin duda de una noble dama, lo que indicaría que los amigos de Giuseppe eran de elevado nivel social.



Fuentes:     Compendio;  Photiadès.
Investigar:  Técnicas de adivinación por la arena.                 



MARANO, don Vincenzo  (I)    



Platero palermitano, estafado y burlado por el joven Giuseppe Balsamo.

Palermo 1763
Palermo 1774

Palermo 1763   

Sufrió [Balsamo] por lo dicho varios arrestos y encarcelaciones, de los quales salió libre, ó por falta de pruebas ó por la naturaleza de los delitos, ó por las circunstancias de sus parientes:  últimamente,  se vió precisado á huirse de la patria.  Lo que dio causa á esto fue, otro fraude de sesenta ó mas onzas de oro que le pilló á un tal Mazano [Marano, en el original italiano] de profesión Platero:  hizo creer á este que en una cueva del campo habia un gran tesoro, y que él podria hacerlo descubrir y poseer:  con tal pretexto le arrebató de las manos la dicha cantidad, y después de varias supersticiosas operaciones hechas sobre el dicho lugar, terminó el caso, en que el dicho Mazano fue lindamente apaleado por algunos que aparecieron en forma de Diablos;  pero en substancia eran amigos del Balsamo, que de acuerdo con él, y oportunamente vestidos habian para ello tomado tal figura.  El Mazano irritado en extremo no se contentó con denunciarlo á la justicia, que se propuso vengarse y matarlo:  por lo que tomó el partido de ausentarse de Palermo.

Puede sorprender, en principio, la ingenuidad del platero Marano, pero no conviene olvidar la secular tradición de los tesoros ocultos por “i Sarrazini” en la Isla de Sicilia, similar a, por ejemplo, la de nuestro Reino de Granada, también herencia de la dominación árabe.  Muchos palermitanos – observa la francesa Denyse Dalbian al referirse a este episodio específico – estaban persuadidos de la existencia de fabulosas riquezas escondidas bajo la fortaleza sarracena de Zisa y en las grutas del monte Pellegrino, en las proximidades de la capital siciliana.

Roberto Gervaso describe lo que (con comprensiva y un si es no es admirativa indulgencia, típicamente italiana) califica de “obra maestra” llevada a cabo por el joven delincuente, y lo hace con gran profusión de detalles, sacados de no sabemos dónde entre la abundante bibliografía que complementa su amena obra.  A este respecto, el autor italiano relata más o menos lo siguiente:  Giuseppe confió en gran secreto a Marano, personaje avaricioso a la par que ingenuo, creyente a pies juntillas en brujas, diablos y tesoros, que a pocos kilómetros de Palermo, en una caverna al pie del Monte Pellegrino, había un inmenso tesoro enterrado por los tales sarracenos muchos siglos antes:  millares y millares de monedas de oro, lingotes del preciado metal, rubíes, esmeraldas, diamantes y, a mayor abundamiento y lujo de detalles, también un enorme gallo todo de oro con dos espléndidas perlas como ojos.  El joven adujo no disponer de las sesenta onzas de oro necesarias para atraer a los diablos que custodiaban tan gran fortuna, pues sólo con la promesa de dicha suma acudirían los tales a la gruta, donde él se encargaría de neutralizarlos con los oportunos exorcismos.  Para llevar a buen término la operación eran también necesarios tres gallos negros, tres blancos y tres rojos, una cacerola nueva, un par de hachones de enebro, una azada y un azadón.  Con objeto de prepararse debidamente, el platero debía comer de vigilia durante una semana, así como efectuar frecuentes abluciones y pronunciar una serie de jaculatorias.   Tras estos preparativos, y provisto de los elementos arriba indicados, el candidato debía dirigirse en plena noche a la caverna, recitando avemarías y padrenuestros todo el tiempo, acompañados de frecuentes y regulares escupitajos.  Evidentemente, Giuseppe debió hacer uso de sus latentes poderes de sugestión e hipnotismo, que tan útiles le serían en el futuro con sujetos mucho más importantes que el desgraciado orfebre.

En la fecha acordada, Marano, debidamente equipado, se dirigió a la gruta.  Al caer de la medianoche, llegó Giuseppe, ataviado con un hábito sacerdotal.  Se acercó al Marano y le hizo beber un vaso de agua, recomendándole muy encarecidamente conservara un sorbo en la boca para evitar que el diablo pudiera introducirse en su cuerpo.  Luego le frotó la nariz con unos polvos malolientes para rechazar a los demonios y le taponó las orejas con cera virgen , con objeto de que no escuchase las lisonjas ni las amenazas de los susodichos demonios.  Acto seguido, trazó con un pico un círculo sobre el suelo, pronunciando a grandes voces apocalípticos conjuros, volviéndose sucesivamente a los cuatro puntos cardinales.  Acabados estos necesarios rituales, entregó a su víctima la azada y el azadón, ordenándole que comenzara a excavar.  Mientras el pobre hombre sudaba lo suyo por el esfuerzo, surgieron del fondo de la caverna cuatro presuntos “fantasmas” vestidos de negro y armados de sendos garrotes, que se abalanzaron sobre el platero y le propinaron una soberana paliza, dejándole no se sabe si más molido que aterrado.  Cuando pudo recobrarse, regresó, también como pudo, a su casa, donde, más muerto que vivo, se metió en la cama, prometiéndose no levantarse en mucho tiempo.  Con el descanso, sin embargo, le acometió la horrible sospecha de si le habían engañado, sospecha que se convirtió en certidumbre cuando se enteró de que Giuseppe no había sido raptado por los demonios, y de que en todo Palermo no se hablaba de otra cosa sino de la sangrienta burla de que había sido objeto.  Como aunque tonto no dejaba de ser un siciliano de pura cepa, juró matar al atrevido Balsamo, quien por ésta y otras razones, quizás también por la sospecha de haber tenido algo que ver con el asesinato de un canónigo, desapareció rápidamente de la circulación, dando así inicio a su interminable odisea viajera.

Según otro biógrafo italiano, Giuseppe D’Amato, Balsamo habría conocido a Marano en la cárcel de Palermo.  Allí le prometió, a cambio del dinero que le había sacado en la prisión, darle a conocer el secreto del famoso tesoro.  D’Amato, sin embargo, que cita prácticamente todas sus fuentes de información, no hace mención de ésta.




Fuentes:      Compendio; Gervaso, Petraccone; D’Amato.
Investigar:   Situación grutas Monte Pellegrino. Investigar archivos policiales de Palermo.                                                                             
SACERDOTE  (I)



Joven sacerdote siciliano, amigo y cómplice de algunas de las “hazañas” juveniles de Giuseppe Balsamo.

Palermo 1763
Mesina; Pizzo (Catanzaro); Nápoles; Roma 1767/1768

Palermo 1763

Calificado más adelante por su mismo amigo – que debía conocer bien el paño - de “persona violenta y de mala condición”, representó el papel de uno de los Diablos que propinaron una soberana paliza al ingenuo platero Marano.




Fuentes:  Compendio.


























CANONIGO



Sacerdote italiano, probablemente siciliano.

Palermo 1763?

El Compendio presenta con una cierta fruición un catálogo o relación de las “maldades” y desafueros cometidos por el joven Balsamo antes de abandonar su ciudad natal, tales como:  resistencia á los ministros [alguaciles, corchetes] para libertar por fuerza á llevar los reos á la carcel ..., falsificación de algunos villetes de Teatro ...  robo a un su tío (¿Antonio?) de mucho dinero y alguna ropa ...  apropiación con engaños de dinero y un reloj a un Personage (el marqués Agliata) ...  falsificación de un testamento (caso Maurigi), la estafa al platero Marano y, acusación mucho más grave y no probada ... también se le atribuyó el asesinato de un Canonigo.

Un autor (Jules de Saint-Félix, creemos) habla de “un rico canónigo”.

Este hipotético Canonigo debe figurar por derecho propio en esta relación de los personajes cagliostranos, siquiera sea para demostración de la mala fe del redactor del Compendio,  obra plagada de calumnias, medias verdades y cantidad de rumores y fantasías debidas a la imaginación de los muchos enemigos de Cagliostro.  Se sabe en efecto, que el Santo Oficio romano solicitó a Palermo toda clase de información sobre la infancia y adolescencia de Giuseppe Balsamo, y si hubiera habido tal “asesinato”, es evidente que no hubieran dejado de acusar abierta y claramente del hecho al imputado Cagliostro.

Por otra  parte, si el palermitano hubiera cometido un delito tan grave, no habría regresado, como lo hizo en 1774, a su ciudad natal, con riesgo de acabar en la horca.




Fuentes:     Compendio;  Jules de Saint-Félix.
Investigar:  Archivos y crónicas locales.










CAGLIOSTRO DE LA NOARA, Giuseppe  (II)



Burgués siciliano.


Mesina (Sicilia) 1743
Mesina (Sicilia)  1764

Mesina 1764

Marido de Vincenza Martello, tía-abuela de Giuseppe.

Hacia 1763/64, a los veinte años de edad, el joven Balsamo, huyendo al parecer de la justicia, marcha a Mesina con el pretexto, dice un autor, de recoger un legado que le habría dejado Giuseppe Cagliostro.  Según otra versión, quien habría fallecido por esa época, no era el agente del príncipe de Villafranca, sino su esposa Vincenza, afirmándose que el Balsamo le visitó años más tarde.




Fuentes:     Photiadès; Gervaso; Dalbian; Saint-Félix.
Investigar:  Familia Cagliostro; príncipe de Villafranca.





















MARTELLO, Vincenza  (II)



Señora siciliana, tía-abuela de Giuseppe Balsamo.

Mesina 1743
Mesina 1764

Mesina 1764

Hacia 1763/64, a los veinte años de edad, el joven Giuseppe Balsamo, huyendo al parecer de la justicia, marcha a Mesina con el pretexto, dice un autor, de recoger un legado que le habría dejado Giuseppe Cagliostro, marido de su tía-abuela.  Parece, sin embargo, que quien había fallecido por esa época, no era el agente del príncipe de Villafranca, sino su esposa Vincenza.  Según la versión de Jules de Saint-Félix, la viuda vivía en Mesina, rica y opulenta, en la época en que el joven Balsamo decidió abandonar Palermo.  Sin embargo, al llegar a Mesina, la anciana habría fallecido quince o veinte días antes.  Otras versiones la dan por viva en 1774, cuando Balsamo regresó por breve tiempo a Sicilia.




Fuentes:     Photiadès; Velásquez; Gervaso.





















ALTHOTAS

....-1766

Misterioso mentor, de ignota nacionalidad, del joven Giuseppe Balsamo, quien le acompañó en sus legendarios viajes por el Mediterráneo oriental.

Mesina, Archipiélago griego, Alejandría, Rodas, Malta  1763-66
 
Sobre este personaje, nos dice el Compendio:  Huyó finalmente Bálsamo de Palermo, y giró á varias partes del mundo:  quien puede saber sus verdaderos hechos, (hasta que vino á Roma), faltandonos las noticias de sus pisadas   ....   se pasó a Mesina, alli tomó amistad con uno llamado Altotas, que no se sabe si era Griego ó Español, el qual hablaba diversas lenguas, tenía varios escritos Arabigos, y se preciaba de gran Chîmico.

El nombre Altotas, o Althotas, posiblemente imaginario, parece indicar un hombre de procedencia griega, más bien que española.  Algunos autores, sin precisar fuentes, añaden toda una serie de detalles acerca de esta extraño individuo y nos lo presentan como un hombre de edad avanzada, fuerte, de complexión robusta, versado en idiomas y dialectos de las cortes asiáticas y africanas, que ostentaba una lengua barba y vestía a la oriental. 

La etimología griega del apodo de este personaje (“médico”, “sanador”) induce a pensar que practicase también la medicina;  probablemente fue, después del hermano Maffei, el boticario del convento de Caltagirona, el segundo maestro de Cagliostro en este arte.

En su huída de Palermo, Giuseppe Balsamo se embarca en una tartana que zarpaba para Mesina.  No se sabe muy bien si allí esperaba acogerse a la protección de su madrina Vincenza Cagliostro, aunque según algún autor, ella habría muerto poco antes de la llegada de su ahijado, quince o veinte días antes.

Según el mismo autor, que no nombramos por anónimo, indeciso sobre qué rumbo dar a su vida, encuentra un día en el muelle a este pintoresco y exótico personaje, que destacaba por su excéntrico aspecto incluso entre la multicolor fauna que pululaba por el puerto siciliano.  Prosigue nuestro desconocido autor que el tal Althotas, a quien califica de Armenio, vivía en el barrio de la Catedral, en una placita que formaba un cuadrilátero, sombreada por umbrosos sicomoros y con una bella fuente en el centro.

Por esa especia de afinidad psico-química que provoca atracción entre dos personas que se encuentran casualmente, pero cuyos destinos están abocados a entrecruzarse, entablan conversación.  Inmediatamente, el Armenio, Griego, Español o lo que fuere, no perdió un momento en dar a su futuro discípulo una prueba de sus poderes. “En este momento – advirtió al atónito joven – un Piamontés vuestro vecino de habitación intenta robaros las treinta y siete onzas de oro que guardáis en vuestra maleta, cerrada en el armario, y cuya llave portáis en el bolsillo derecho.  Giuseppe corrió a la posada y, efectivamente, se encontró con el vecino que intentaba robarle.

No consta este sucedido en el Compendio, y aquí ya entramos en el terreno de la leyenda y la fantasía que a partir de ese momento acompañarían al palermitano durante toda su vida.

En Althotas, Balsamo encuentra a un maestro, maestro que le convence sin dificultad para acompañarle en los viajes que proyecta emprender.  Así, hacia el mes de mayo de 1766 toman pasaje en un barco genovés con destino al Mediterráneo oriental  ... se embarcan juntos, viajan por el Archipiélago y tomaron tierra en Alejandría de Egipto donde por cerca de cuarenta dias hizo el compañero muchas operaciones quîmicas, entre las quales fue la de formar de algodón y lino piezas como si fuesen de seda, con lo que ganaron mucho dinero.  De Alejandría pasaron á Rodas, y alli ganaron tambien dinero con otras operaciones chîmicas.

Parece ser que en Alejandría, Althotas montó una fábrica de telas de lino y algodón, imitando las manufacturas chinas y persas, mientras que en Rodas estableció un taller para la fabricación de espejos, superiores en calidad a los venecianos.  Más adelante, según algunas versiones, el Griego decidió viajar a Malta, con gran contento – suponemos – de su joven discípulo, quien soñaba con las glorias de la militaresca confesión.

Por aquella época, muchos gobiernos hacían todo lo posible para atraer a artesanos versados en producciones que pudieran sustituir costosas importaciones del extranjero, muy especialmente sedas y tejidos de la China, espejos de Venecia, porcelanas de Alemania, etc.  A estas actividades, sobre todo en el campo de los textiles, se dedicaron ocasionalmente aventureros como Casanova y el célebre conde de Saint-Germain, que alternaban estos sus trabajos industriales con incursiones en el Arte real, es decir, la Alquimia.

Muchas e importantes debieron ser las enseñanzas que el joven palermitano, ayudado por su innata y aguda inteligencia y por sus indudables dotes paranormales, hubo de recibir de su maestro y mentor, y que más adelante le sirvieron para cosechar clamorosos éxitos en el campo de la magia, el ocultismo y la medicina.

Althotas contó a su discípulo, pendiente de cada una de sus palabras, que había pasado su primera infancia en las costas de la Barbaria, cerca de Túnez, donde era esclavo de un rico y bondadoso armador musulmán, quien lo había comprado a unos piratas.  A los doce años hablaba árabe y leía el Corán.  A los dieciséis, murió su amo, y en su testamento le dio la libertad, junto con una suma equivalente a seis mil libras tornesas.  Fue entonces cuando decidió viajar por el mundo y abandonar la Regencia de Túnez.

Pretendía ser mucho más viejo de lo que parecía (y lo era bastante, sobre todo para la época), ejemplo que su discípulo no vacilaría en seguir años más tarde, como medio de aumentar su prestigio ante sus adeptos.  Afirmaba conocer – y sin duda conocía -  ciertos secretos para conservar el vigor y la salud, además de otros, ya más problemáticos, para producir el oro y aumentar el volumen de las piedras preciosas, y hablaba nada menos que diez o doce entre idiomas y dialectos.  Si el joven Giuseppe absorbió como una esponja las enseñanzas y secretos de su mentor por lo que respecta a la magia, la medicina y la alquimia, no cabe decir lo mismo de sus conocimientos lingüísticos, pues es bien sabido que durante toda su vida, Cagliostro, aunque llegó a chapurrear bastante francés, no hablaba sino una jeringonza de mal italiano, mezclado con siciliano y lingua franca mediterránea.

Se propusieron marchar de alli [Rodas] al Gran Cairo, pero por los vientos contrarios fueron conducidos á la Isla de Malta, en la qual Ciudad se establecieron, trabajando en el Laboratorio del Gran Maestre Pinto ...

....  Dejando entonces los Abitos Musulmanes, Altotas se manifestó ser Catolico, Sacerdote, y Caballero de Malta:  y en el mismo tiempo el joven Acharat fue declarado Conde Calliostro ...   Después de algun tiempo murio Altotas ...  dexando á su discipulo los mas utiles consejos.


Aquí, el redactor del Compendio se limita a recoger, con el natural escepticismo, la novelesca versión de la leyenda cagliostrana.  Mezcla de leyenda y hechos más o menos comprobados, la historia prosigue:

El portugués don Manoel Pinto de Fonseca, Gran Maestre de la Soberana Orden de Malta, fanático de la Alquimia, tenía un magnífico laboratorio en su residencia, laboratorio que puso a disposición de Althotas y su joven discípulo.  Althotas, al parecer, murió al poco tiempo a consecuencia de una explosión en el laboratorio.  Balsamo, probablemente muy impresionado por la pérdida de su Maestro, decide abandonar la Isla.

Más tarde, ya convertido en el famoso Conde de Cagliostro, el palermitano desarrollará toda una mítica leyenda en torno a su persona y misteriosos orígenes, leyenda en la que Althotas desempeñará un importante papel.  Leyenda condimentada con simbolismos iniciáticos de sabor rosacruciano, en la que probablemente terminará por creer él mismo.  Sostiene, pues, haberse criado en la ciudad de Medina, con el nombre de Acharat, ser hijo de padres desconocidos, pero naturalmente nobilísimos;  puesto al cuidado de su maestro Althotas bajo la guía del Gran Muftí Salami, al cumplir los doce años de edad, Althotas lo habría acompañado a la Meca, presentándole al Jerife, de quien también se daba a entender pudiera ser hijo, y que lo toma bajo su protección.  Tres años después se despide de éste, que lo saluda con el rostro bañado en lágrimas y, siempre en compañía de su preceptor, viaja a Egipto, cuyos sacerdotes le enseñan los antiguos y ocultos misterios de las Pirámides.  Finalmente, Althotas lo acompaña a Malta, donde el Gran Maestre de la Orden, otro candidato al puesto paterno, lo recibe con los brazos abiertos.  En Malta, Althotas se despoja de sus hábitos musulmanes y se manifiesta como católico, sacerdote y caballero de Malta, declarando al mismo tiempo al joven Acharat como Conde de Cagliostro.  El Griego fallece al poco tiempo, como ya se ha visto, más no sin antes dar a su pupilo los más útiles consejos, junto con la recomendación de librarse de ir jamás a Trebisonda.  Seguidamente, el flamante Conde abandona la Isla para emprender el camino trazado por el Cielo.

Aunque ningún biógrafo lo haya hecho, y son muchos los que han fantaseado sobre esta historia, ya de por sí más que fantástica,  tomándosela muy en serio e incluso algunos al pie de la letra, cabe destacar el curioso paralelismo entre los primeros pasos – legendarios – de la carrera del joven Acharat y la leyenda del mítico Christian Rosenkreutz, fundador según la conocida obra Fama Fraternitatis, carta abierta “a los sabios y a los corazones fieles (Cassel, Alemania, 1614) del misterioso movimiento de los Rosacruces.  En efecto, releyendo el famoso y anónimo (¿Johan Valentin Andrea?) memorial, vemos que el niño Rosenkreutz ...  nacido de padres humildes pero de noble origen, es enviado a un monasterio, donde estudia griego y latín y es iniciado en los rudimentos de la magia ...  Jovencísimo, viaja a Oriente (Tierra Santa) en compañía de un enigmático y misterioso Maestro, el Hermano P.A.L., que muere en Chipre.  El joven Christian prosigue sus peregrinaciones, aprendiendo los secretos de la naturaleza y de la ciencia oculta en Arabia y Egipto, recibiendo más tarde en Fez, ya iniciado en los grandes secretos del Universo, la revelación de la unidad universal entre el hombre, Dios, el cielo y la tierra.  Desembarca luego en España (Balsamo también lo hará en su momento);  allí tropieza con la incomprensión de los filósofos y doctores de la Iglesia.  Poco tiempo después regresa a su natal Alemania, donde crea, siempre según la simbólica leyenda, la “Fraternidad de los Rosa-Cruces”, grupo ideal de sabios, filósofos y benefactores encargados de la misión de recorrer el mundo, envueltos en el anonimato y en el misterio,  para curar a los enfermos sin pedir nada a cambio, estudiar los secretos de la naturaleza y reunirse periódicamente para compartir sus experiencias y trabajar para el desarrollo y progreso de la Humanidad.

No en vano escribirá Cagliostro en su momento “ ... Como el viento del Sur ... yo voy hacia el Norte, hacia la niebla y el frío, abandonando a mi paso una parte de mi mismo ser, consumiéndome, disminuyéndome en cada parada, pero siempre dejándoos un poco de luz, un poco de calor, hasta llegar finalmente al término de mi carrera.  Entonces, la rosa florecerá sobre la Cruz.  Yo soy Cagliostro.”

Finalmente, siempre sin abandonar el campo de lo legendario, cabría completar la “biografía” del misterioso Althotas con una breve referencia a este mismo personaje tal y como aparece reflejado en las páginas de la fantástica (en todos los sentidos de la palabra) obra de Alejandro Dumas “José Bálsamo – Las Memorias de un Médico”.

Estamos en 1770 y nos encontramos en París.  El médico José (Giuseppe) Bálsamo, Superior Desconocido de la Masonería Universal, ha sido encargado de organizar un tenebroso complot para cumplir la gran venganza histórica de los Templarios:  la destrucción del poder temporal de la Iglesia de Roma y el derrocamiento del trono de los Capeto, los dos grandes culpables de la persecución, martirio y desaparición de la Orden.  Alquimista y cultor de ciencias exotéricas, encuentra una útil colaboradora en su mujer, la joven y bellísima Feliciano, de quien respeta la virginidad como condición indispensable para mantener sus cualidades de médium y sibila.  Trabaja al mismo tiempo en la búsqueda de la Piedra Filosofal bajo la guía de su Maestro, el centenario mago Althotas, que trabaja frenéticamente para conseguir el elixir de juventud que le liberará de la muerte que se aproxima.  El mago necesita, como último ingrediente, la también última gota de sangre arterial de una virgen, y pide constantemente a Bálsamo, como médico, que se la proporcione.

Bálsamo, quizás un tanto cansado de sus constantes conspiraciones y sesiones de laboratorio, y enamorado de su mujer, busca finalmente el “reposo del guerrero” en sus amorosos brazos.  Poco después, el siniestro mago, en una secuencia del más clásico y tremebundo romanticismo de novela gótica, degüella a la inocente Feliciana, aprovechando su sueño, en una ausencia del marido.  Althotas, desesperado al  conocer la inutilidad de su horrendo crimen, muere ante los horrorizados ojos de su discípulo entre las llamas de sus pergaminos en el secreto laboratorio de la rue Saint-Claude.  El médico Bálsamo huye de Francia, para regresar diez años más tarde, esta vez ya como Conde de Cagliostro, para llevar a la práctica el Gran Designio que desembocará en el estallido de la Revolución francesa.

Finalmente, observaremos que algún autor ha querido reconocer en Althotas al mercader jutlandés Kolmer, mencionado por Barruel en sus “Mémoires pour servir a l’histoire du Jacobinisme” (Hamburgo, 1798).




Fuentes:  Compendio; Cagliostro; Jules de Saint-Felix; Dumas; Barruel; otros.






















PIAMONTÉS LADRÓN



Ciudadano piamontés del cual nada conocemos, aparte, si acaso, la afición por lo ajeno.

Mesina 1763/64

Vecino de habitación del joven Bálsamo, aprovechó la ausencia de éste para intentar robarle treinta y siete onzas de oro que guardaba en su maleta.  Giuseppe, advertido por Althotas, logró impedir el robo.




Fuentes:  Jules de Saint-Félix.






























KOLMER



Mercader y francmasón curlandés  (del Ducado de Curlandia, en la actual Letonia).

Egipto y Malta ¿1764/66?

Algún autor ha querido identificar en Althotas al mercader y masón curlandés Kolmer mencionado por el Abate Barruel en sus Mémoires relativas a la historia del Jacobinismo y al polémico complot masónico para provocar la Revolución francesa.  Según Barruel, Kolmer, que había vivido algunos años en Egipto, se puso a recorrer Europa haciendo prosélitos a los que pretendía comunicar los antiguos misterios de Memphis, iniciando esta labor en la Isla de Malta, de donde habría sido expulsado por las autoridades.  Escribe Barruel:  “On lui donne pour disciple, le fameux Comte ou charlatan Cagliostro, & quelques uns de ses adeptes distingués par leur Illuminisme, dans le comté d’Avignon & à Lyon.  On dit que dans ses courses vagabondes, il rencontre Weishaupt, & lui fit part de ses mystères … »

Carlo Gentile cita en este contexto a un fantasioso autor italiano, el sacerdote boloñés Bernardino Negroni (“Storia passata presente e futura della setta anticristiana e antisociale ora masonería” (Bolonia, 1796).  Según el boloñés, Althotas no era sino Kolmer, inspirado por Satanás:  “Satanás le inspiró para que se dirigiera a Egipto, para obtener en esa primera fuente, nuevo vigor, más fama, arte y ciencia.”.  Para este autor, los prodigios y milagros de Cagliostro eran reales, puesto que eran obra del Maligno:  “Los prodigios que realizaba parecen increíbles para quien desconoce la potencia de Satanás e ignora las profecías ...  Él comunicaba continuamente con los Espíritus, a quienes convocaba y le aparecían como Ángeles;  él aparecía de repente en las logias que lo invocaban, aunque estuvieran a mil millas de distancia, y confería el poder de realizar los mismos prodigios a quien le parecía ...”




Fuentes:     Dalbian; Barruel; Gentile; Negroni.
Investigar:  Embajada de Letonia.  Agregado cultural, etc.










PINTO DE FONSECA, don Manoel

1682-1773

Noble portugués, Gran Maestre de la Orden de Malta

Malta 1764/66

Sucedió en 1741 a Ramón Despuig Montealegre, de la Lengua de Aragón, senescal y bailío de Mallorca.

El portugués don Manoel Pinto de Fonseca, Gran Maestre de la ya un tanto anacrónica pero todavía poderosa potencia mediterránea que era entonces la Isla de Malta, establecida en dicha isla por concesión del Emperador Carlos V, era un fanático alquimista;  tomó bajo su protección al joven Bálsamo y a su mentor y maestro Althotas, si bien este último  no disfrutó por mucho tiempo de ella, muriendo en un accidente de laboratorio.  Muerto el misterioso Althotas, el inquieto Bálsamo se embarca rumbo a Nápoles en compañía de un influyente miembro de la Orden, el caballero Luigi d’Aquino.

Vicecanciller y Bailío de Gracia, Pinto de Fonseca fue muy afortunado en sus empresas y gobernó más despóticamente que sus predecesores.  En 1749 descubrió una peligrosa conspiración, preparada por un gran número de prisioneros turcos, con la complicidad de dos judíos, cuatro griegos y el capitán de la fragata Nazaret.  Los suplicios que hizo sufrir a los culpables impidieron la repetición de estos atentados.  Terminó sus días en 1773, a la edad de noventa y un años.  Le reemplazó el navarro Francisco Jiménez de Tejada, que sólo le sobrevivió dos años, pues falleció en 1775.

Cagliostro y la Orden de Malta

Ya desde los inicios de su accidentada carrera, la relación con la Orden de Malta de Giuseppe Balsamo – primero – y de Alejandro Conde de Cagliostro – después – parece ser una constante en la vida de este personaje único.  Esta relación constituye uno de los principales misterios de su vida.  Muy joven aún – ya lo hemos visto – con veintidós o veintitrés años, hace su primer viaje a La Valeta.  Lo hace, como sabemos, en compañía de un extraño individuo, alquimista y en cierto modo, para aquella época, químico industrial especializado en la imitación de la seda partiendo de tejidos bastos.  Este “maestro” o mentor del joven Balsamo le introduce al parecer en las más altas esferas de la Orden.

Es escasa la información que, por otra parte, nos proporciona monseñor Barberi, tan detallista en otras ocasiones, acerca de los vínculos de Cagliostro con los Caballeros;  se limita a informarnos, bastante lacónicamente, que desviados los viajeros en su ruta hacia El Cairo, los vientos contrarios los condujeron a Malta, donde se establecieron y trabajaron en el laboratorio alquímico del Gran Maestre.

Según el biógrafo Ribadeu-Dumas, Cagliostro habría afirmado ser recibido por primera vez por Pinto en el año 1766.  Alojado en Palacio, ocupó los apartamentos situados junto al laboratorio.

Balsamo no cuenta todavía con la bella compañera – único medio, sugiere malignamente el buen monseñor Barberi – que pocos años más tarde le granjeará en un principio la protección de muchos aristócratas, entre los que se contará, como veremos, algún español que otro.  Sin embargo, obtiene de alguna manera la protección de los Caballeros.

La muerte del maestro Althotas trunca al parecer su inicial carrera en el favor de la Orden.  Su humilde origen, escasa cultura y menos mundo, impedimentos de los que se irá redimiendo gradualmente, no le permiten aprovechar la ocasión, verdaderamente única, que se le ofrece en ese momento, y pronto abandona la isla para reanudar su vida de errante picaresca, primero en Nápoles (donde abandona la protección del caballero Luigi d’Aquino, de la ilustre casa de los príncipes de Caramanica)  y luego en Roma.

En sus viajes por el Mediterráneo oriental, al inicio de su carrera, Balsamo, poco satisfecho de sus verdaderos y humildes orígenes, va recogiendo elementos que posteriormente utilizará para crearse una propia leyenda sobre su infancia en la ciudad de Medina bajo el nombre de Acharat, su viaje a La Meca, sus estudios y peregrinaciones en Egipto y su viaje a Malta, donde el Gran Maestre, conocedor de su “verdadera” identidad lo recibirá con los brazos abiertos, etc.  Asimismo, y sin afirmarlo categóricamente, nunca desmintió los rumores, difundidos por sus admiradores en su época de gloria, sobre la existencia de pruebas fehacientes que demostraban que Cagliostro era, efectivamente, hijo de Pinto de Fonseca y de una misteriosa y no mejor identificada Princesa de Trebisonda, hija de un Jerife de La Meca, que habría sido hecha prisionera por las galeras de la Orden.  Rumores que – se afirmaba – habrían sido confirmadas por el embajador de Francia en la Isla, y que podían ofrecer ciertas apariencias de verisimilitud, dada la fama de mujeriego del Gran Maestre, que no debía por cierto cumplir con demasiado rigor el voto de castidad al que estaba ligado.  A su muerte, Pinto habría dejado a su supuesto hijo enormes riquezas.

Años más tarde, en su Memorial de defensa en el proceso del collar, Cagliostro, relatando a su manera la historia de su vida, rodeó su arribada a Malta de un  halo de misterio, y  afirmó haber sido dispensado de la cuarentena por merced especial del Gran Maestre, con el cual habría mantenido numerosos y frecuentes entrevistas:  “Todo me induce a creer, que el Gran Maestre Pinto estaba informado acerca de mis orígenes.  Varias veces me habló del Jerife y de Trebisonda, pero nunca se explicó claramente sobre el asunto.  Por otra parte, me trató siempre con la mayor distinción, ofreciéndome una rápida carrera en el caso de que me decidiese a pronunciar los votos de los Caballeros de Malta.  Sin embargo, mi afición por los viajes y el impulso que me llevaba a ejercer la medicina me llevaron a rechazar ofertas tan generosas como honrosas.”

Todas estas hipótesis han sido tomadas muy en serio por diversos historiadores, que incluso en nuestros días han investigado muy a fondo los archivos de la Orden, especialmente por lo que respecta a las presas marítimas efectuadas por las galeras maltesas durante el período más probable del comienzos de los supuestos amoríos del Gran Maestre con la hipotética Princesa de Trebisonda, sin que se haya encontrado prueba alguna en apoyo de esta teoría.

Sin lugar a dudas, hay mucho de fantasía, de “creación de imagen” y de publicidad personal, que se diría ahora, en estas aseveraciones de Cagliostro y de alguno de us apologistas;  también una buena parte, quizás, de medias verdades más o menos embellecidas por la desatada imaginación  del palermitano, un buen ejemplo de las cuales lo encontramos en el famoso Memorial de París.  En dicho opúsculo, publicado y distribuido en millares de ejemplares por todas las ciudades europeas, empezando naturalmente por París, Cagliostro declara con orgullo y sin temor a ser desmentido, haber tratado en La Valeta, además del Gran Maestre Pinto, ya fallecido,  a muchos otros Caballeros, entre los cuales incluye al a la sazón bailío de Rohan, Gran Maestre de la Orden en la época del proceso, Emmanuel-Marie de Rohan-Polduc, quien dirigió los destinos de la Isla desde 1775 hasta 1797.

Un año después del proceso de París, el gacetillero y libelista Thévenau de Morande, en plena campaña de descrédito contra la figura de Cagliostro, trataba frenéticamente de obtener, sin conseguirlo, que el gran Maestre o sus representantes desmintieran o rechazaran las alegaciones del palermitano, pese a que la Orden tenía representación diplomática en la mayoría de las capitales europeas.

Lo que sí parece probado y fuera de toda duda, es que en su primer viaje a la Isla de los Caballeros, Cagliostro trabajó en el laboratorio alquímico de Pinto.  Es sabido que el portugués era un fanático de la alquimia, y había invertido sumas astronómicas en un laboratorio que había hecho instalar en una torre frente al patio de su palacio.  La historiadora francesa Denyse Dalbian cita el diario de un contemporáneo que, con fecha 21 de febrero de 1754, escribía lo siguiente:  “Desde hace algunos meses un pretendido alquimista se encuentra alojado en el Palacio de Su Eminencia Serenísima.  Este hombre ha sido recibido por Su Eminencia, que le ha acordado toda su confianza, ofreciéndole hospitalidad en su palacio y encargándose de su mantenimiento.  Ocupa los apartamentos situados frente a la fuente construida por Su Eminencia en el patio del Palacio, y ha anunciado su intención de confeccionar un elixir destinado a conservar la salud, el vigor y la inteligencia.”  Así, pues, unos diez años más tarde, Balsamo habría sido igualmente recibido por el Gran Maestre, y alojado en los mismos apartamentos situados al lado del laboratorio.  Como observa Dalbian, lo que se produjo en 1754, pudo muy bien repetirse, en efecto, diez años más tarde.

Ni Balsamo primero, ni Cagliostro después, interrumpirán esta especial relación con la orden religioso-militar.  El siciliano mantendrá, incluso en la ausencia, una permanente amistad con el caballero Luigi d’Aquino, a quien años más tarde, ya en la plenitud de su fama, irá a visitar en su lecho de muerte, en la natal Nápoles.

Es también curioso – y probablemente significativo – el hecho de que entre los escasos personajes importantes de la saga cagliostrana de los cuales monseñor Barbieri tiene a bien revelarnos el nombre, olvidando en su caso los loables principios de justicia, caridad y prudencia, alegados para proteger la identidad de otras encumbradas figuras, tres pertenezcan a la Orden de Malta:  Pinto de Fonseca, prestigioso Gran Maestre y adepto alquimista, el bailío de Breteuil, embajador de la Orden en Roma y protector del joven Balsamo, y el caballero d’Aquino.  ¿”Quizás – preguntamos – porque además de su reconocida afición por el Arte Real, Pinto expulsó a los Jesuitas de los territorios de la Orden en 1769,  por la filiación masónica del embajador y por la amistad de Cagliostro con d’Aquino, hermano del también francmasón príncipe de Caramanico?

Ningún autor parece haber observado este significativo “descuido” del redactor del Santo Oficio.  Lo que sí es evidente es que la Curia romana no sentía demasiadas simpatías hacia la poderosa y un tan molesta Orden de Malta, que desde el punto de vista político-religioso no parecía ser, según el dicho popular italiano, “ni carne ni pescado.”

Hoy en día, y por un ¿azar? del destino, el busto del Conde de Cagliostro, retratado en la plenitud de su gloria por el escultor francés Houdon, alza al cielo los ciegos ojos de mármol en una hornacina del Museo Granet, situado en el antiguo palacio del Priorato de la Orden de Malta en Aix-en-Provence.




Fuentes:          Espasa; Dalbian; Herrero.
Investigar:       Archivos de la Orden de Malta.




















TREBISONDA, princesa de



Hipotética princesa turco-asiática, supuesta madre del Conde de Cagliostro.

¿Malta 1742?

Damos un salto atrás en nuestra relación cronológica de personajes “cagliostranos”, para situar a esta princesa en el contexto más adecuado dentro de la leyenda imaginada por nuestro palermitano, al igual que para los dos otros importantes personajes de esta fantástica historia.  Por otra parte, no hemos querido omitirlos de la relación de personajes vinculados a las vivencias del mago, por ser muy posible que se haya tratado de personas reales, de cuya existencia pudo muy bien Cagliostro tomar conocimiento durante sus viajes a Oriente,  y llevado de su fantasía, “adoptarlos” para embellecer su historia.

Calló siempre su verdadero origen, condicion y edad.  Con alguno dixo, que él era poco menos que Antediluviano, con otros, que se habia hallado en las bodas de Caná.  Unas veces suponia haber nacido en Malta, otras que reconocia por sus Padres á la persona del Gran Maestre, y de la Princesa de Travisonda.  Habló de sus viajes, de sus estudios, y de sus nociones en una manera portentosa y sublime.  El haber visitado la Meca, el Egypto, y otras remotas partes del mundo, adquirido la ciencia de las Pirámides, y penetrado en los arcanos de la naturaleza, fueron sus familiares discursos.

Situada en la Turquía Asiática, Trebisonda era la capital de un valiato del Imperio turco.

En su Memorial de París, Cagliostro hacía hábiles y vagas alusiones a sus legendarios orígenes, alusiones que corroboraban su pretensión, expresada de palabra a muchos de sus admiradores, de creerse hijo de Pinto de Fonseca y de la misteriosa princesa en cuestión.  Y como quiera que el Gran Maestre no estaba considerado precisamente como un asceta, esto daba una cierta base de verisimilitud a la leyenda.  Hubo incluso admiradores del mago que pretendieron que, por mediación del embajador de Francia en Malta se habían conseguido pruebas de que, efectivamente, el Conde era hijo natural del Gran Maestre y de la hija de un Jerife de La Meca.  (Journal du libraire Hardy, vol. IV, pág. 396, citado por Dalbian).

Ya en tiempos más recientes, madame Claire-Éliane Engell, en su obra L’Ordre de Malte en Méditerranée, Monaco 1957, obra también citada por Dalbian, tomó en  consideración esta hipótesis, mostrando sin embargo su escepticismo en cuanto a las investigaciones realizadas en los archivos malteses en busca de datos sobre los navíos capturados por la galeras de la Orden durante el período en que hubieran podido florecer tales amores, y en los cuales hubiera podido encontrarse alguna referencia a la princesa en cuestión.                                                         Fuentes:  Compendio; Dalbian.

SALAAHYM



Gran Muftí de la ciudad de Medina.

Medina 1743/1755

Gran Muftí (Intérprete de la Ley), protector del niño Cagliostro según la leyenda.  Algunos autores lo llaman Salahayn.

Supuso [Cagliostro] ignorar su Patria y sus Padres;  pero que se creia venía de una cosa grande, y sospechar que nació en Malta;  sostuvo tambien, que quando pudo reflexionar sobre su propia existencia, se halló en la Ciudad de Medina, en donde era llamado Acharat, y estaba alojado con el Musti Salaahym:  servido de tres Eunucos, y tenido por Musti en suma consideración.  Altotas era su Ayo, y su Maestro, y su todo.  El lo enseñó en la Religión Cristiana, y él le dixo que sus Padres eran Nobles, y cristianos:  y èl lo amaestró en la Botanica, y en la Chîmica Medicinal; y èl lo instruyó en la mayor parte de las lenguas Orientales, y en la Ciencia de las Pirámides de Egipto depositaria de los conocimientos humanos más preciosos.

Al cumplir los doce años, el Muftí envió a Cagliostro, acompañado por el fiel Althotas, en una caravana que partía para la Meca.




Fuentes:          Compendio; Cagliostro; Petraccone.
Investigar:       Identificar al Gran Muftí correspondiente al período.  Embajada de
                        Arabia Saudita.  Datos sobre Medina en el siglo XVIII.
















EUNUCO NEGRO



Esclavo negro, fiel servidor del niño Acharat, según la leyenda cagliostrana.

Medina 1743/1755

Y como el Eunuco Negro, que había siempre dormido en custodia del niño Acharat, le había muchas veces dicho, se guardase de ir jamás à Trabisonda, por eso el Gran Maestre Pinto hablava con èl muchas veces de esta Ciudad, y del Scheriff de la Meca.

Con esta versión, probablemente Cagliostro daba a entender que la Princesa su madre se encontraba cautiva en  Trebisonda bajo la feroz custodia de su padre, como castigo por haber cedido a los deseos del Gran Maestre y que su propia vida correría peligro si marchaba a ese país.




Fuentes:         Compendio.                                                       

























JERIFE



Dignatario árabe.

La Meca 1755/1758

Jerife (Jefe superior, del árabe sheriff, noble) de la ciudad de La Meca.

El Jerife de La Meca se consideraba descendiente de Mahoma por su hija Fátima, esposa de Alí.  Sometidos nominalmente a la autoridad del Sultán del Imperio Turco, los jerifes gozaban de gran autonomía, autonomía que años más tarde llegó a su apogeo con el Jerife Ghalib, elevado al trono en 1786.

El Compendio, que recoge la leyenda cagliostrana con natural y sarcástico escepticismo, relata:  Entre lágrimas del Mustí en la edad de doce años partió èl con Altotas en Caravana para la Meca, donde fue alojado en casa del Scherif.  El encuentro de este Principe con el pequeño Acharat es un golpe de Scena.  Caricias, lágrimas, movimientos de sangre, y las mas tiernas conmociones indican aquel gran misterio sobre su origen , que el Balsamo ha querido siempre hacer creer.  Vivió entre los brazos del Scherif por tres años, y partió después con Altotas por el Egipto:  y no había cosa mas palpable que la condescendencia del Scherif.  Entre los abrazos, y los llantos de este Principe fueron sus ultimas palabras:  à Dios hijo desventurado de la naturaleza.  En Egipto, Acharat supo los grandes arcanos, tratando confidencialmente con los ministros de aquellos Templos, y después por tres años recorrió los principales Imperios de Africa y Asia.




Fuentes:          Espasa; Compendio.
Investigar:       Historia de La Meca.  Nombre del Jerife.  Agregado cultural de Arabia
                        Saudita.




 




                                    
                                                                                   

AQUINO Luigi d’, caballero  (I)

1739-1783

Noble  napolitano.

Malta, Sicilia, Nápoles 1766/1767
Malta 1774
Estrasburgo 1780/1781
Nápoles:  Junio/Sept 1783

Malta, Sicilia, Nápoles 1766/1767

Caballero de la Orden de Malta y gran aficionado a las ciencias ocultas, Luigi d’Aquino pertenecía a la ilustre casa, de origen florentino, de los condes de Caramanico.  Era hermano del más conocido Francesco Maria Venancio d’Aquino (1736-1795) hombre de Estado napolitano, embajador en Londres y París, amante de la Reina Carolina de Nápoles y, sucesivamente, Virrey de Sicilia.  Los Caramanico eran una de las familias más importantes de la nobleza napolitana (“une des sept sérénissimes grandes Maisons du Royaume de Naples” en palabras de la biógrafa Denyse Dalbian, que ha realizado unas interesantísimas investigaciones sobre la familia, y particularmente sobre Luigi d’Aquino.).  Según Dalbian, Balsamo habría conocido a d’Aquino hacia 1765.

“Modelo de cortesía, de humanidad y de prudencia”, dice un biógrafo, d’Aquino fue un gran amigo y protector de Cagliostro a partir, según parece, del primer viaje de éste a la Isla de Malta. 

Muerto el maestro Althotas en Malta, Giuseppe Balsamo pensó pasarse à Nápoles, valiendose à este fin de la compañía de un Caballero, á quien lo recomendó el mismo Gran Maestre...  Con los dineros que le suministró y los que fue dando el dicho Caballero hizo el viaje, y se mantuvo algun tiempo en  Nápoles.

Tras pasar por Sicilia en su viaje a Nápoles, D’Aquino dejó a Balsamo en la capital partenopea para ir a Francia.  Es ésta la versión que aceptan la mayoría de los autores, si bien algunos, como Petraccone y Photiadès hacen coincidir esta relación con d’Aquino en ocasión del segundo viaje del palermitano a la Isla de los Caballeros, ya en compañía de su mujer, en el año 1774.

El Compendio, recogiendo las declaraciones de Cagliostro en el Parlamento de París,  desvela, en un pasaje ulterior, el nombre del caballero d’Aquino:  De Rodas pasó à Malta, donde dispensado de las Leyes de la sanidad, fue recebido en el Palacio del Gran Maestre Pinto, y consignado al Cavallero de Aquino de la ilustre familia de Caramanica ...  Dejando entonces los Abitos Musulmanes, Altotas se manifestó ser Catolico, Sacerdote y Caballero de Malta:  y en el mismo tiempo el joven Acharat fue declarado Conde Calliostro ...


Del Memorial de defensa de Cagliostro en el proceso de París:  “Visitamos primero la Sicilia, donde el Caballero me hizo conocer a la Nobleza del País ...  y tras visitar las diferentes Islas del Archipiélago, etc. arribamos a Nápoles, Patria del Caballero d’Aquino.”

La relación del joven Balsamo  con el Gran Maestre Pinto y con el caballero d’Aquino constituye, como vemos, el punto de contacto de la mítica leyenda cagliostrana con la etapa real de las vivencias del personaje. 




Fuentes:         Compendio; Petraccone; Photiadès; Dalbian.
































RAIMONDO MARIA DE SANGRO, VII príncipe de Sansevero

1710-1771

Noble napolitano, gran cultor de las ciencias naturales, la química, la alquimia y la medicina.

Nápoles, Mesina 1767

El joven Balsamo, procedente de Malta, arriba a Nápoles en compañía de Luigi d’Aquino.  Nos informa el Compendio que durante su breve estancia en la capital de las Dos Sicilias, Giuseppe tuvo ocasión de hacer amistad (probablemente, sostenemos nosotros, por mediación de su noble acompañante) ... con un Principe muy aficionado a la Chîmica ...  en cuyo laboratorio debió de trabajar algún tiempo.

Este Principe  muy aficionado a la Chîmica de nuestro Compendio, que no desvela su nombre, pudo muy bien haber sido, nos atrevemos a afirmarlo, el legendario Raimondo Maria de Sangro, príncipe de Sansevero, noble alquimista y hombre de ciencia, que fue una especie de Leonardo da Vinci del siglo XVIII, y considerado por el vulgo ignorante y supersticioso de su ciudad, incluso hoy en día, como un tenebroso brujo y nigromante.  Sorprendentemente, ninguno de los biógrafos de Cagliostro, ni siquiera los italianos, parecen haber investigado esta posible relación entre ambos personajes.  Nosotros, por nuestra parte, habiendo averiguado recientemente que Luigi d’Aquino era primo de Sansevero, no podemos sino confirmarnos en  nuestra teoría, aunque no hayamos logrado encontrar su nombre en los documentos del proceso de Roma.

El príncipe de Sansevero nació en Torremaggiore di Capitanata (hoy provincia de Foggia) el 30 de enero de 1710, y falleció en Nápoles el 22 de marzo de 1771.  Tuvo  nueve hijos, suponemos que concebidos en los escasos momentos en que abandonaba su laboratorio.

El 22 de julio de 1750, el príncipe ingresó en la Masonería.  Debido a su prestigio, nobleza y fama como científico, sólo un mes después  fue nombrado Gran Maestre para todo el Reino de Nápoles.  Su meteórica carrera masónica tuvo, sin embargo, breve duración:  tras el Edicto del Rey Don Carlos (que posteriormente se convertiría en nuestro Carlos III de España), el príncipe abjuró de la Masonería el 24 de julio de 1751.

Fue probablemente, tras el hermano Maffei y el mago Althotas, el tercer maestro importante de Giuseppe en el campo de la Alquimia,  la Medicina y las ciencias ocultas.

Al cabo de algún tiempo en Nápoles, el príncipe pidió a Giuseppe que lo acompañase en un viaje a sus posesiones de Sicilia.  Dice el Compendio:  ...  quiso llevarlo consigo á alguna de sus Haciendas en Sicilia, y de esto tomó ocasión para volver á Mesina ...




Fuentes:          Compendio; Herrero; Oderisio de Sangro, biógrafo de su antepasado.
Investigar:       Espasa;  Posesiones en Sicilia.  Capilla de Sansevero.   Retrato (pág. 22
                        de la  obra de Oderisio).                 









































VINCENZO DE SANGRO, VIII príncipe de Sansevero   (I)

1743-1790

Noble militar napolitano, de la distinguida familia de los príncipes de Sansevero.

Nápoles 1767
Roma 1789

Nápoles 1767

Era hijo primogénito del famoso Raimondo de Sangro, VII príncipe de Sansevero.

Es muy probable que Bálsamo haya tenido ocasión de conocer a Vincenzo, que entonces tendría unos 24 años de edad, en el palacio de su padre en Nápoles, donde el palermitano debió de ayudar al famoso O’Prence, el siniestro mago del folcklore napolitano, en sus interesantísimos experimentos químicos y en sus milagrosas curaciones.

Nació y murió en Nápoles (28 de agosto de 1743 – 14 de marzo de 1790).  Casó en 1765 con María Gaetana Mirelli de la familia de los príncipes de Teora, de la cual tuvo cinco hijos.

Además de VIII príncipe de Sansevero (al fallecimiento de su padre) era príncipe de Castelfranco, duque de Torremaggiore, marqués de Castelnuovo y de Castelvecchio.  Fue Grande de España de Primera clase, Maestro del Sergio di Nifo en 1770, Gentilhombre de Cámara desde 1772, Caballero de Justicia del Supremo Real Orden de San Jenaro en 1775, Caballero de la Gran Cruz del Orden Constantiniano de San Giorgio en 1782.  Dedicado a la carrera militar, fue brigadier en 1777, y después inspector del Real batallón de Voluntarios de Marina y general de la real armada Naval.




Fuentes:          Oderisio de Sangro; Herrero.
Investigar:       Siguiente visita de Cagliostro a Nápoles.  Retrato:  pág. 179 de la obra
                        De Oderisio.









SACERDOTE  (II)



Joven sacerdote siciliano, amigo y cómplice de alguna de las “hazañas” juveniles de Giuseppe Balsamo.

Palermo 1763
Mesina; Pizzo (Catanzaro); Nápoles; Roma 1767/1768

Mesina; Pizzo (Catanzaro); Nápoles; Roma; 1767/1768

... tomó ocasión para volver á Mesina, encontrandose con un Sacerdote su patricio [compatriota, paisano] y amigo:  dice él mismo que este era un hombre violento y malo, tanto que sus parientes no querian por sus malas qualidades, que lo tratase quando estaba en Palermo:  y añade que este fue uno de los Diablos que apalearon al Mazano, como queda dicho.  Con todo, quiso acompañarse con el, y despedido del Principe fueron juntos à Nápoles;  en el camino fueron arrestados en la posada de un Lugar llamado el Pirro [Pizzo] , suponiendoles haber robado una muger, pero no encontrandola con ellos quedaron libres.  Después de estar poco tiempo en Nápoles resolvieron al fin, venirse á Roma, como lo hizo.

Así, durante su breve paso por Mesina, hacia finales, creemos, de 1767, Giuseppe Balsamo, por aquello de que “Dios los cría y ellos se juntan”, tropieza de nuevo con su joven amigo y compañero de travesuras, sacerdote desbandado, que se había distinguido como uno de los “Diablos” que se ensañaron con el platero Marano.

Giuseppe, siempre inquieto (“culo de mal asiento”, que diríamos por nuestros pagos) deja la compañía de Sansevero para regresar a la Península.  Su amigo el sacerdote le aconsejó no volver a Palermo, probablemente poniéndole en antecedentes de los cargos pendientes contra su persona, y le convenció para acompañarle a Nápoles, donde pensaba abrir una timba para estafar a los ricos forasteros que visitaban Italia;  que expoliar al ignaro turista ha sido siempre una actividad muy desarrollada en el Bel Paese.

Llegados a Nápoles, tras el incidente – no aclarado – del secuestro de una muchacha, no les debieron de ir muy bien las cosas en la capital partenopea, puesto que poco después deciden probar fortuna en Roma.  Allí, sin embargo, el compañero de Giuseppe tuvo miedo de la Inquisición, por lo cual decidió marcharse, dejando solo a su amigo.  Y así perdemos las huellas de tan digno sacerdote.




Fuentes:          Compendio.

MUCHACHA



Fémina desconocida, de cuyo rapto fueron acusados Giuseppe y su amigo sacerdote.

Pizzo (Catanzaro, Calabria) 1767

Pizzo era una pequeña población de Calabria, puerto de pesca y cabotaje en la provincia de Catanzaro, en la que existe un pequeño castillo de la época de la dominación española.  Allí desembarcó Murat en 1815, siendo después preso y fusilado.

Ambos amigos habrían llegado a la posada del lugar con una bella muchacha, a quien según parece habrían secuestrado.  El posadero, dándose cuenta de la situación, los denunció a las autoridades.  Sin embargo, cuando la policía fue a investigar, no encontraron a la tal joven.  Al no encontrarla con ellos, fueron puestos en libertad, y prosiguieron camino hasta Nápoles, donde se detuvieron poco tiempo.

Si hemos de basarnos en el Compendio, no parece que de los interrogatorios de Cagliostro resultase ninguna información concreta sobre el incidente en cuestión.  Parece extraño que los inquisidores, siempre en busca de detalles, aún los más nimios, sobre las culpas del reo, no profundizasen en la cuestión.  Podría tratarse simplemente, de una prostituta que los había acompañado voluntariamente para un rápido “servicio”.




Fuentes:          Compendio; Gervaso; Espasa.
Investigar:       Archivos de Pizzo. 
















POSADERO



Posadero de Pizzo.

Pizzo (Catanzaro, Calabria) 1767

Entra en sospechas al ver llegar a Giuseppe y su amigo el sacerdote en compañía de una joven, y les denuncia a las autoridades del lugar.




Fuentes:          Gervaso.
Investigar:       Posadas de Pizzo en la época.






























MOZO



Mozo o camarero de la célebre Fonda romana llamada Locanda del Sole alla Rotonda.

Roma 1768

A su llegada a Roma, Balsamo, que no debía de carecer de fondos, se alojó en esta Locanda, una de las mejores posadas de la Roma de su tiempo, todavía existente en la actualidad.  La Locanda del Sole está situada en la Piazza Santa Maria la Rotonda, y era frecuentada por forasteros de cierta categoría.

El joven viajero tuvo allí una pendencia con uno de los mozos del establecimiento:  ... alojandose en la Fonda del Sol á la rotunda, tuvo encuentro y pendencia con un mozo por la qual fue preso, y después de tres dias lo soltaron.

No se conocen exactamente los motivos y detalles de la disputa del palermitano con el personal de la Locanda.  Según una versión, Balsamo fue considerado culpable y encerrado tres días “a pan y agua”, siendo posible que su período de retención fuera reducido por la intervención de alguno de sus nuevos protectores, como el barón de Bretteville o el cardenal Orsini, para quienes traía cartas de recomendación.

Parece ser que Giuseppe fue víctima de una trampa organizada por el dicho mozo, con la complicidad de una su amante, que “se dejó sorprender” por el susodicho en amoroso coloquio con el cliente, con objeto, naturalmente, de chantajearlo.  Balsamo, siciliano de pura cepa, no estaba dispuesto a dejarse estafar tan fácilmente, y mucho menos por un romano:  echó mano a su cuchillo, o quizás a su espadín (no olvidemos que al llegar a Roma vestía con cierta elegancia, alternando el traje de caballero con el de abate, tan socorrido en la época) e hirió al aprovechado fámulo.

Si este episodio es verídico, años más tarde el propio Balsamo adoptaría idéntico sistema para estafar a un pobre cuáquero en la ciudad de Londres.




Fuentes:          Compendio; Gervaso.
Investigar:       Datos sobre la fonda en cuestión.







MUJER



Amante del mozo de la Locanda del Sole alla Rotonda.

Roma 1768

Encandiló al joven Balsamo para hacerse sorprender por su amante, probablemente acompañado de otros camareros del establecimiento, y así poder chantajearlo “a dovere”.




Fuentes:         Gervaso.






























ALBERGATORE



Hostelero italiano, propietario de la Locanda del Sole.

Roma 1768                                              

A su llegada a Roma, el joven Giuseppe Balsamo se aloja durante algún tiempo en  este establecimiento, donde le sucedió el referido incidente con uno de los mozos o camareros.

La Locanda del Sole era un famoso y antiguo establecimiento hotelero situado en Piazza del Pantheon, donde muchos años antes, cuando se llamaba Albergo del Montone, se había alojado el gran Ludovico Ariosto.  En la época de la llegada de Giuseppe, se llamaba, precisamente Osteria del Montone, ora del Sole alla Rotonda.




Fuentes:         Compendio; D’Amato; Maruzzi.
Investigar:      Folio 222 del Ristretto de Roma.

























BELLONI



Italiano, banquero en Roma.

Roma 1768/1769

En febrero de 1786 sale a la luz el Memorial de defensa de Cagliostro en el celebérrimo proceso del collar, preparado conjuntamente por el acusado y su letrado maître Thilorier.  El documento en cuestión incluía una extensa relación de las personalidades conocidas por el Conde durante sus incesantes viajes.  Para rebatir las sospechas sobe su situación financiera (que según la condesa de La Motte le habría impulsado a apoderarse del collar) se menciona también a una serie de banqueros que, a decir de Cagliostro, “tenían sus cofres a mi entera disposición”.

Refiriéndose a su etapa romana, el palermitano afirma haber llegado a la Ciudad Eterna con importantes letras de cambio “para el banquero Belloni”.  (¿Proporcionadas en Malta por el Gran Maestre Pinto, o en Nápoles por el caballero d’Aquino?).

Aparece en el Espasa un  Jerónimo, marqués de Belloni, banquero italiano nacido en Roma y fallecido en 1761, autor de una Dissertazione sopra il commercio, publicada el mismo año de su muerte.  Probablemente se trata del padre del banquero mencionado por Cagliostro en su Memorial de París.




Fuentes:          Photiadès; Espasa.
Investigar:       Crónicas romanas de la época.
















ORSINI D’ARAGONA, cardenal

.... – Enero 1789

Prelado italiano, de la noble casa de los Orsini, ministro plenipotenciario de Nápoles.

Roma 1768

Cagliostro afirma, en su Memorial de París, haber llegado a Roma con cartas de presentación recibidas en Malta para los cardenales de York y Orsini.

No obstante sus cartas de presentación, cuenta el biógrafo Photiadès que los mayordomos de Orsini le hacían hacer antecámara, en pie, confundido con la multitud de humildes solicitantes a quienes no se permitía sentarse en los bancos forrados de terciopelo. 

Sin embargo – añade Photiadès – sus contactos con el cardenal no fueron infructuosos, y pronto se rumoreó que este príncipe de la Iglesia lo tomaba a su servicio.  Más adelante, el músico Ricciarelli declararía haberle encontrado varias veces en la mansión de Su Eminencia.

También se supone que Balsamo pudo haber estado al servicio de Orsini como camarero o “valet” en los primeros tiempos de su estancia en Roma.  Por otra parte, según declaraciones de Lorenza Feliciani a la Policía de París años más tarde, en ese tiempo su marido se habría dedicado a trabajos artísticos, realizando “soberbios dibujos” para el cardenal.

El palermitano, por su parte, sitúa a un nivel muy diferente sus relaciones con los prelados romanos, y en su Memorial de París escribe lo siguiente:  “A Rome ... mon valet-de-chambre m’annonça la visite du Sécretaire du Cardinal Orsini ...  m’invita plusiers fois à a manger avec lui ... me fit connaître la plupart des Cardinaux et Princes Romains, notamment le Cardinal de Yorck, le Cardinal Ganganelli, depuis Pape sous le nom de Clément XIV, Pape Rezzonico …  ‘’

Es difícil determinar cuánto puede haber de exageración en estos contactos del joven Balsamo con la “crema” de la Iglesia de Roma.  Por otra parte, y aunque la siguiente carta del representante de España en Roma parezca contradecirlo, está probado que el cardenal Orsini sí honró con su protección al palermitano.

En la época del proceso del collar, y ante las alegaciones del Memorial de defensa del Conde, la embajada de España debió de investigar el asunto, sin mucho éxito por cierto, como se desprende de la siguiente misiva de nuestra misión diplomática:

Carta del embajador Nicolás de Azara al conde de Aranda (AHN – Estado – Legajo 2847):   “Roma, 5 de abril de 1786.  Excmo mío y mi favorecedor ...  Aquí nos vamos divirtiendo con las memorias que nos vienen de ahí.  Tenemos varios indicios de que Cagliostro sea un cierto judío Portugués que se hacía llamar Pinto, y contaba más romances de los que hai cuya Memoria engañó tanto al tonto Mons. Lauti, entonces inquisidor de Malta, que lo hizo secretario del Santo Oficio, hasta que aquí le obligaron a echarlo ...  El actual G. Maestre le daba 20 escudos Malteses al mes por espía; y hay quien cree que este lo haya recomendado a su digno pariente.  En Roma no hai tal familia Feliciano, ni en los años que dice se ha celebrado aquí matrimonio de muger que se llame así.  El cardenal Orsini famoso por su memoria nunca ha conocido ni presentado semejante aventurero bajo ningún nombre.  Su coronelato español en Rusia, y los [ilegible] de su historia en Polonia, Alemania y Francia los saben todos.”

El “actual G. Maestre” era, en la época de referencia, el bailío Emmanuel de Rohan Polduc, primo del cardenal de Rohan, el gran amigo y protector de Cagliostro.  Observamos que nuestra embajada no se molestó demasiado en investigar la existencia de una familia Feliciani, que descarta sin más.  En cuanto a las declaraciones del cardenal de Orsini, demasiado conocedor de las andanzas de su protegido por aquella época, es evidente que prefirió no ver su nombre mezclado en cierto modo al escándalo del collar reconociendo en el Conde de Cagliostro, “embastillado” en París, a su antiguo protegido Giuseppe Balsamo; a quien por otra parte proporcionó cartas de recomendación en 1769 cuando abandonó Roma, cartas que el palermitano manipuló para conseguir un subsidio económico en Loreto.

Carta de Azara a Floridablanca.  Roma, 21 de enero de 1789:  Se comunica el fallecimiento del cardenal Orsini.




Fuentes:        Photiadès;  Compendio; Herrero (AHN).
Investigar:    Más datos sobre el cardenal, fecha de nacimiento, etc.  ¿Monseñor Lauti?
















RICCIARELLI, Giuseppe  (I)



Músico y cantante italiano, probablemente romano.

Roma 1768
Lisboa 1770/1771
Londres 1771/1772
Londres 1776/1777
Roma 1789/1790

Roma 1768

Las Memorias de Casanova, en la parte que trata de su primera estancia en Roma ¿hacia el año 1764? hacen referencia a un “abate della figura attraente”.  El veneciano relata su visita a un café romano en compañía del abate Gama.  Allí vio entrar a un abate de atractiva figura, quizás en demasía.  Por la forma en que movía las caderas, el caballero lo tomó por una mujer disfrazada de hombre, y se lo comentó a su compañero;  éste le respondió que se trataba de Giuseppe Ricciarelli, famoso castrato apodado Beppino della Mammana, por ser hijo de una comadrona.  Gama lo llamó y le dijo riendo que su amigo lo había confundido con una mujer.  El muy desvergonzado, narra Casanova, mirándole fijamente le contestó que, si lo deseaba “podía demostrarme si estaba equivocado o no.”

Creemos poder afirmar a este respecto que se trata muy probablemente del mismo Giuseppe Ricciarelli que coincidió con Giuseppe Balsamo, primero, y con el Conde de Cagliostro, después, en Roma, Lisboa, Londres y nuevamente en Roma a lo largo de un período de más de veinte años.

En la época en que se encontró con Casanova, debía de tener unos 39 o 40 años de edad, siempre que se trate de la misma persona.

Los primeros contactos de Ricciarelli – y no habrían de ser los últimos – con Giuseppe Balsamo tuvieron lugar en Roma, en 1768.  Como debía declarar años más tarde el propio músico, conoció al palermitano precisamente en la antesala del cardenal Orsini.




Fuentes:            Casanova; Photiadès; Petraccone; Dalbian; Harrison; Oliván; 
                          D’Amato; Herrero.
Investigar:         Edad exacta. Fecha exacta encuentro con Casanova.  Historia
                          de la música italiana.  Diccionario biográfico italiano.


STUART, Henry Benedict Mary Clement, cardenal de York

1725-1807

Prelado inglés, hermano de Edward, pretendiente al trono de Inglaterra.

Roma 1768

Era cardenal y obispo de Frascati.

Fue uno de los cardenales para quienes Balsamo trajo cartas de recomendación desde Malta, aunque el Compendio habla de cartas de presentación que traxo de Nápoles.  No conocemos más detalles sobre la relación del palermitano con el aristocrático prelado.

El pretendiente a la Corona Británica, Jacobo III,, otorgó en el destierro a su segundo hijo, Henry Benedict, el título de duque de York.

Duque primero, y luego cardenal de York, era como se ha dicho, segundo hijo del pretendiente Jacobo Francis Edward, el llamado caballero de San Jorge.  Nació en Roma el 6 de marzo de 1725, y murió en Frascati el 13 de julio de 1807.

Sobre la biografía de este personaje encontramos los siguientes datos en el Espasa:

En 1745, Luis XV le confió su ejército reunido en Dunkerque para ir en socorro del pretendiente Charles Edward, que había desembarcado en Escocia;  pero después de la derrota de su hermano en Culloden (27 de abril de 1746) abrazó la carrera eclesiástica, obteniendo de Benedict XIV la tonsura clerical y la púrpura romana el 3 de julio de 1747.  Cambió entonces su título de duque de York por el de cardenal del mismo nombre.  Algunos años más tarde fue nombrado arcipreste de la basílica de Letrán, prefecto de la obra de esta iglesia y comendatario de la de San Lorenzo in Damaso.  El 13 de julio de 1761 le fue adjudicado por el papa Clemente XIII el obispado de Frascati y durante largos años permaneció alejado de toda política, hasta que al ocurrir el fallecimiento de Charles Edward en 1788, tomó el nombre de Henry IX, exigiendo el tratamiento de majestad.  En 1751 y 1755, respectivamente, le fueron concedidas por Luis XV las ricas abadías de Anchin y San Amando, en la diócesis de Cambray, y además de sus rentas y las que correspondían a sus dignidades eclesiásticas, recibía una pensión importante de la corte de España.  De todas ellas fue desposeído por la Revolución francesa, y para socorrer al pontífice Pío VI, obligado a pagar cuantiosas contribuciones de guerra cuando la conquista de los Estados pontificios por el ejército francés, vendió sus alhajas de familia y se retiró a Venecia (1798), arruinado por completo.  Jorge III de Inglaterra le ofreció una pensión de 4,000 libras esterlinas, que percibió hasta su muerte.  En 1801 regresó a Roma y a los dos años obtuvo los obispados de Ostia y de Veletri. Con él se extinguió la estirpe de los Estuardos.  Fue enterrado en la iglesia de San Pedro y dispuso que sobre su tumba se escribiese el nombre de Enrique IX. 

Carlo Bandini, en su obra “La Galantería nel gran mondo di Roma nel Settecento” hace referencia a los suntuosos recibimientos mundanos de los prelados romanos:   “Un poco inferiores – comenta – mas no disimulando una cierta rivalidad con el pomposo y un tanto fatuo cardenal de York, hermano del pretendiente al trono de Inglaterra, Eduardo, y cuñado de la duquesa de Albany y, bien a su pesar, también un poco del Alfieri ...  Habitaba en el palacio Muti, ahora [1930] Palestra, al lado de la Iglesia de los Santos Apóstoles.”




Fuentes:          Photiadès; Espasa; Bandini.


              































REZZONICO, Carlo (Clemente XIII)

1693-1769

Patricio y cardenal veneciano.  Papa de 1758 a 1769.

Roma 1768

En su relación de personalidades conocidas a lo largo de sus viajes, Cagliostro afirmaba haber sido recibido por el Papa Rezzonico en diversas ocasiones durante su estancia en Roma en 1768.

Mémoire pour le Comte de Cagliostro:  « Papa Rezzonico, qui occupoit alors la Chaise de S. Pierre, ayant désiré de me connoître, j’eus plusiers fois l’honneur d’être admis à des conferences particuliers avec Sa Sainteté. »

No hay pruebas documentadas de estas audiencias, aparte la palabra del Conde.  Por nuestra parte, las consideramos fruto de la exuberante fantasía del mago, que en ocasiones llega a pecar de desvergüenza, aunque nos pese decirlo. Aunque son indudables sus relaciones con altos prelados romanos, su modo de vida en  la Ciudad Eterna no parece justificar el gran interés de Clemente XIII no ya por recibir, sino por convocar al palermitano a su augusta presencia.  Es indudable que Cagliostro fue interrogado sobre este punto por el Tribunal de Roma, aunque  no conocemos sus respuestas.  El Compendio, por su parte, no menciona para nada la relación del reo con altos prelados y con dos Papas, y se limita a decir:  Estando en Roma se introduxo con algunos distinguidos Personages, de los cuales sólo menciona específicamente al Varon de Brettevil, embajador de Malta.  Naturalmente, los inquisidores no podían admitir que el imputado Cagliostro, vulgar truhán, charlatán y estafador, hubiera sido recibido nada más y nada menos que por un Santo Padre en activo y por uno futuro.  Es posible que, en este sentido, solicitaran el testimonio del músico Ricciarelli, “reo meno gravato” en el proceso, que había tratado a Balsamo en aquella época.

Sobre la biografía de este Papa, cabe indicar que defendió enérgica más infructuosamente a la Compañía de Jesús contra los decretos de expulsión dictados por José I de Portugal,  Luis XV de Francia, Carlos III de España, Fernando IV de Nápoles y el Gran Maestre de la Orden de Malta, Pinto de Fonseca.




Fuentes:          Petraccone; Dalbian.
Investigar:       Historia de los Papas.  Espasa.




GANGANELLI, Giovanni Vincenzo Antonio (Clemente XIV)

1705-1774

Cardenal italiano, de Rímini, más adelante Papa.

Roma 1768

Cagliostro pretendió haberlo conocido en Roma, cuando todavía era cardenal, siendo posible que sus contactos con los cardenales Orsini y Cork le hayan dado la oportunidad de tratar al futuro Pontífice.  Monseñor Barberi, naturalmente, pasa cuidadosamente por alto estas relaciones del reo con Pontífices y altos prelados.

Ganganelli fue elegido Papa el 19 de mayo de 1769, como sucesor de Clemente XIII.  En el Cónclave anterior había dado su voto a este último.  Bajo la presión de los gobiernos de Francia, España y otros, que habían contribuido decisivamente a su elección, se vio obligado a suprimir la Compañía de Jesús el 21 de julio de 1773.




Fuentes:          Dalbian; Espasa.
Investigar:       Historia de los Papas.























“LA NAPOLETANA”



Célebre y celebrada celestina, napolitana si hemos de creer a su apodo, muy conocida en la romana parroquia de San Salvatore in Campo.

Roma 1768

Ya en Roma, Balsamo, que dispone según D’Amato de un pequeño capitalito de tres o cuatrocientos escudos, intenta buscar medios de subsistencia para cuando se agoten sus economías.  Habiendo abandonado la idea de la timba por deserción de su amigo el sacerdote, se dedica primeramente a explotar sus conocimientos artísticos, vendiendo a sus protectores dibujos a pluma, tan perfectos que parecían impresos, tales como copias de Rembrandt, que parece haber sido una de sus “especialidades”.  Aunque durante mucho tiempo mantuvo esta actividad, quizá su verdadera – y frustrada - vocación, pronto se dio cuenta de que de que este trabajo no iba a resolver su situación en absoluto, pues sólo le proporcionaba algunos modestos subsidios.

Observando la gran relajación de costumbres, a todos los niveles, imperante en la capital de la Iglesia, concibe la idea de agenciarse una bella fémina que le ayude a conseguir mayores aportaciones económicas por parte de sus  nuevos protectores, algunos, como el barón de Breteuil, bastante sensibles a los encantos femeninos.  Y para asegurarse una colaboración más “permanente” por parte de su pareja, se decide fríamente por la fórmula del matrimonio.

En ese tiempo, vagabundeando por el barrio de Trinità dei Peregrini encuentra a la salida de misa de la Iglesia de San Salvatore in Campo a una bella y barriobajera jovencita, de la que se prenda inmediatamente, y a la que sigue hasta su casa. 

Contemporáneamente, ha tenido ocasión de conocer y hacer partícipe de sus proyectos  a “La Napoletana”, conocida celestina, que casualmente tiene su base de operaciones en la misma calle donde habita la joven.  La Napolitana, que conoce perfectamente, incluso demasiado, las circunstancias de Lorenza Feliciani, pues tal era el nombre de la muchacha, se ofrece de buen grado a satisfacer sus aspiraciones, a cambio, suponemos, de adecuada gratificación.

En efecto, la buena comadre regentaba una casa de citas en la misma calle o vícolo delle Grotte, donde habitaba la Lorenza en compañía de su familia.  Eran pues vecinas, y se conocían desde hacía bastante tiempo, siendo precisamente en su casa donde la jovencita, pese a su angelical aspecto, venía ejerciendo la prostitución desde su más tierna edad, con el natural beneplácito de sus honrados padres.

Interrogada en París por el comisario Fontaine (febrero de 1773) la propia Lorenza había de confesar, bastante inocentemente por cierto, haber conocido a su marido Giuseppe Balsamo “en casa de una señora Napolitana, vecina de su casa.”
Aunque algún autor, sobre todo D’Amato, la considera incapaz de sentimiento alguno que no fuera su propio egoísmo, la joven romana debió de sentirse bastante impresionada por su pretendiente, que tenía unos diez años más que ella.  El biógrafo Maruzzi lo define exhaustivamente por aquella época: “Simpático de aspecto, no demasiado alto, cuadrado de hombros, amplio pecho, sólida cabeza cubierta de negra cabellera, cuello fuerte, redondo y musculoso, manos y pies pequeños, movimientos vivaces, cara ancha y fresca carnación, frente despejada y amplia, rasgos simétricos y armoniosos, nariz bien trazada, orejas pequeñas y bien dibujadas, labio superior predominante sobre el inferior, dientes blanquísimos y perfectos, ojos negros, expresivos y llenos de vida, conversación y gestos simpáticos de perfecto meridional, vestimenta simple pero elegante, aunque un poco descuidada en ocasiones, enormemente orgulloso, a veces casi rudo y de pocas contemplaciones.”

El biógrafo Gervaso, por su parte, nos describe a la jovencita como sigue:  “Cuando Lorenza encontró a Giuseppe tenía unos catorce años, pero demostraba alguno más.  De mediana estatura, piel blanquísima, larga cabellera rubia, rostro redondo, mejillas perfectas, cejas largas, ojos celeste, labios carnosos y piernas bien modeladas ...”

Cagliostro confesó en los interrogatorios del Santo Oficio haber tenido en casa de “La Napolitana” la oportunidad de “poner el carro delante de los bueyes” y más claramente, de haber poseído a Lorenza antes del matrimonio, lo que naturalmente no debió de presentar dificultad alguna.  ¿Qué no confesaría el desgraciado reo, acosado por el morboso interés de los buenos prelados en conocer hasta los más íntimos detalles de su vida conyugal?

Naturalmente, no fue precisamente en ese momento, aunque probablemente sí en el mismo lugar, donde la jovencísima romana perdió la virginidad.  El defensor de Cagliostro, monseñor Constantini, en la nota 22, capítulo Lubricità, del Ristretto del proceso, refiriéndose a la célebre frase imputada a Balsamo para incitar a su mujer a la prostitución (¿De qué te sirven Dios y tu virtud? ) añade sarcásticamente:  “a esa hora ya destruída por La Napolitana.”

Lorenza, sin embargo, observa D’Amato, en el proceso de Roma negó – contra lo que había admitido en París en 1773 – haber conocido a su marido en casa de la alcahueta partenopea, temiendo que los inquisidores indagasen demasiado en su vergonzoso pasado romano.  Por su parte, el Tribunal, no tenía demasiado interés en ello, pues lo que pretendía era demostrar que era Balsamo quien habría corrompido y obligado a prostituirse a su mujer, hasta entonces virtuosa e inmaculada.

Por lo que respecta a la familia de Lorenza, es evidente que no podía no conocer, y con toda seguridad fomentaron, el vergonzoso comercio de la persona de la hija en casa de su vecina.


Fuentes:         D’Amato
Investigar:      Archivos romanos.
FELICIANI, Lorenza  (I)

1755-....

Jovencita romana, mujer de Giuseppe Balsamo.

Roma 1768
1769-1789 (Viajes por Europa y el Mediterráneo acompañando al marido).
Roma 1789/....

Roma 1768

La biografía de la futura “Condesa Serafina de Cagliostro” (née Lorenza Feliciani) es inseparable de la de su marido. 
 
Era hija de un modesto fundidor de piezas de cobre para coches y caballerías que habitaba en el vicolo delle Grotte en la parroquia de San Salvatore in Campo, cerca de Piazza Farnese.  Se casa con Balsamo cuando apenas si tenía quince años de edad, y le seguirá después en su vida aventurera por toda Europa.

Tras apresurado matrimonio, la Feliciani pronto se convertirá en musa, mujer-niña, esclava y señora a un mismo tiempo, del futuro Conde de Cagliostro.

El matrimonio, 20 de abril de 1768, él de veinticinco años de edad, ella de menos de quince, constituye un hito de máxima importancia en la vida de Giuseppe Balsamo.  Cualesquiera que hayan sido los fines iniciales que le impulsan a este matrimonio, Balsamo encuentra en Lorenza a la compañera de su vida.  Nuevo Pigmalión ( también de sí mismo) hará de ella una Condesa, centro de atención en los brillantes salones de la Europa del Setecientos, y la convertirá en una Gran Maestra de la Masonería ... a una chiquilla analfabeta y con toda probabilidad, ya iniciada en la prostitución bastante antes de su matrimonio.

Su historia, desde el mismo momento del matrimonio, será inseparable de la del marido, a quien finalmente, unos años más tarde, terminará denunciando al Santo Oficio romano.

Veamos qué nos dice el Compendio acerca de este enlace:  ... tuvo la ocasión de ver á una moza llamada Lorenza Feliciani, que vivia junto á la Trinidad de los Peregrinos, se enamoró y la demandó por esposa á sus padres, los quales convinieron, dandole una corta dote proporcionada a su condición:  se efectuó el matrimonio en la Parroquia de San Salvador in Campo, justificando el Balsamo su libertad y soltería:  y por algunos meses habitaron los conyuges en casa del respectivo suegro, y padre.
La enseñanza que el marido dio á la joven muger fue, como ella ha dicho, la de agradar á los hombres, y saberlos atraer:  el porte, el gesto, las ojeadas, la vestimenta toda lasciva y escandalosa formaron los rudimentos de la escuela que él le dio ...
Fuentes:  Compendio; D’Amato.
LORAS, Charles-Abel de  (I)

....-1800

Francés, caballero de la Orden de Malta.

Roma 1768
Nápoles 1783
Roma 1789
Roma 1791

Roma 1768

D’Amato considera probable que el primer candidato a los favores de la joven desposada no fue otro que el caballero Charles-Abel de Loras, de la Orden de Malta, con el cual debió de entrar en contacto Giuseppe Balsamo a su llegada a Roma.  “Acostumbrada sabiamente por el marido al gusto por el lujo, se dejó seducir por las tentaciones y se entregó al primer hombre – probablemente el bailío de Loras – que le prometió cualquier regalo vistoso.”  Evidentemente, la bella romana no era demasiado exigente, cuenta habida de la deformidad del caballero, por otra parte conocido por su desordenada afición por las mujeres.  Por esta época, de Loras tendría unos treinta años de edad.

El caballero de Loras, gran intrigante, era como una especie de enviado especial de su Orden.  Según Dalbian, que por otra parte supone que sólo debió de encontrarse con Cagliostro años más tarde, en Nápoles, era hombre de mucho ingenio, de grandes méritos y extremadamente amable, aunque tenía la desgracia de ser enormemente jorobado.  Muy amigo de sus amigos y enemigo de sus enemigos. (Doublet, “Mémoires historiques sur l’invasion et l’occupation de Malte”).

Muchos años más tarde, de Loras sería juzgado por un diplomático español en los términos siguientes:

AHN. ARANDA. Leg. 2847.  Carta del encargado de Negocios de España en Turín, vizconde de la Herrería a Floridablanca:  Turín, 28 de noviembre de 1784:  [Loras] ... siempre Poeta, tiene continuas pretensiones de Adonis cuio logro le disputa su figura ridícula y llena de jorobas.  Por el día es intrigante, por las tardes pisaverde, y por las noches vicioso, pasiones que algunas veces quiere hacer servir para coronar sus miras políticas e interesadas. [se refiere a las intrigas de Loras en la Corte de Nápoles].




Fuentes:          D’Amato; Dalbian; Herrero (AHN).
Investigar:       Archivos Orden de Malta.
BRETEUIL, barón de  (I)

....-1785

Noble francés, bailío y caballero de Malta.

Roma 1768
Palermo 1774
París 1785

Roma 1768

Embajador de la Orden de Malta en Roma y posteriormente en París, este personaje aparece en diversas biografías cagliostranas con los nombres de Bretteville, Bretevil o Bretwill.

Compendio:  Estando [Balsamo] en Roma tomó diversos trages, ya de Abate, ya de Escolar:  por medio de varias cartas de recomendación que traxo de Nápoles se introduxo con algunos distinguidos Personages; tomó conocimiento con el Varon de Brettevil entre otros Religiosos sus compatriotas, y tanto con los subsidios que de ellos recibia, como con su industria se fue manteniendo.  La industria que se adoptó fue la extender dibujos en papel como si fuesen de estampa, y adornandolos á pincel con tinta de la China los ponia como si fuesen hechos de pluma.

El pasaje anterior demuestra que, a su llegada a Roma, aparte de sus demás proyectos y elucubraciones varias, el joven Balsamo intentaba también ganarse la vida como artista, siendo probable que Breteuil fuera uno de sus primeros mecenas.

Denyse Dalbian lo llama “Bailío de Breteuil, embajador de la Orden de Malta en París, muerto a finales del verano de 1785”.  Confirma igualmente que Cagliostro pretendía haberlo conocido anteriormente en Roma, en la época de su primer viaje a la Ciudad Eterna.

El embajador poseía en Roma un bellísimo parque, donde era fama se organizaban toda clase de orgías.  En los documentos y apuntes del proceso de Roma encontramos una referencia a Breteuil y a su “noto giardino presso al Pincio” (dixit Giandomenico Libert, consultor del Santo Oficio y Fiscal de proceso).

Al parecer, el barón protegía a Balsamo desde su llegada a Roma, portador de cartas de recomendación del Gran Maestre Pinto para el embajador; éste le presentó a los cardenales de York y Orsini.  Más adelante, cuando Giuseppe contrajo matrimonio, Brerteuil le pidió que le presentase a su mujer, que se convirtió en su amante ocasional, con el beneplácito del palermitano.

El siguiente paso del Compendio se refiere, sin lugar a dudas, a este personaje y a su relación con la joven pareja: [Balsamo presentó a su mujer]  á dos calificados sujetos, con previa instrucción para asegurarlos; ningun provecho sacó del uno [pudiera referirse – creemos – al bailío de Loras]; pero del otro [Breteuil] mucho, porque llevandola al lugar delicioso la dexó sola con él, y entretanto se fue él á otra sala.  Los discursos y la conversación fueron según los deseos del marido, la muger resistió en aquella primera ocasión y salió intacta, y habiendo contado al marido, recibió de este los mas fieros improperios y las mas fuertes amenazas, y desde aquel punto empezó á insinuarla la maxima que le repetia frecuentemente en adelante:  que el adulterio no es pecado en una muger que se presta por su interes, y no por simple amor á otro hombre ...  Cedió ella al fin, y por tanto el marido volvió á llevarla por dos ó tres veces al lugar destinado, de donde recibió en precio de la mala obra ya alhajas, ya algun poco de dinero.  En un dia el Balsamo escribio al tal Personage un villete á a nombre de su muger pidiendole prestados algunos escudos, que puntualmente los dio;  y ofreciendole en correspondencia ir al dia siguiente a verlo, como efectivamente fue.

Estas relaciones no debieron resultar demasiado rentables para la pareja, pues a veces se veían obligados a conseguir “el pago” en forma de préstamo, como subraya D’Amato en su interesantísima biografía sobre Lorenza.  También pudiera ser, suponemos nosotros, que el embajador fuera persona delicada a la par que no excesivamente generosa:  así, los tales préstamos serían una forma encubierta de recompensar indirectamente “los servicios” de la romana, sin herir la susceptibilidad de, quien al fin y al cabo, tenía importantes relaciones con las máximas autoridades de la Orden.  En todo caso, Balsamo pronto encontró otro sustituto.

Durante el proceso de Roma, a las acusaciones de lenocinio del Fiscal Libert, Cagliostro respondió que cuando se dio cuenta de la relación de su mujer con el embajador,  le prohibió volver a visitarlo (Folio 225 del Ristretto).

En el mismo proceso, Lorenza admitió haber sido inducida pero no obligada a prostituirse por su marido en esos primeros tiempos, y que sólo cuando abandonaron la ciudad. Giuseppe la habría obligado a la prostitución con malos tratos y amenazas.  D’Amato, biógrafo de gran seriedad, que basa su obra casi totalmente en la documentación del proceso, sostiene que la romana estuvo siempre perfectamente de acuerdo con el marido para hacer comercio de sus gracias, sin  necesidad de ser violentada para ello. 




Fuentes:          D’Amato; Photiadès; Compendio; Dalbian; Ristretto; Trowbrige.

Investigar:       Bailío Lauro Le Tonnellier de Breteuil.  ¿Algo que ver con el Breteuil
                        Ministro de Luis XVI?  Nombre completo y fechas nacimiento y falle-
                        cimiento.



FELICIANI, Giuseppe (¿Luca Andrea?)  (I)

1710?-....

Artesano italiano (¿marquesano, calabrés?), padre de Lorenza.

Roma 1768
Nápoles 1774
Roma 1798/1790

Roma 1768

Giuseppe Feliciani, que tenía unos 58 años de edad en la época del matrimonio de su hija, era un artesano establecido en el vícolo delle Grotte, cerca de la piazza Santa Trinità dei Pellegrini.  Regentaba un taller de “Battatore” u “Ottonaro”, es decir, de latonero y fundidor de ornamentos de cobre y latón para carruajes y caballerías.  Su mujer se llamaba Pasqua Fierri (Magdalena, según el biógrafo español Velázquez) de la cual tenía tres hijos:  Lorenza, de unos quince años o menos, y Francesco, de nueve.  No conocemos el nombre de la otra hija, mayor que Lorenza, casada más tarde con un tal Carlo Antonini, y según parece fallecida antes de 1789.

Según David Silvagni (que desgraciadamente no cita sus fuentes) Giuseppe Feliciani habría huído de Monte Rinaldo, diócesis de Fermo, en las Marcas, para escapar a una condena por robo, cambiando en Giuseppe su verdadero nombre de Luca Andrea.  Según Trowbridge, era de origen calabrés. 

Afirma D’Amato que los Feliciani eran conocidos en las Marcas.  Precisamente en las Marcas, en Loreto, habitaba el Eminentísimo cardenal Orsini, quien tenía por mayordomo a Francesco Ovis, amigo de la familia.

D’Amato, que sostiene la tesis de la complicidad y consentimiento de la familia Feliciani  respecto de las prostituciones de la hija, califica a la tal familia de “covo di malfattori” (cueva de malhechores).

Giuseppe Feliciani, según reza el contrato de matrimonio de su hija con Balsamo, estipulado el 21 de abril de 1768, es decir, al día siguiente de la boda, asignó a su hija una dote de ciento cincuenta escudos “en vestidos, joyas, ropa blanca y dineros” dote que el joven esposo, por el mismo contrato, aumentó en otros ciento cincuenta escudos.

Los Feliciani pusieron como condición al matrimonio que deberían convivir con ellos en su casa del vícolo delle Grotte.  Muy posiblemente pensaban con ello seguir beneficiándose de los ingresos económicos derivados de la actividad de la hija, incluso aumentados gracias a las influencias,  importantes relaciones y conocimientos de los que alardeaba su emprendedor yerno. 

La convivencia de Balsamo con la familia de su mujer no debió de ser demasiado afortunada, probablemente por conflicto de intereses.  Unos meses después de la boda, y tras no pocos altercados, el joven matrimonio se fue a vivir por su cuenta.

El palermitano acababa de trabar amistad con dos elementos indeseables, un sediciente “marqués de Agliata” y su ayudante, factótum y además cocinero, Octavio Nicastro.  Ambos era sicilianos,  y se dedicaban principalmente a la falsificación de letras de cambio y otros efectos.

Balsamo se traslada junto con su mujer a “casa Agliata” y entra a formar parte integrante de la banda dirigida por el pretendido marqués, que además se convierte en el nuevo amante de Lorenza, siempre con el beneplácito del palermitano, que sentía una enorme admiración por su paisano.

Denunciados a las autoridades en noviembre de 1768, Agliata y Balsamo deberán huir de Roma, llevándose consigo a Lorenza.  ¿Quién los denunció?  Según el Compendio, fue Nicastro,  que se había enemistado con Balsamo.  En efecto, la versión española, probablemente por un error de traducción, atribuye la denuncia al suegro, diciendo:  Al fin  resolvieron ambos de abandonarse á Roma;  qual fuese el impulso preciso de esta partida, se puede deducir de la declaracion del Suegro de Balsamo, y es que disgustado el Suegro se presentó al Gobierno descubriendo que el dicho era un falseador de letras, ofreciendose á hacerlo coger con el cuerpo del delito:  de aquí por tanto se puede creer, que viniendo á noticia del Balsamo, y del Agliata, determinaron ausentarse de Roma, como lo ejecutaron.

No obstante lo anterior, hay que tener presente que el original italiano reza como sigue: ... può dedursi  da quanto ha riferito il Suocero del Balsamo, cioè che disgustatosi di lui il Nicastro, si presentò al Governo, svelando che il medesimo era un Cedolista falso ...    Como veremos, al equivocarse en su versión, el ignoto traductor español no hizo sino poner las cosas en su sitio, traicionando inconscientemente la intención de monseñor Barberi de ocultar la participación de Giuseppe Feliciani (que, no olvidemos, fue testigo de cargo contra su yerno) en esta denuncia, que no sólo iba dirigida contra Balsamo y el Agliata, sino también –  y esto es lo más grave y vergonzoso – contra su propia hija, a quien acusaba de “meretriz adúltera”.

Feliciani sabía perfectamente que su denuncia condenaba a la hija a ser recluida en la cárcel de San Michele en la Ripa Grande, destinada a prostitutas y mujeres adúlteras.  En cuanto a su yerno, naturalmente, las consecuencias de estas denuncias podían ser infinitamente más graves.

D’Amato atribuye muy plausiblemente la acción del padre de Lorenza al despecho por no poder seguir beneficiándose de las prostituciones de su hija.
Fuentes:          Compendio; D’Amato; Ristretto; Petraccone; Photiadès; Davide
                       Silvani (citado por ........).
Investigar:      Silvagni; Archivos parroquiales de San Salvatore in Campo;  Monte
                       Rinaldi, diócesis de Ferrero (consultar dicc. Italiano).
FELICIANI, Pascua (neé FIERRI)  (I)



Italiana, probablemente romana, esposa de Giuseppe Feliciani y madre de Lorenza.

Roma 1768
Roma 1789/1790

Roma 1768

“De la madre Pascua, nada se sabe”, dice el biógrafo D’Amato, que hace amplia referencia a los dudosos orígenes del marido. El Compendio menciona sus iniciales disputas con el flamante yerno:  ... La madre de Lorenza escandalizada de esto [las supuestas malas enseñanzas de Balsamo a su mujer] vino á reñir frecuentemente con el yerno, por lo que este se mudó á otra casa, con lo que tubo mas oportunidad para corromper el animo y las costumbres de la muger ...

Al parecer, fue Pascua quien impuso como condición al matrimonio de su hija que los cónyuges debían alojarse en su casa, al menos durante un año. Evidentemente, los Feliciani pensaban haber hecho su fortuna al acoger en su casa a los recién casados.

Según el biógrafo español Velázquez, se llamaba Magdalena Fierri.

Tenía un hermano que era capellán en Santa María della Scala.




Fuentes:          Compendio; D’Amato; Petraccone; Velázquez.
Investigar:          Coordinar con ficha II (proceso de Roma).















FELICIANI, Barbara  (I)



Hermana de Giuseppe Feliciani, tía, pues, de Lorenza.

Roma 1768
Roma 1789/1790

Roma 1768

Más de veinte años más tarde, habría de participar en la repugnante conspiración de la familia Feliciani contra el marido de su sobrina.




Fuentes:          Petraccone.
Investigar:      Ficha II en proceso de Roma.



























FELICIANI, María Luigia del Verbo Incarnato
   


Religiosa italiana.

Roma 1768

Hermana de Giuseppe Feliciani, tía de Lorenza.  Se fue pronto de casa para hacerse monja en Montefalco (Umbria).

Los Feliciani, familia poco recomendable, eran no obstante enormemente religiosos, con  el fanatismo supersticioso y fanático típico de las clases bajas italianas de todos los tiempos, y muy devotos de la Virgen del Carmen, como demostró Lorenza a lo largo de toda su vida.




Fuentes:          Velázquez; Oliván.
Investigar:       Conventos de religiosas en Montefalco.  Posible participación en
                        el proceso de Roma.
























FELICIANI, Francesco  (I)

1759?- ....

Adolescente romano, hermano menor de Lorenza.

Roma 1768
Nápoles 1774
Marsella 1775
Barcelona, Valencia, Alicante 1775
Cádiz 1776/1779
Roma 1786/1790

Roma 1768

El niño Francesco tenía unos nueve años de edad cuando Balsamo entró a formar parte de la familia al casarse con Lorenza.




Fuentes:           ?
























BATISTI, Don Angelo Antonio



Sacerdote italiano que casó a Giuseppe Balsamo con Lorenza Feliciani.

Roma, abril de 1768

La boda se celebró el 20 de abril de 1768 en la Iglesia-Parroquia de San  Salvatore in Campo (actualmente existente, aunque cerrada al culto).

Acta de matrimonio:
“Anno domini 1768 – die vero 20 aprilis.
“Premissis tribus denunciationibus, nulloque detecto canon. Impedimento, de licentia Illmi ac Rev. Mi D.ni Vicesgerentis, uti per acta Gaudentii Notarii sub die 19 supradicti, Ego infrascriptus Parochus D.num Josephum Balsamo, fillium q.m Petri, Panormitanum, et Laurentiam Feliciani, filiam Josephi, Rommanam, ex hac Parocchia, interrogavi, eorumque mutuo consenso, per verba de praesenti habito juxta Sacri Concilij Tridentini preceptum, Sanctaeque Romanae Ecclesiae ritum, Matrimonio conjunxi in hac Parochiali Ecclesia coram notis testibus admod. Rev. D.no Josepho Are Vicecurato et Josepho Cazzola q.m Placidi panormitano, iisque postea in Missae celebratione benedixi.

“ANGELUS ANT.us BAPTISTI Vice Perp.”


Contrato de matrimonio

« Die vigesima primi aprillis 1768.
« Essendo per grazia dell’Omnipotente Iddio concluso e stabilito il matrimonio da contrati in faccia di Chiesa Santa tra il sig.r Giuseppe Balsamo, figlio del q.m. Pietro, da Palermo, da una parte e sig.ra Lorenza Feliciani figlia di Giovanni, romana, dall’altra, presente e personalm.te costituito alla presenza di me not.o  cog.o di sua spontanea volontà ed in ogni altro miglior modo, promette e si obliga a prendere per sua leg.ma sposa e consorte la riferita sig.ra Lorenza Feliciani, pr.nte e colla med.a osservate prima le solite cerimonie e sollennita, secondo lo stile della Romana Chiesa e Sagro Concilio Tridentino, contrarre il S. Matrimonio e quello sucesivamente consumare liberamente.
“El all’incontro la predetta sig.ra Lorenza Feliciani, etc. ...
“Per dote poi e nome di dote d’Essa sig.ra Lorenza Feliciani il sig.r Giovanni di lei Padre, costituisce ed assegna al pred.o sig.r Giuseppe Balsamo la somma e quantità di scudi centocinquanta in tanti abbiti, gioie, biancherie, denari, ed altro, così amichevolmente tra loro stimati ed apprezzati, quali Robe tutte Esso sig.r Giuseppe Balsamo mediante il suo giuramento confessa e dichiara haverle havute e ricevute avanti la stipulazione del presente Istromento e di quella loro quantità, qualità, prezzo e valore, se ne chiama ben contento e soddisfatto, ne fa à favore della riferita sig.ra Lorenza Feliciani di lui futura sposa quitanza finale e finalissima in forma anche per patto.
“Qual dote come sopra nella predetta soma assegnata e rispettivamente ricevuta, il sig.r Giuseppe Balsamo de’ suoi propi denari, per l’amore che ha sempre portato e porta alla detta sig.ra Lorenza Feliciani di lui futura sposa, l’ha sopradotata ed augmentata in altri scudi centocinquanta ... quali assegna sopra tutti i singoli suoi beni presenti e futuri, in maniera che debba avere il plenario suo effetto anche dopo la di lui morte, liberamente in ogni miglior modo ...
“Qual dote ... coll’augmento predetto, promette mantenere, non delapidare, molto meno deteriorare ed, in caso di restituzione, tanto constante che sciolto il matrimonio (che Iddio non voglia) restituirla assieme con il quarto dotale da superllucrarsi hic inde in conformita dello Stato di Roma ...
“Actum Rome in domo pred.ae D. Laurentiase posit. in Vico Cryptarun iuxta, ibidem, praesentibus D. Josepho Cazzola filio bonae memoriae Placidi, Panormitano, et C. Gaspare Martelli filio q.m Silverio, pariter Panormitano testibus.”

Este Acta de matrimonio pasó después a la Parroquia de S. Maria in  Monticelli.  Actualmente se conserva, según parece, en el archivo del Vicariato, en la Ciudad del Vaticano.




Fuentes:          Petraccone; otros.
Investigar:       Fichas Cazzola y Martelli.  
























CAZZOLA, Giuseppe



Palermitano, amigo de Giuseppe Balsamo.

Roma 1768

Amigo y paisano de Giuseppe Balsamo, actuó como testigo de la boda.

El biógrafo Photiadès, no sabemos muy bien con cuanto fundamento, lo califica de “buena persona”.  Lo mismo dice del otro testigo, el también palermitano Gaspare Martelli.  De ambos precisa que eran “gentes de bien y hacían honor a su patria”.  Útil aclaración, por otra parte, tratándose de amigos de juventud del novio.

Cazzola también asistió como testigo en la firma del contrato de matrimonio.

D’Amato observa, con bastante fundamento, que sólo dos testigos asisten a la boda, ambos amigos y paisanos del novio, lo que atribuye a la mala fama de la familia de la esposa.  La boda, pues, debió de celebrarse en la más rigurosa intimidad, algo totalmente contrario a las costumbres romanas, especialmente entre las clases bajas de la época.




Fuentes:          Pretraccone; Photiadès. 



















MARTELLI, Gaspare



Italiano (palermitano).

Roma 1768

Fue testigo, conjuntamente con Giuseppe Cazzola, del contrato de matrimonio de su amigo y paisano Giuseppe Balsamo.  Según Photiadès, y contrariamente a otras amistades del futuro Conde de Cagliostro, “era una buena persona”.

Como se ha observado, los dos únicos testigos de la boda eran estas dos “buenas personas”, amigos y paisanos del novio, sin que hubiera ninguno por parte de la novia:  lo que probablemente se debió a la mala reputación de la joven romana.  En realidad, Martelli, como hemos observado recientemente releyendo la partida de matrimonio, no firmó como testigo en dicho acto..  Sí lo hizo, conjuntamente con Giuseppe Cazzola, en el acto del contrato de matrimonio ante el Notario Gaudenzio.




Fuentes:          Photiadés.























ARE, don Giuseppe



Sacerdote italiano.

Roma 1768

Todos los biógrafos, Petraccone incluido, que tratan el tema de la boda de Balsamo con Lorenza Feliciani, sólo hacen referencia a dos testigos, a saber, Giuseppe Cazzola y Gaspare Martelli, ambos amigos y paisanos del novio.  Sin embargo, la partida de matrimonio registra, como testigos “coram notis testibus admod. Rev. D.no Josepho Are Vicecurato et Josepho Cazzola q.m Placidi panormitano ...” (nuestro subrayado). Así, pues, de los dos sicilianos, sólo Cazzola firmó como testigo de boda, junto con el Reverendo Giusepe Are, Vicepárroco.  Detalle mínimo, pero para la pequeña historia, cualquier menudencia tiene su importancia.




Fuentes:          Petraccone; Herrero.

























OVIS, Don Francesco



Sacerdote italiano.

Roma 1768

Era mayordomo del cardenal Orsini di Aragona.  Proporcionó informaciones óptimas sobre Giuseppe Balsamo en ocasión de la boda de este último con Lorenza Feliciani.




Fuentes:          D’Amato (Ristretto, ff. 222-23).
Investigar:       Memorias romanas, Orsini, etc.






























CAPUCHINO palermitano



Fraile siciliano, paisano de Giuseppe Balsamo.

Roma 1768

Se trata de uno de los Religiosos sus compatriotas que asistieron y apoyaron al joven a su llegada a la Ciudad Eterna.

El matrimonio de Giuseppe con Lorenza fue al parecer decidido y efectuado con grandes prisas, ya que tanto para un parte como para la otra no debía de ser sino un negocio;  al menos así opina el biógrafo D’Amato.  Por ello, para acelerar los trámites, se obtuvo que el Santo Oficio atestiguase la soltería del novio.  Con este objeto, Balsamo debió de aprovechar su influencia con el cardenal Orsini, pues el mayordomo de este último, Don Francesco Ovis, suministró óptimas informaciones y referencias sobre el joven;  referencias a las que se unió este ignoto capuchino palermitano, quien aseguró con la mayor desvergüenza, que Giuseppe Balsamo “era un segundo San  Francisco” (Ristretto, ff. 222-223. Proceso f. 1150).




Fuentes:          D’Amato.
Investigar:       Nombre del capuchino en documentos del Ristretto.




















GAUDENZIO



Notario romano.

Roma 1768

Escribano o notario público ante el cual Giuseppe Feliciani dotó a su hija Lorenza, el día siguiente de la boda, con ciento cincuenta escudos en dinero contante, ropa, joyas y vestidos.  En virtud del mismo contrato de matrimonio, Balsamo reconoció a su esposa una dote equivalente.




Fuentes:          Petraccone.
Investigar:       Archivo de Protocolos Notariales de Roma.




























LAVANDERA



“Maritornes” italiana, probablemente romana.

Roma 1768

Tras su matrimonio, Balsamo se instala temporalmente con su mujer en casa de los suegros, en el vícolo delle Grotte.

Los suegros declararon más tarde que apenas una semana después de la boda, el yerno intentó seducir a la lavandera que llevaba la ropa a la casa.

Roberto Gervaso afirma que Lorenza contrató a una “chica para todo”, que fue seducida por el palermitano durante una ausencia de la familia.




Fuentes:          Photiadès; Gervaso.
Investigar:       Ristretto (Lubricità).
























AGLIATA, “marqués” de  (I)



Sediciente noble siciliano.

Roma 1768
Loreto, Bérgamo. Dic. de 1768/Enero de 1768

Roma 1768

Pretendido “marqués”, amigo y patrón de Giuseppe Balsamo, así como – si hemos de creer a las declaraciones de este último – de su mujer Lorenza.

Era al parecer un gallardo aventurero, siciliano de origen .  Hombre de gran prestancia, se presentaba como coronel del ejército prusiano (del Tercer Regimiento de Brandemburgo) y ministro plenipotenciario del soberano germano.  Se dedicaba, entre otras actividades, no sabemos con cuánta autorización, a reclutar soldados para el Rey Federico.

El Compendio detalla la relación de Giuseppe con este personaje en los siguientes términos:  Habitaron varias casas los conyuges, y entretanto el Bálsamo adquirió dineros, conocimientos, y principalmente con el muy conocido Octavio Nicastro que acabó la vida en un Patibulo como reo de un homicidio alevoso, y tambien con otro que se habia hecho llamar el marques Agliata, ambos Sicilianos.  El caracter del Marques no era un punto menos que el de nuestro Conde. Enmedio de la muy confidente amistad que entre ellos se enlazó, fueron vistos encerrarse frequentemente en una sala, y estar en ella largo tiempo, no se sabe precisamente lo que allí obraban, pero se sabe por cierta person a que los observó [Lorenza], que conversando los dos un dia, el Marques tenia en la mano dos Letras [letras de cambio], y mientras confortaba la una con la otra, dixo alborozado el Balsamo que no se podia hacer mejor, indicando asi el trabajo de la falsificacion de una de las letras.  Veremos adelante las resultas de esta mala obra.  El mismo Balsamo no ha diferenciado la excelencia de su amigo en el arte de adulterar las firmas y sellos.  Ha añadido despues, que extendió á favor de sí mismo una Patente de Oficial del Rey de Prusia, en cuyo servicio decia haber estado en Calidad de Coronel, signandola tambien con el nombre del Rey Federico, con cuyo motivo dicho Balsamo, vistió el Uniforme de uno de sus Regimientos.

Agliata vivía con su secretario y demás servidumbre en la planta principal de una lujosa mansión de la Plaza de España (mansión llamada entonces Casa Angarini) frente a la embajada de nuestro país; inmueble que años después se convertiría en el famoso Albergo della Scalinata, fonda y parador de viajeros ilustres.

Balsamo debió de entrar en contacto con el “marqués” al haber conocido anteriormente al mencionado Octtavio Nicastro, miembro activo de la “organización” del Agliata.  Habiendo fracasado en su inicial intento de ganarse la vida como pintor y dibujante, el palermitano se apresuró a poner su habilidad a disposición de su noble compatriota, añadiendo – se dice – a esta disponibilidad, la de su propia mujer.  Así, para facilitar estas relaciones, las de trabajo y las otras, la pareja se estableció con armas y bagajes en la planta baja de “Casa Agliata”, especie de cuartel general  del pretendido marqués.  En efecto, y sin duda para complementar sus supuestas actividades diplomáticas, junto con las militares, Agliata era según parece cerebro y jefe de una banda de falsificadores de cédulas, pagarés y letras de cambio que, desde Roma, parece haber actuado preferentemente en territorio napolitano.

Agente principal de la banda era Ottavio Nicastro, introductor de Balsamo en la organización.  El palermitano, no sabemos muy bien cómo, aunque podamos suponerlo sin forzar demasiado la imaginación, pronto sustituyó a su paisano en el favor del marqués, quien lo envió en misión, no precisada, al Reino de Nápoles durante un mes.  Según habría de declarar Giuseppe años más tarde en el proceso romano, a su regreso de Nápoles se encontró – afirma – con que su mujer se había liado con Agliata.  El biógrafo Velázquez, que no cita sus fuentes, narra que poco antes de mudarse a casa de Agliata, durante una cena íntima de la pareja con el marqués, Giuseppe dejó sola a su mujer con el anfitrión, con el pretexto de ir a su casa a buscar unos melocotones de Zara que deseaba regalarle.

Es curioso que Lorenza, que durante el proceso de Roma confesó sin reparo alguno las diversas ocasiones en, según ella, su marido la había obligado a prostituirse con personas influyentes, siempre negó enérgicamente haber tenido nada que ver con Agliata.  Giuseppe, por su parte, declaró textualmente en el mismo proceso:  “Durante los pocos meses de su cohabitación en Roma con el Agliata en casa Angarini, y durante su partida de Roma hacia Bérgamo, la propia mujer estuvo siempre y también por la noche con el referido Alliata, sin que él pudiese impedirlo por temor a este hombre respetado en todas partes.”  También declaró en el mismo interrogatorio “que desde el principìo había sospechado sobre la cualidad del Alliata, porque le parecía inverosímil el grado que ostentaba”, añadiendo haber sorprendido a su “Coronel” fabricando sellos falsos.




Fuentes:          Compendio; D’Amato; Ristretto; Velázquez.
Investigar:       Crónicas romanas de la época. Posible relación con familia  Agliata
                        de Palermo. Posible carrera militar anterior en ejército prusiano.








NICASTRO, Ottavio

.... – 1769?

Delincuente siciliano.

Roma 1768

Era natural de Mesina, según el biógrafo Velázquez.

Nicastro era una especie de secretario, mayordomo y cómplice (incluso cocinero, afirma D’Amato) del pretendido marqués de Agliata.  Vivía en casa de este último.

Según Photiadès, Nicastro, resentido porque Balsamo le había suplantado en la confianza de su jefe, abrió los ojos del padre de Lorenza, con quien le unía cierta amistad, contándole que su yerno se dedicaba a falsificar documentos y letras de cambio, instándole a que lo denunciase.  Nicastro odiaba “sicilianamente” a su aprovechado compatriota, el cual le repagaba con la misma moneda, habiéndole vaticinado que moriría en la horca, como efectivamente ocurrió.  Más adelante, Cagliostro habría de manifestar, con cierta jactancia, que dicho vaticinio fue  su primera profecía que se había cumplido al pie de la letra..

No aparece muy clara la relación de Giuseppe Feliciani con Nicastro.  D’Amato, basándose en un estudio exhaustivo de los documentos disponibles del proceso, demuestra que fueron ambos los denunciantes.  En efecto, el “ottonaro” denunció a la hija al Gobernador de Roma, Eminentísimo Casali, como “meretriz adúltera”, y a su yerno como instigador, mientras que Nicastro denunciaba a su patrón Agliata y a Balsamo como falsificadores, ante el Bargello (Alguacil Mayor de la Policía Pontificia).

Según D’Amato, Nicastro era un espía del Bargello, que se había introducido en la organización del Agliata.  No obstante la solvencia de este biógrafo, no estamos demasiado convencidos de la veracidad de esta versión.  Para Photiadès, el  siciliano intentó convertirse en informador de la Policía Pontificia para alejar de sí las sospechas de un asesinato.  Aunque no conocemos los detalles del caso, lo que sí está probado es que terminó sus días un año más tarde “ahorcado en una plaza de Nápoles convicto de robo con homicidio” (D’Amato).

No se sabe exactamente cómo llegaron a enterarse Giuseppe y el marqués sobre ambas denuncias.  Según un autor, creemos que Photiadès, Pasqua Feliciani debió de advertir a su hija.  El caso es que decidieron “hacer las maletas” a toda prisa y huir en dirección a Alemania, donde es evidente que el Agliata disponía de contactos y, posiblemente, protecciones.  Así, el día 20 de diciembre de 1768, se ponen en camino.

Fuentes:          Compendio; Photiadès; D’Amato.
Investigar:       Crónicas romanas y napolitanas de la época.
AGLIATA, “marqués de”  (II)



Sediciente noble siciliano.

Roma 1768
Loreto, Bérgamo. Dic. de 1768/Enero de 1769

Loreto, Bérgamo. Dic. de 1768/Enero de 1769

Partieron los dos dichos,  – prosigue el Compendio -  y con el Marques Agliata iba la muger de Balsamo en una calesa, y en otra iba él con el Secretario de Agliata ...  Fueron en efecto ambos conyuges mantenidos á toda costa por el Agliata, y tomando el camino acia Venecia por la via de Loreto llegaron á Bérgamo, y en el camino cometieron algunas maldades.  Fueron vistos muchas veces encerrarse solos en una sala; pero ninguno vió seguramente lo que hacian, mas resultó que teniendo cartas de recomendación dirigidas á varios sugetos, imitaron y falsearon otras con cuyo uso estafaron no pocas sumas de dinero.

El secretario en cuestión, que hacía también las veces de “valet” para el Agliata, era un abate alemán, lo que demuestra las relaciones del marqués con el Estado prusiano.  Muy posiblemente, Agliata, aparte sus otras actividades, debía de ser una especie de agente o espía al servicio de Berlín. 

La comitiva hizo una parada en Loreto, seguramente a instancias de Lorenza, que deseaba vivamente visitar el famoso Santuario, pues a pesar de su vida desarreglada, fue siempre religiosísima, con la supersticiosa y pagana religiosidad de una hembra del bajo pueblo romano.

En Loreto, Giuseppe falsificó una carta de recomendación (legítima) a nombre del cardenal Orsini, a la que añadió una postdata (menos que legítima) solicitando un anticipo de fondos.

Llegados a Bérgamo, población perteneciente a la República de Venecia, Agliata y Balsamo se presentaron como “Coroneles al servicio del Rey de Prusia” ofreciendo reclutar soldados para el ejército del Gran Federico:  Se detuvieron algunos dias en Bergamo en reclutar y enganchar, y descubiertos por el Govierno, el Balsamo y su muger, y la familia [se refiere al secretario o criado] del Agliata (el qual pocas horas antes oportunamente se habia huido) fueron arrestados, y despues de haber sufrido los oportunos exámenes fueron desterrados de aquella Ciudad.  Agliata, olfateando el peligro como más diestro en tales lides, había huido en compañía de su secretario, teniendo la precaución de llevarse consigo todos los fondos de la comitiva, dejando a la pareja en manos de la justicia y en la más absoluta miseria.

Balsamo declaró no saber nada sobre las actividades del marqués, y de estar a su servicio como simple criado, logrando así escapar a una situación que hubiera podido costarle la vida, o por lo menos la cárcel, dadas las severas penas previstas para los falsificadores.

Cabe preguntar hasta qué punto en ésta, como en otras ocasiones difíciles, la dulce belleza de la jovencísima Lorenza no enterneciera los ásperos corazones de polizontes y magistrados.  En este caso, por lo menos, la mujer salvó al marido escondiendo en el ya generoso seno unas cuantas cédulas falsas, que luego rompió en pedazos a la primera oportunidad:  En el acto del arresto le entregó el  marido á la muger un lio de cedulas, encargandole que las rompiese para salvar la vida, y ella tomó el partido de ocultarlas en el pecho, y logró el momento de no ser vista por alguno, y las hizo menudisimos pedazos, observó en tal ocasion que las letras no tenian las acostumbradas marcas, por donde se conociese la malicia de la suplantacion para hacerlas creer en el uso, y que cotejandolas con otras quedase indiscernible el vicio. [las tales cédulas y letras de cambio carecían naturalmente de las marcas de las originales; para disimular este detalle, se manoseaban y arrugaban, forrándolas con papel blanco]  Por la declaracion de su muger sabemos que el Balsamo no dexó posteriormente el pensamiento de proseguir esta mala obra.

Tras quince días de detención, marido y mujer se encontraron en la calle con lo puesto y sin un céntimo, si no indocumentados por completo, con una hoja o pasaporte de destierro expedido por los magistrados de la “Serenísima”.  Según declaraciones de Lorenza, en aquella ocasión su marido le dijo textualmente:  “Si no hubiera hecho la ....coglionata ... de falsificar la carta de recomendación del cardenal Orsini para conseguir dinero en Loreto, me volvería a Roma.”  ... hubiera querido el Balsamo retroceder y volver á Roma, si el temor de pasarlo mal por la simulacion de las cartas comendatorias, no se lo impidiese.  En realidad, hubiera podido muy bien hacerlo, al menos por lo que respecta al cardenal:  en efecto, cuando al cabo del tiempo éste se enteró del asunto, lo tomó a broma y no le dio ninguna importancia.

Así terminó la relación de Giuseppe y Lorenza con su protector el “marqués”, dando inicio a un interminable peregrinaje por toda la geografía europea y mediterránea.

Mas antes de cerrar este capítulo, cabría preguntarse, y en su caso, investigar, la posible relación de nuestro marqués con el noble siciliano realmente titular del marquesado en cuestión, a saber, el marqués Giuseppe Agliata, caballero de la Orden de Malta, a quien Balsamo engañó en Palermo hacia el año 1763 con los pretendidos “mensajes” de su prima.  Pudiera quizás tratarse de un segundón, “oveja negra” de la ilustre familia, siendo probable que hubiera servido en el ejército prusiano.




Fuentes:          Compendio; D’Amato; Petraccone; Photiadès.
Investigar:       Posible carrera militar de Agliata en ejército prusiano.  Arbol
                        genealógico de la familia Agliata.  Crónicas romanas. 
GOBERNADOR de Loreto



Gobernador italiano cuyos datos desconocemos.

Loreto. Dic. de 1768

Photiadès cita la declaración de Lorenza ante la policía de París (1772) donde afirma que, al llegar a Loreto, Agliata y Balsamo se presentaron al Governatore con una carta de recomendación del cardenal Orsini, a la cual habrían añadido una postdata solicitando un anticipo de cincuenta cequines.




Fuentes:          Photiadès.
Investigar:       Nombre del Gobernador.  Datos sobre el Santuario.




























ABATE-SECRETARIO



Ciudadano germano, secretario del “marqués” de Agliata.

Roma, Loreto, Bérgamo. Dic. de 1768/Enero de 1769

“Familia del Agliata”, cómplice de su patrón, acompañó a éste en su huída de Bérgamo.  La calificación de abate y secretario la debemos a Roberto Gervaso.




Fuentes:          Compendio; D’Amato; Gervaso.































CAMBISTA de Savona



Cándido cambista local a quien Giuseppe “colocó” una letra de cambio falsa.

Savona (Liguria).  Abril/Mayo de 1769

“A grandes males, grandes remedios”, reza el refrán popular.  Balsamo, a corto de recursos pero no de inventiva, concibe la peregrina idea – valga la redundancia – de inventarse una peregrinación a Santiago de Compostela, para así ir sacando limosnas suficientes para para ir viviendo, declarando que hacían esta piadosa marcha como penitencia impuesta por haber contraído un matrimonio clandestino.  Probablemente, como veremos, fueron aderezando esta versión “sobre la marcha” según fueron progresando, en pequeñas etapas, en su itinerario por el norte de la península italiana, entonces dividida en varios estados y posesiones (República de Venecia, Principado de Trento, Lombardía, Piamonte, República de Génova ...).

Entre la expulsión de Bérgamo y la llegada de Giuseppe y Lorenza a tierras genovesas, en dirección a España, existe un paréntesis del cual es bastante poco lo que se conoce.  Teniendo en cuenta la orografía y la inclemencia de los inviernos en el norte de Italia, y carentes de recursos, debieron sin duda detenerse en espera de la primavera en algún lugar del camino (creemos que Milán, donde debieron “legalizar” su situación consiguiendo el necesario permiso eclesiástico para efectuar la peregrinación).

Buscando nuestro acostumbrado refugio en el Compendio  leemos lo siguiente:  Desterrados como digimos de allá [Bérgamo], se hallaron en una extrema miseria, por quanto se lo habia llevado todo el Marques Agliata ....  Determina por tanto con su muger emprender una peregrinacion á Santiago de Galicia.  El quiso hacer creer á sus conocidos que esto fuese impulso de piedad, en penitencia por sus pecados y los de su muger, pero en realidad no fueron á aquel Santuario;  él mismo ha declarado á dichos sus amigos, que habiendo hallado mejor modo de vivir en la manera que despues veremos, dexó al instante aquel pensamiento y todo el completo de las acciones que ahora se expondran demostrarán su clara intención.

Así, llegado el buen tiempo, abandonan Milán y se dirigen hacia tierras genovesas en su camino, pasando probablemente por Turín, capital de los Estados del Rey de Cerdeña, sin que por otra parte exista traza alguna de su paso por dichos territorios.  Sí dejaron, al parecer, huella de su presencia en la marítima república “colocando” a un cambista una cédula falsa de 25 escudos, salvada de la catástrofe bergamasca o quizás confeccionada “strada faccendo”.  Esta última es, entre paréntesis, la versión del Compendio:  En el siguiente viaje que emprendió ....  procuró falsificar una carta con las marcas dichas de un pais de la Rivera de Genova, con cuyo uso falsificó una Letra de 25. escudos, y fraudulentamente la hizo cambiar en Sabona. 

Fuentes:         Compendio; Compagnoni; Herrero.
OBISPO de Savona



Prelado italiano.

Savona (Liguria).  Abril/Mayo de 1769

Durante el proceso de Roma, Cagliostro confesó haberse presentado con su mujer al Obispo de Savona, “pero sólo para solicitar una limosna” (¡oportuna aclaración!). Monseñor Barberi no hace mención de este episodio.

D’Amato, por su parte, afirma que el palermitano estafó al buen obispo con una cédula falsa, según él salvada del “naufragio” de Bérgamo (pues al parecer, Lorenza no las habría destruido todas).  Nos parece más probable la versión del propio Cagliostro.

Cobrada la cédula y recibida la limosna, cabe suponer que la pareja no tardó ni un minuto en poner tierra por medio y abandonar la genovesa con la mayor rapidez,  ciertamente no excesiva, que les permitían sus escasos medios económicos y los deficientes y primitivos sistemas de transporte de la época,   Viajando por la costa, siguen la romana Via Aurelia, probablemente a pie la mayor parte del camino, dejan atrás la frontera italiana y se adentran en territorio francés;  y al término de esta etapa van a dar con sus (suponemos) cansados huesos en la pequeña ciudad portuaria de Antibes.




Fuentes:          D’Amato; Herrero.
Investigar:       Historia eclesiástica de Savona.  Datos sobre el obispo.
















OFICIALES DE MILICIA

Militares franceses.

Antibes.  Mayo de 1769

Hacia finales del mes de abril o primeros de mayo de 1769, Giuseppe y Lorenza llegan,  probablemente a pie, a la plaza fuerte y puerto de Antibes, en los Alpes Marítimos franceses.  Primera etapa gala de su pretendida peregrinación a Santiago de Compostela.

Habiendo ambos tomado el abito de peregrinos, atravesaron los Estados de Cerdeña y Génova, y se fueron á Antivo.  Vivieron este tiempo de la limosna que juntaron con abundancia, diciendo que hacian esta peregrinacion por penitencia por haber contraído un matrimonio clandestino.  Por haber escaseado la limosna, el marido solicitaba á la muger á que la hiciese muy abundante con la torpe industria de sí misma, y en medio de las amenazas que á tal efecto le hacia muchas veces, juntaba tambien estas reflexiones de impiedad:  de qué te sirve tu virtud?  así te asiste tu Dios? no ves la miseria con que te oprime? ....
En Antivo algunos Oficiales de Milicia esperimentaron los efectos de estas sugestiones;  con el dinero habido de ellos, y con otro pedido prosiguieron los conyuges su camino hasta llegar a Barcelona ...

Sobre la estancia de los jóvenes peregrinos en Antibes existen otras versiones, menos vergonzosas para la pareja.  Podemos mencionar al respecto la del “anónimo” – lombardo por más señas –  abate Compagnoni di Lugo, contemporáneo de Cagliostro y autor de unas curiosísimas Memorias Secretas sobre el personaje escritas y publicadas – en forma de correspondencia epistolar -  en la época del proceso de Roma;  es éste un interesante trabajo que recoge bastantes rumores y fantasías, no obstante lo cual todo parece indicar que el autor tuvo un cierto acceso a parte de la información resultante de los interrogatorios.  Otra versión es la de nuestro compatriota, el escritor sevillano José Velázquez y Sánchez, autor de una por muchos conceptos excelente biografía (pese a sus numerosos errores e inexactitudes), biografía publicada en 1782, y que por cuanto nos parece es la primera digna de tal nombre debida a la pluma de un español.

Según Compagnoni, autor sumamente contrario a Cagliostro, “un viejo Capitán inválido, cojo y manco, se compadeció de los viajeros y les socorrió con algún dinero.”  Velázquez, por su parte, narra que estando alojados Balsamo y su mujer en una modesta posada, algunos militares de paso por la ciudad, por la tardanza en recibir sus boletos de alojamiento, ocuparon en tropel todas las posadas, cometiendo hurtos y otros abusos, y robaron las alforjas en las cuales el matrimonio guardaba sus escasas posesiones.  La pareja se quejó al coronel del regimiento y al alcalde de la ciudad – probablemente Balsamo envió a Lorenza a presentar la queja –  con el resultado de que el coronel castigó a los soldados culpables y abrió una suscripción entre la oficialidad, suscripcion que alcanzó la suma de veintitrés escudos.

En conclusión, tanto si el “Capitán” de Compagnoni y el “Coronel” de Velázquez son indudablemente la misma persona, no parece que se justifique –  en este preciso caso particular –  la tesis de las forzadas prostituciones de Lorenza.




Fuentes:          Compendio; Compagnoni; Velázquez.
Investigar:       Más datos sobre Antibes en 1769.





































OFICIAL FRANCÉS



Compasivo militar francés.

Antibes.  Mayo de 1769

Oficial al mando de un grupo de soldados que, alojados en la misma posada que Giuseppe y Lorenza, les robaron algunos efectos.  Ante las quejas del matrimonio, habría organizado una colecta entre sus oficiales para ayudarles, prometiendo – añade Velázquez – dar una carrera de baquetas a los culpables.

Indudablemente, es la misma persona que Compagnoni identifica como “viejo Capitán  inválido”.  Naturalmente, el Compendio atribuye los socorros a las gracias de la joven romana, obligada a prostituirse por el sinvergüenza de su marido.




Fuentes:          Velázquez; Compagnoni; Compendio.

























ALCALDE de Antibes



Maire francés.

Antibes.  Mayo de 1769

El Municipio de Antibes, a propuesta de su Alcalde, compadecido de los jóvenes viajeros, acordó expedir nuevos pasaportes a los cónyuges, que probablemente aprovecharon la ocasión para alegar la pérdida de los propios, incluyendo la carta eclesiástica, documento que autorizaba la peregrinación, junto con el derecho a solicitar limosnas y socorros por el camino.




Fuentes:          Velázquez.




























CAPITÁN del Bergantín Leggiadro

Marino genovés.

Antibes.  Mayo de 1769

Capitán de un mercante genovés.  Creemos se trate de otro de los personajes imaginarios que aparecen en algunos – bastantes – trabajos sobre las aventuras de Cagliostro.

Según Velázquez, que probablemente recogió el “dato” del autor francés Jules de Saint-Félix (Aventures de Cagliostro.  París 1854) en Antibes Giuseppe y Lorenza se embarcan rumbo a Barcelona en un bergantín genovés, nave de la cual se menciona incluso el nombre, Leggiadro.  Añade Velázquez que el tal capitán, compadecido de los peregrinos “sólo les cobró la mitad del viaje”.

Versión ésta que no concuerda en absoluto con la del Compendio romano, según la cual, los jóvenes viajeros continuaron viaje por tierra.  Además, si se nos permite un comentario irónico, cabría observar que, para cualquier italiano no lígur, tamaña generosidad por parte de un genovés bastaría para poner en duda – si no para invalidar por completo – la tesis del viaje marítimo de la pareja.




Fuentes:          Velázquez;  Saint-Félix.




















CASANOVA DE SEINGALT, Giovanni Giacomo, caballero  (I)
 
1725-1798

Célebre aventurero veneciano.

Aix-en-Provence.  Mayo de 1769
Venecia.  Julio de 1778
Aix-les-Bains 1788

Aix-en-Provence.  Mayo de 1769

Quien haya leído las Memorias del gran Casanova, o consultado una buena biografía, recordará que durante su viaje a España en 1768, el veneciano fue encarcelado en la Ciudadela de Barcelona (diciembre de 1768) por orden personal del Capitán General de Cataluña, conde de Ricla, por haberse atrevido a mantener una relación con la conocida bailarina, también veneciana, Nina Bergonzi, amante oficial – e infiel - del conde.  Personaje éste con el que pronto habrían  de trabar conocimiento Giuseppe y Lorenza, y muy especialmente esta última.

Liberado de su prisión, abandona España y viaja a Aix-en-Provence, donde se detiene algún tiempo, coincidiendo en su albergue con el matrimonio Balsamo.

Testimonio excepcional del paso de Giuseppe y Lorenza por Aix, Casanova relata  con bastante detalle su encuentro con los jóvenes peregrinos.  Aparte su valor anecdótico, la relación de este encuentro es tanto más importante por cuanto nos permite establecer con más precisión las fechas aproximadas del primer viaje de la pareja a nuestro país.

Cuenta el veneciano, que por aquellas fechas acababa de cumplir los cuarenta y cuatro años de edad, que en efecto coincidió con el matrimonio en la capital provenzal, y precisamente en el “Albergue de los Tres Delfines” y que.compadecido sobre  todo de la jovencísima esposa, invitó a cenar a la pareja. desinteresadamente y sin ulteriores miras (en parte – admite cándidamente – por encontrarse convaleciente de una grave enfermedad).  También organizó una colecta para ayudar a los jóvenes a proseguir su viaje, siendo muy favorablemente impresionado por el talento artístico del siciliano, que le mostró algunos de sus diseños a pluma, incluyendo una copia, perfecta, de un dibujo de Rembrandt.

Casanova había llegado a Aix desde Barcelona con  el propósito de asistir a las fiestas del Carnaval del año 1769, y sobre todo a las del Corpus, famosas en toda Europa.  Según nuestros cálculos, el Carnaval comenzó el domingo 25 de enero de aquel año, y Casanova permaneció en Aix desde finales de enero hasta el Corpus, que tuvo lugar el 25 de mayo.  Analizando esta parte del relato, cosa que otros biógrafos, citando probablemente de memoria no han hecho, el encuentro con Balsamo y Lorenza debió de producirse hacia mediados del mes de mayo.

El veneciano nos ha dejado una breve pero gráfica descripción de la pareja, y muy especialmente, claro está, de la mujer, cuya belleza no dejó de conmoverle, como experto en tales estéticas apreciaciones.  Se tropezó primero a Giuseppe, ocupado en coser conchas de peregrino en su negra capa de hule, y lo recuerda con estas palabras:  “Demostraba veinticuatro o veinticinco años.  Era bajo pero bien proporcionado:  su cara, casi espectral, mostraba los rasgos de la audacia, del descaro, del sarcasmo y de la desvergüenza ...”  “en evidente contraste con su joven esposa, cuyo rostro no reflejaba sino “la nobleza, la modestia, la ingenuidad, la dulcura, y aquel pudor tímido que tanta gracia concede a las jovencitas.”

“Ella era – añade – extraordinariamente intreresante por su extrema juventud, por su rara belleza velada por una expresión de extraña melancolía, y por un crucifijo de metal amarillo, de seis pulgadas de longitud, que tenía entre las manos.”

Cabe observar, a título de curiosidad, que el nombre del Albergue donde se produjo el encuentro, y que todavía existe en la actualidad, no era “Los Tres Delfines” sino “Los Cuatro Delfines”;  establecimiento hostelero situado en la calle Roux Alphèran, a dos pasos de la encantadora y recoleta Plaza de los Cuatro Delfines, en el histórico Quartier Mazarin, zona residencial construida en el sigle XVII por iniciativa del Cardenal Arzobispo Michele Mazarino, hermano del célebre cardenal de dumasiana memoria.  No hay que olvidar que Casanova escribía sus recuerdos para consolarse de las desgracias de la vejez muchos años después de los episodios que relata, generalmente con una precisión increíble de datos, fechas y circunstancias, pero pudiendo fallar a veces en detalles de menor importancia, tales como, en este caso específico, el nombre exacto de alguno de los innumnerables establecimientos hoteleros que tuvieron el honor de acogerlo en sus eróticas y rocambolescas aventuras.  Es triste constatar, dicho sea de paso, que el establecimiento en cuestión no ha mantenido el recuerdo del gran amador veneciano, ni tanto menos el del futuro Conde de Cagliostro.

En efecto, la bonita e histórica ciudad de Aix-en-Provence, encrucijada de caminos entre Francia, España e Italia, no parece haber dado gran importancia al paso, siquiera breve, de los dos grandes aventureros italianos del siglo dieciocho.  Eso sí, tiene el privilegio de acoger en su magnífico Museo Granet el famoso busto del Conde, obra genial del escultor francés Jean-Antoine Houdon, reliquia inestimable tristemente relegada en oscura hornacina de una escalera secundaria del Museo, en la parte que no se muestra al público.  Aunque, si lo pensamos mejor, mejor es que sea así, y que solamente el viajero interesado tenga la oportunidad de buscarlo y admirarlo, sin tener que compartir tal experiencia con visitantes indiferentes y desinteresados. 

Cabe observar, como un ¿azar del destino? que el busto del siciliano, retratado en la plenitud de su gloria por Houdon, alza al cielo los ciegos ojos de mármol en su último destino del Museo Granet, situado simbólicamente en el antiguo palacio del Priorato de la Orden de Malta, tan íntimamente vinculada a la leyenda – y a la realidad – del taumaturgo.

La mayoría de los biógrafos sitúa el encuentro entre Casanova y Giuseppe Balsamo durante el viaje a España, lo cual está plenamente de acuerdo con la realidad.  No es tampoco menos cierto que, según el veneciano, la pareja le contó que venían a pie desde Santiago, y que se dirigían, también a pie, a Turín, rogándole les proporcionase cartas de recomendación para Aviñón.  Nos encontramos, bien ante un fallo de la memoria del caballero o bien, lo más probable es que Balsamo y su mujer mintieran dando ya por realizado el viaje a Santiago de Compostela, adonde sí es seguro que nunca fueron.  Basta estudiar la cronología cagliostrana para concluir sin olugar a dudas que el encuentro se produjo en el viaje hacia España.

Pocos son los autores – creeemos que dos – que han puesto de relieve esta contradicción:  el español Federico Oliván y el francés Ribadeau Dumas.

Los diversos biógrafos dan fechas contrastantes sobre este primer viaje de nuestra pareja a España.  Hay quien menciona el año 1771, mientras que otros “se decantan”, que se diría ahora, por 1769 o 1770.  No obstante esta disparidad de opiniones, el simple estudio de los datos disponibles permite centrar las fechas aproximadas del primer viaje y estancia en España con bastante precisión.  Para ello, partimos de la base de dos fechas que no ofrecen duda alguna.  La primera es la del matrimonio, celebrado como ya se ha visto en Roma el 20 de abril de 1768;  la segunda es la fecha – documentada – de la llegada de los Balsamo a Londres, procedentes de Lisboa, exactamente el 3 de agosto de 1771.  Entre esas dos fechas, tenemos las del encuentro con Casanova en la ciudad de Aix, a mediados de mayo de 1769.

La biografía completa del veneciano exigiría tantos volúmenos como sus magníficas Memorias, más populares, desgraciadamente, por el relato de sus eróticas aventuras que por su fiel descripción de toda una época, la del brillante y barroco siglo dieciocho.

Casanova nace en Venecia el 2 de abril de 1725, y muere en el castillo de Dux (Bohemia) el 4 de junio de 1798.  Era el hijo mayor de un actor veneciano de origen español (creemos que catalán), que falleció cuando Giacomo tenía ocho años, dejando otros dos hermanos y uno en camino.

Destinado en principio a la carrera eclesiástica, en 1740 recibe órdenes menores.  Estudia luego leyes en Padua, vuelve a Venecia, donde es arrestado por una intriga.  Días después escapa a Nápoles, donde hace de secretario al cardenal Acquaviva.  Obligado a huir, sienta plaza como militar al servicio de Venecia, y en 1743 acompaña al embajador Veniero a Constantinopla, donde es muy bien acogido, tanto que llega a acariciar la idea de hacerse musulman y casarse con una noble dama turca.  Marcha después a Corfú, de donde se ve obligado a escapar para evitar ser encarcelado por deudas.  En 1745 regresa a Venecia, abandona el servicio militar y se coloca como violinista en el teatro de San Samuel.  Posteriormente es protegido y adoptado por el senador Bragadino, a quien según él, habría salvado la vida.  Deja Venecia y viaje por la Península italiana, pasando por Milán, Mantua, Cesena, Parma y otras ciudades.  Durante los años 1750 a 1752 permanece en París, donde se relaciona con los mejores poetas y literatos de la época.  De París a Dresde,  Praga y Viena.  De regreso a Venecia se relaciona con el embajador francés De Bernis.  Por ciertas intrigas resultantes de su vida disoluta, la Inquisición lo encierra en los Plomos en 1775, siendo condenado a cinco años de prisión.  Su clamorosa evasión el 1 de noviembre de 1756 le hace enormemente popular en toda Europa.  Se refugia en París, donde Bernis le consigue el nombramiento de director de la lotería.  En este encargo, crea una estructura tan eficiente que perdurará hasta el año 1836.  Crea igualmente una fábrica de tejidos, lo que, unido a unas afortunadas especulaciones, le procuran bastante dinero, así como la amistad de los personajes más influyentes de la corte.  En diciembre de 1759 efectúa nuevos viajes, por Holanda, Alemania del Sur y Suiza, trabando conocimiento con Haller y Voltaire.  Sucesivamente, recorre la Saboya, Mediodía de Francia y Alta Italia;  llega a Florencia, de donde es expulsado por las autoridades.  Marcha a Roma, donde el Papa le concede la Espuela Dorada, y luego a Nápoles.  Al año siguiente, viaja por Alemania e Italia; luego se va a Londres, donde se ve obligado a huir, complicado, inocentemente, en una falsificación de letras de cambio.  En 1764, el Rey Federico de Prusia le ofrece una plaza de maestro de cadetes, plaza que no acepta, pues había esperado mercedes muy superiores y más en consonancia con sus talentos.  Visita Riga, San Petersburgo (donde es recibido por Catalina II) y Varsovia, donde conoce al rey Poniatowski.  En esta última ciudad, un duelo a pistola con el mariscal de la Corona Branicki, le obliga a abandonar el país precipitadamente, marchándose a Dresde, y luego a Viena, donde la policía le obligó a seguir su camino.

Decide volver a París, donde viéndose amenazado por una Lettre de Cachet, se dirige a España en 1768.  Desterrado de Madrid tras su arresto en la cárcel del Buen Retiro, marcha a Barcelona, donde sus veleidades con su paisana la bailarina Bergonzi le procuran la enemistad del poderoso Capital General de Cataluña, quien lo hace arrestar en la Ciudadela.  Finalmente libre, marcha a Aix-en-Provence.  Allí, como se ha visto, conoce al futuro Conde de Cagliostro y a su mujer, flamantes peregrinos de paso por la capital provenzal.

Posteriomente fija su residencia en Italia hasta el año 1774.  Vuelto a su patria casi en la indigencia, se pone al servicio de la Inquisición como agente de policía, por no decir espía, pura y simplemente.  Una sátira contra el patricio Grimani, le obliga a abandonar el territorio de la Serenissima en 1782.  Tres años más tarde, pasa al servicio del conde de Waldstein, a quien había conocido en París.  El conde se lo llevó a su castillo en Bohemia, donde permaneció más de doce años en calidad de bibliotecario.  Desde este su refugio, viejo y amargado, asiste al derrumbamiento del brillante escenario de sus hazañas y aventuras, que refleja fielmente en sus Memorias.

Hombre de gran inteligencia, elegante y bien parecido, de gran estatura y fuerza física, valiente y atrevido, fue también un consumado duelista.  Sin olvidar, naturalmente, sus legendarias proezas amatorias, que le hicieron famoso y popular en todo el mundo contemporáneo y futuro.






Fuentes:          Casanova; Petraccone; Espasa; Herrero
Investigar:       Segundo encuentro (¿Venecia o Aix-les-Bains?).  Quizás desplazar nota
                        biográfica.







































CONFESOR



Religioso – posiblemente italiano - de la Orden del Espíritu Santo de clérigos regulares menores (desaparecida), del Convento de San Sebastían (también desaparecido).

Barcelona. Junio de 1769

Nada se sabe de preciso sobre el período comprendido entre el momento en que Giuseppe y Lorenza se marchan de Aix-en-Provence y su llegada a Barcelona hacia finales de mayo o principios de junio.  El Compendio, por su parte, sólo menciona la estancia en Antibes como última etapa en el camino hacia la Ciudad Condal, y sólo gracias a Casanova conocemos que también se detuvieron en Aix-en-Provence. 

... con el dinero habido de ellos,  [los militares de Antibes] y con otro pedido prosiguieron los conyuges su camino hasta llegar á Barcelona, donde se detuvieron cerca de seis meses [debieron de ser sólo cuatro].  Faltándoles despues el dinero para mantenerse, instruyó el marido á la muger que se fuese á confesar a una iglesia vecina á su posada perteneciente á unos Religiosos, y que le supusiese al Confesor que ambos eran de ilustre Linage Romano, que habían contraído un matrimonio Clandestino, y que por falta de oportunas remesas se hallaban en necesidad.  Lorenza siguió la instrucción, y el Confesor la creyó, y le suministró alguna, aunque corta, suma de dinero, y al día siguiente la invió un regalo, y pasando después á visitarla saludó a ambos con el título de Excelencia.  Esta ficción la han declarado ambos, pero el marido quiso atribuir á la muger, la invención y la conducta.  El regalo en cuestión, era, para la precisión histórica, un magnífico jamón, donativo no despreciable en aquellos tiempos, ni tampoco, dicho sea de paso, en los nuestros.  Jamón procedente – suponemos – de la bien provista despensa conventual.

Resulta un tanto sorprendente y curioso que el empeño investigador de los inquisidores romanos llegara, ayudado por la verbosidad del imputado y su muger, a apurar detalles tan nimios, pero al fin y al cabo no faltos de interés para la pequeña historia de la historia también pequeña que  nos ocupa.  Puede ocurrir que algún lector fastidioso y detallista, que también los hay, nos haga observar que nuestra cita del Compendio barberiano sólo hace referencia a “un regalo”, sin mayores precisiones.  Atribuya la culpa no a  nosotros, modestos mas fieles y minuciosos cronistas, sino al anónimo traduttore-tradittore de la versión española.  En efecto, el original italiano reza como sigue:  nel giorno seguente le mandò a regalare un presciutto.  Quede pues registrada en los libros de la Historia, o al menos en éste, la naturaleza alimenticia, porcina y suculenta del frailuno regalo.

Afirma Velázquez que fue la mujer quien tuvo la idea de la confesión, oportunidad que aprovechó para cambiar más a su gusto la fábula del matrimonio clandestino.  En efecto, ella se presentó al confesor, no como plebeya casada con un noble caballero, sino como noble dama casada con un plebeyo. Lo que debió de sorprender notablemente al marido, poco acostumbrado a que su mujer pensara por su cuenta.
La célebre confesión, que debió de tener lugar en el mes de junio de 1769, la relata Velázquez con profusión de detalles.  Cuenta en primer lugar que, al segundo día de su llegada a Barcelona, Lorenza salió muy temprano y de mañana envuelta en su manto veneciano de felpa negra, con su rosario oriental en la mano, con medallas, reliquias y el escudito de oro con la tiara y las llaves, signo de la bendición de Su Santidad.  Cuenta también la historia de la confesión, la visita del fraile, etc.  Luego relata la visita de un “Eclesiástico” que saludó a Giuseppe con el título de Excelencia, informándole que venía de parte de su Prelado para auxiliarles a huir del resentimiento de los deudos de la condesa, diciéndoles que mientras no llegaran de Nápoles los fondos del marqués Ricotti, anciano tío de la dama, tendrían cincuenta pesos de asignación mensual, reembolsables a la Caja de Pobres de la Mitra, y les entregó cinco escudos de a ochenta reales “en un papel de dobleces prolijos”, etc.

Así, tras la visita – o visitas – del fraile confesor a la pareja, entra en escena inmediatamente un nuevo personaje eclesiástico:  Entre tanto – relata el Compendio – el celo del Parroco de aquella feligresía, los puso en alguna consternación, porque entrando en sospechas de ellos les pidió la partida de su Matrimonio, la qual no traían consigo. (Probablemente, suponemos nosotros, la habrían perdido en Antibes).

El buen párroco, convencido y compadecido, de la difícil situación en que se encontraba la pareja, y sobre esto ciertamente no mentían a nadie, decidió socorrerlos monetariamente, esta vez con bastante más generosidad que el confesor (jamón excluído) y, según autor, con  miras algo más interesadas que el primero.

Continuando con la versión del biógrafo Velázquez, éste nos dice lo siguiente:  “Ausentándose de Barcelona el crédulo confesor de Lorenza, se presentó a verlos el rector, sobrino y secretario particular del Prelado.  Este rector, secretario y capellán del Santo Oficio de Zaragoza, y párroco más antiguo de Barcelona, se extrañó de que no se hubieran presentado a él para inscribirse en el padrón eclesiástico y para enterarle como padre espiritual de sus necesidades y falta de recursos.  Al mismo tiempo, hacía saber a la Condesa que para tranquilizar a Su Ilustrísima sobre ciertos socorros a legítimos consortes, convendría presentar la fe de casamiento, o indicaciones terminantes de parroquia, año, mes y día.  Balsamo contestó que al día siguiente iría en persona a la Casa Rectoral para satisfacer esta exigencia, y proporcionar la documentación necesaria, de acuerdo con el cónsul del Reino de Nápoles, que había intervenido en otro asunto de grande empeño para ellos.  Giuseppe inmediatamente falsificó un despacho del Conde Grotta, ministro de Nápoles en la Corte de Madrid, suplicando a la Señora Condesa de Fénix se presentara en Madrid con su esposo el capitán D. Thiscio Napolitano, a fin de enterarlo de graves asuntos de familia y de cartas del Señor Marqués de Ricotti, su tío ...  El Rector cayó en el lazo y condujo Balsamo a presencia de Su Ilustrísima, quien llamó a su mayordomo, encargándolo diera 100 pesos al Capitán Don Thiscio para trasladarse a Madrid,.”

Sobre las relaciones de la pareja con los medios eclesiásticos y conventuales de la ciudad de acogida, no se había logrado hasta ahora, ni por otra parte se había intentado, precisar en absoluto los detalles de la estancia de los peregrinos en la Ciudad Condal, más allá de las informaciones contenidas en el Compendio, única fuente en que se han basado los pocos biógrafos que tratan esta parte de los viajes de Cagliostro.  Nadie tampoco ha intentado identificar la iglesia donde se confesó Lorenza, lo que hubiera permitido conocer igualmente, si no hubieran desaparecido los archivos, al menos el nombre del Párroco y, menos fácilmente, el del Confesor, los dos religiosos (a los que nosotros añadiremos un tercero) que debieron visitar a los peregrinos en una constante procesión eclesiástica a su posada.

Hemos tenido personalmente la fortuna de resolver estas incógnitas, al menos en parte, incógnitas que, si no se habían esclarecido hasta ahora se debe, más que a otra cosa, a descuido o desinterés por parte de los autores que nos han precedido.  Esta laguna, naturalmente, sorprende sobre todo por lo que se refiere a los dos principales autores españoles que ya hemos mencionado, a saber, Velázquez y Oliván.

Nosotros, por nuestra parte, sí nos hemos esforzado en avanzar nuestra propia y personal hipótesis, basada en lo que podríamos denominar un “estudio de campo” inicial realizado sobre el terreno.  Investigación que ahora nos parece tan sencilla que sorprende que  nadie haya preocupado nunca de realizarla.  Esta hipótesis, ya confirmada en parte gracias a nuestras investigaciones, tiene su inicio en el establecimiento hostelero donde se alojaron los peregrinos a su llegada a la Ciudad Condal.

Tuvimos la suerte, cuando iniciamos nuestros estudios sobre Cagliostro hace ya bastante años, de encontrar por pura casualidad un artículo del Magazine de La Vanguardia de 2 de junio de 1991. (Pág. 86,  El Álbum) referente a un antiguo hostal barcelonés (que no es el que nos interesa), pero que comienza como sigue:  “Hostales históricos fueron el del Sol – se alojó Cagliostro – o el de Santa María – célebre por haber hospedado al aventurero Casanova ...”

Dado que una simple referencia periodística puede muy bien no ser suficiente al cien por cien, tratamos de confirmar esta información, con la fortuna de que el nombre del hostal coincide con el de la calle en la que estaba situado.  En nuestra magnífica Biblioteca Nacional encontramos un facsímil de la obra del cronista barcelonés Víctor Balaguer (Las Calles de Barcelona.  Barcelona 1865).  Citamos a Balaguer:  “Hostal del Sol (calle del).  Parte de la Calle Ancha para ir a terminar en la plaza de los Arrieros.  Antiguamente se llamaba dels Farrenys, y cambió su nombre en el que continúa llevando hoy, a causa de una posada célebre, titulada Hostal ó mesón del Sol, que en ella existía.  En este mesón se hospedó el célebre Cagliostro cuando estuvo en Barcelona.  Todo el mundo sabe quién era ese hombre, famoso mayormente después de que le han acabado de popularizar las Memorias de un médico, de Alejandro Dumas. ... La primera vez que Cagliostro y Lorenza estuvieron en Barcelona, permanecieron en ella más de medio año, hospedándose en el citado Hostal del Sol, donde se trataban como príncipes, con mucho lujo y ostentación ...”

Ya en Barcelona, una rápida ojeada al plano de la ciudad, seguido de un ameno paseo – más bien peregrinación –  por los encantadores “carrers” del barrio viejo, nos permite localizar rápidamente la calle y el emplazamiento del Hostal del Sol, cuyo edificio existe todavía;  primer y necesario paso para descubrir la vecina Iglesia perteneciente á unos Religiosos, donde se confesó Lorenza, así como la ubicación de la Iglesia Parroquia de aquella feligresía. 

























Trátase de la obra de Francisco Tort Mitjans El Obispo de Barcelona Joseph Climent i Avinent, de la Colección de la Fundación Mossén Josep Sanabre, Barcelona, 1978.  Tort Mitjans nos proporciona – en bandeja, por así decirlo – una útil y necesaria información sobre las parroquias barcelonesas en aquellos años.  Barcelona, nos informa, constaba entonces de siete parroquias intramuros, a saber:  Santa María del Mar, Santa María del Pi, Santos Justo y Pastor, San Pedro de las Puelles, San Miguel Arcángel, San Jaime Apóstol y San Cugat del Rech (por muy puristas que seamos, preferimos reconocer la supremacía de la lengua catalana que atrevernos a traducir “San Cugat” por “San Cucufate”, como rezan los documentos castellanos de la época).

En cuanto a los conventos, Barcelona acogía en aquella época a las siguientes órdenes  religiosas (de varones, que son las que nos interesan):  Santo Domingo, San Francisco, Agustinos Calzados, Carmelitas Descalzos, Mercedarios, Trinitarios, Mínimos de San Francisco de Paula, Capuchinos, Jesuitas de Belén y Cordelles, San Felipe Neri, Mínimos, Buena Muerte, Santo Espíritu, Antonianos, y Misión.

Creemos en un  principio haber encontrado, entre los diversos personajes que aparecen en la obra de Tort Mitjans, a un probable candidato al puesto del Párroco de aquella feligresía.  Se trataría de Damià Sumalla, “uno de los párrocos barcelonenses” – añade el autor – “de la mayor confianza del Obispo.”   También encontramos que cerca del Hostal del Sol se encuentra la Iglesia de la Merced, perteneciente al homónimo y desaparecido convento, hoy sede de Capitanía General  (si no nos la han cambiado desde que escribimos estas líneas, claro está).  En cuanto a la parroquia, pensamos en un principio que pudiera tratarse de la antigua de San Jaime Apóstol, derruida en el siglo XIX para las obras de ampliación del Ayuntament (el del “pastiche” gótico/neoclásico)

Llegados a este punto, y agotado el escaso tiempo que hemos tenido a nuestra disposición para hacer nuestra primera y más que superficial investigación barcelonesa, abandonamos la Ciudad Condal, prometiéndonos volver a la mayor brevedad para confirmar nuestras primeras hipótesis y realizar ulteriores indagaciones.

Lo hacemos un mes más tarde, después de una semana de agotadoras consultas de los documentos del proceso de Roma disponibles en la Biblioteca Nazionale Vittorio Emanuele de la Ciudad Eterna.  Volvemos, pues, a Barcelona, la cervantina “flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España”, esta vez con algo más de tiempo a disposición, y dispuestos a no irnos hasta no haber topado con la Iglesia, el Convento y la Parroquia lorenzianos y, por ende, el nombre de nuestro candidato al importante papel del Párroco de la feligresía.

Un paseo menos apresurado por la zona, iniciado naturalmente en el Carrer de l’Hostal d’en Sol ( pues ya vamos recuperando nuestros rudimentos de catalán de nuestra infancia barcelonesa) echa rápidamente por tierra nuestras hipótesis del mes anterior tanto en lo que se refiere a la conventual iglesia como a la parroquia (y, por ende, al Párroco) que nos interesan.  Por lo que respecta a la Parroquia, pronto logramos comprobar que la “justa” pertenecía a la bellísima Iglesia-Basílica de San Justo, gracias a Dios todavía existente.

Hay que ponerse a trabajar seriamente, y así lo hacemos, sumergiéndonos en el Archivo (¡perdón, Arxiu!) y Biblioteca de la Ciudad, en el vecino Archivo Diocesano y, finalmente en los Archivos de la Iglesia de San Justo, cuyos resultados describimos a continuación.

Arxiu de la Ciutat :  Consultamos en primer lugar la Gaceta de Barcelona y algún otro periódico de la Barcelona de entonces, buscando al menos noticias de color local en los años que nos interesan.  Con bastante desilusión, observamos que la tal Gaceta de Barcelona no es sino la copia exacta de la de Madrid, aparte alguna escasa noticia de interés local, incluyendo a principios de año la lista de nacimientos, matrimonios y defunciones.

Gracias a la amabilidad, verdaderamente encomiable, del personal del Archivo y Biblioteca de la Ciudad, nos hacemos con sendas fotocopias de tres magníficos planos la Barcelona en aquella época (los de Francisco Renaxt y Closas, Arquitecto, que muestra la ciudad tal como era en 1740, Juan López, de 1807 y Castaños, que es el primero que indica los nombres de las Calles y Plazas).  Gracias a estos planos, entre otros elementos, podemos centrar aún más, como se verá en seguida, nuestras investigaciones sobre el Convento que nos interesa.

Archivos de la Iglesia de los Santos Justo y Pastor  :  Mucho hemos de agradecer la ayuda y colaboración que hemos encontrado en la Iglesia y archivo de San Justo y Pastor por parte de dos amables señoritas, una de las cuales es la encargada del archivo.  Gracias a ella logramos confirmar que la Parroquia en cuestión era precisamente ésta y no otra, como pudimos pensar en un principio.  Encontramos la Calle del Hostal del Sol en una Libreta de las Personas de Comuniò, que se troban en la Parr.al Iglsa de St. Just i Pastor de Bar.na en lo any 1769. Como vemos, los Borbones no habían logrado todavía “castellanizar” a la Iglesia catalana.  Se trata de una relación de feligreses que incluye los nombres de los propietarios de las casas (desgraciadamente no hay ninguna referencia al Hostal).  Para no recargar este trabajo con todos los nombres, damos solamente los de los propietarios de los inmuebles, por lo que pueda servir:  Rodès, Vallonesta, Escaleta, Milà, Escaleta, Mas.  Este documento confirma que ya en aquellos años la calle del Hostal del Sol tenía su nombre actual, y no los antiguos de Carrer dels Farrenys, y de la Frutería, que tuvo en épocas anteriores.

Encontramos finalmente el nombre del Párroco en las relaciones y documentos de la Parroquia:  se trata de Don Salvador Nadal, Vicario Perpetuo y párroco de la feligresía, que tanto tuvo que ver con la primera estancia de nuestros viajeros en la capital catalana.

Damos por terminada nuestra visita a la Iglesia y,  por el momento,  nuestro trabajo en sus Archivos.  Finalmente,  y gracias a los antiguos planos de la ciudad y a una consulta más detenida del Barcelona Paso a Paso, localizamos idealmente el convento cercano a la Calle del Hostal del Sol.  Se trata, es decir, se trataba del Convento de San Sebastián, de Clérigos Regulares Menores de la Orden italo-española del Espíritu Santo, construido por los arquitectos italianos Caracciolo en el siglo XVIII.  Convento que fue derribado en 1910 para construir en su lugar la amplia plaza de Antonio López y el Edificio de Correos, que ocuparon también la antigua plaza de San Sebastián, a la que daba el convento, situado al lado de la Lonja.

Desgraciadamente nadie nos ha sabido dar razón en ese momento, ni siquiera en el Archivo Diocesano de la ciudad, de la orden de religiosos que lo ocupaba.  No nos damos por vencidos, y meses más tarde logramos completar la información que necesitábamos, incluyendo la historia del convento y sus moradores.

En el año 1466 decidió el Consejo de Ciento celebrar la fiesta de San Sebastián, en un intento de poner remedio a las numerosas epidemias que por aquella época aquejaban a la noble ciudad.  A principios del siglo siguiente, y más exactamente en 1506, se decidió erigir una iglesia en honor del glorioso mártir.  La iglesia, contrariamente a lo que solía ocurrir en la época, se termino rápidamente, gracias sin duda a la proverbial eficiencia catalana. Más de dos siglos más tarde, Felipe V cede la iglesia y los terrenos adyacentes a la orden italo-española de los Clérigos Regulares Menores, para compensarles de la pérdida de la iglesia y convento del Espíritu Santo, que ocupaban desde 1652 en el Barrio de la Ribera, derruidos ambos para la construcción de la Ciudadela.

Por lo que a la Orden se refiere, se trata de una institución religiosa fundada en Italia a finales del siglo XVI por Juan Agustín Adorno, sacerdote de Nápoles, en unión de San Francisco Caracciolo, e implantada también en España por la misma época.  Su difusión, informa el Espasa, estuvo prácticamente limitada a ambos países.  Cuando la supresión de órdenes religiosas en el siglo XIX ésta contaba en España con quince establecimientos repartidos entre las dos provincias de la Orden, que eran Castilla y Andalucía, perteneciendo a la primera los siguientes conventos:  Espíritu Santo y Portaceli, de Madrid;  el Colegio de San José,  de Alcalá de Henares;  la Anunciación, de Valladolid;  San Julián y Espíritu Santo, de Toledo; la Virgen de la Peña, de Calatayud; Colegio de San Pío, de Valencia;  San Sebastián, de Barcelona, y los Colegios de Salamanca, Castrillo y Gomara.  A la provincia de Andalucía pertenecían el Colegio de San Gregorio, de Granada, y los de Sevilla y Málaga.  Según parece, hacia 1870 algunos miembros de la dispersa orden intentaron restaurarla, no sabemos con qué éxito.  Su hábito consistía en sotana negra, ceñida por una correa, de la cual colgaba, al lado izquierdo, un pequeño rosario.

Hemos indagado recientemente en el arzobispado de Madrid sobre la posible supervivencia de esta Orden, pero se cree que dejó de existir hace ya mucho tiempo.  Por lo que a la iglesia y al convento barceloneses se refiere, hemos averiguado que, expulsados los buenos religiosos en aras de la intolerancia "liberal", ambos edificios fueron destinados, durante buena parte del siglo diecinueve, a diversos usos civiles y escolares, y fueron derruidos, como ya se ha dicho, hacia el 1910 para la construcción de la plaza de Antonio López.

También consideramos la posibilidad de que Lorenza decidiera confesarse en el convento de la Merced, situado en la calle Ancha, y también bastante próximo al Hostal del Sol,  pero ello parece menos probable:  en efecto, en aquella época la actual Iglesia se encontraba en construcción, habiéndose derribado la antigua.  Las obras duraron diez años (1765-1775), celebrándose los oficios durante ese tiempo en el refectorio del convento, donde ahora se encuentra Capitanía General (o lo que sea ahora, claro está).   

Cerremos, pues, el amplio paréntesis que engloba nuestras investigaciones directas - errores incluidos - siguiendo las huellas de la pareja en la monumental y acogedora capital de Cataluña y, con la promesa sincera de no volver a caer en la tentación, nos disponemos a finalizar este interesante capítulo sobre los avatares cagliostranos.  Pero no sin antes avanzar nuestra hipótesis o teoría particular - pues lo prometido es deuda - acerca de la presencia de un "tercer personaje" de la comunidad eclesiástica barcelonesa en toda esta historia.

La concesión de subsidios importantes a los viajeros con cargo a los fondos de la Caja de la Mitra – detalle mencionado por Velázquez y que consideramos bastante plausible - sugiere la participación de algún miembro importante del Obispado,  además del párroco de la feligresía.  ¿Pudo verse involucrado en esta historia el padre Damián Sumalla, de San Jaime Apóstol, párroco barcelonés de la mayor confianza del Obispo Climent?  Es posible, aunque ello ello implicaría un conflicto jurisdiccional entre Sumalla y Nadal.  También pudiera tratarse – más probablemente - de Joaquín Roig, uno de los "familiares" del Obispo.




Fuentes:      Compendio; Velázquez; La Vanguardia; Balaguer; Tort Mitjans; Espasa;
                    Herrero.




NADAL, Salvador



Sacerdote español.

Barcelona 1769

Era vicario perpetuo y párroco de la Iglesia-Basílica de los Santos Justo y Pastor de Barcelona, parroquia a la que pertenecía la posada del Hostal del Sol donde se alojaron Giuseppe y Lorenza en la Ciudad Condal.

Todo parece indicar que las relaciones del fraile confesor del convento de San Sebastián con los jóvenes peregrinos no debieron prolongarse demasiado.  En efecto, la historia debió de difundirse rápidamente en los círculos eclesiásticos de la provinciana Barcelona de la época.  Poco tiempo después de la confesión, hace acto de presencia en el Hostal don Salvador Nadal, párroco de la feligresía, personaje importante y de la máxima confianza del Obispo Climent, para tomar el asunto en sus manos, indagar a fondo la cuestión y, suponemos, satisfacer su legítima curiosidad sobre tan ilustres viajeros, que ciertos asuntos de curial y eclesiástica importancia no pueden dejarse en manos de un simple fraile, menor por añadidura, y por muy ordenado que esté.  También él, por su parte, pronto sería sustituido por clérigo de mayor envergadura, en lo que ya hemos calificado de constante procesión de religiosos hacia el carrer del Hostal del Sol.

La Iglesia de los Santos Justo y Pastor es una de las pocas de la ciudad que se libró de los salvajes incendios de 1936, gracias a la intervención de la Generalitat, y tampoco parece que se viera afectada por los criminales bombardeos de la Guerra Civil, que recordamos por haberlos vivido en nuestra infancia.

Este templo es, según la tradición, el más antiguo de Barcelona, y habría sido fundado en el siglo IV.  Pese a la extrema simplicidad de sus fachadas, y quizás por ello, la actual construcción, que data del siglo XIV, es una joya del gótico catalán.

La Iglesia-Basílica es famosa por la supervivencia en la misma del privilegio, de origen germánico, único en toda España y suponemos que en todo el mundo, del llamado “Testamento Sacramental”:  cualquier vecino de Barcelona, y sólo de Barcelona, que expresa su última voluntad ante testigos, incluso oralmente y sin documento escrito, en cualquier lugar, en tierra o en la mar, y estos testigos antes de transcurridos seis meses de haber regresado a la ciudad si dicha voluntad les ha sido confiada en otro lugar, juran ante el Altar de San Félix y en presencia de notario y juez, el contenido de dichas últimas voluntades, el testamento tiene validez legal.  Es ésta una de las instituciones más singulares del Derecho Civil Especial de Cataluña, sigue actualmente en vigor dentro de la actual ordenación jurídica de la Autonomía catalana, y continúa utilizándose.

Tiene el referido Altar de San Félix otros dos privilegios igualmente curiosos, pero afortunadamente ya caducados:  el del Juramento de los Judíos (todo judío habitante de Barcelona, antes de comparecer en juicio, debía jurar ante este Altar decir toda la verdad y ninguna mentira, debiendo escuchar previamente toda una retahíla de horribles anatemas contra los perjuros).  El otro privilegio, menos antipático y más caballeresco, era el de la Batalla Juzgada, o Juicio de Dios.  Los contendientes, antes del encuentro, juraban ante el Altar que no emplearían en el combate armas prohibidas ni talismanes.




Fuentes:          Herrero.

































ROIG, Joaquín



Clérigo español, probablemente valenciano.

Barcelona 1769

Familiar, mayordomo y limosnero episcopal del Obispo de Barcelona Climent, que se lo trajo de Valencia junto con su tío Domingo Roig.   Trátase de un personaje en el que basamos nuestra hipótesis particular acerca de la presencia de un tercer miembro de la comunidad religiosa y eclesiástica de Barcelona en la historia relativa a la confesión de Lorenza y a sus tratos con los diversos miembros del clero de la Ciudad Condal.

Canciller y secretario del Obispo, Tort Mitjans nos proporciona los siguientes datos adicionales sobre Joaquín Roig:  Sobrino de Domingo Roig, acompaña siempre al Obispo en las visitas pastorales, siendo el amigo y colaborador más joven que Climent se trajo de Valencia junto con el tío.  El 19 de noviembre de 1769, Climent le confiere la tonsura tras haber sido “familiarem per trienium completum”.  En 1770 le ordena de menores y subdiácono.  Desde 1768 regenta el cargo de mayordomo y limosnero episcopal.  Climent, junto con su tío, le hizo casi de padre.  Si las afirmaciones de Velázquez tienen algún fundamente, Joaquín Roig podría encajar bastante bien en el papel de “sobrino y secretario particular del Prelado”, aunque no en el de párroco ni en el de capellán del Santo Oficio de Zaragoza.  Nuestra impresión es que el biógrafo sevillano haya reunido en un solo eclesiástico las atribuciones, más o menos precisas, de dos personajes.

Así pues, Roig pudiera ser el clérigo “de mayor envergadura” que el párroco don Salvador Nadal, y que – armado de su condición de Limosnero Episcopal y de secretario de Su Ilustrísima - pasó a ocupar el lugar de este último en las continuas visitas al Hostal del Sol.

No hemos logrado, en nuestras investigaciones en el Archivo Diocesano de la ciudad, encontrar referencia alguna en las Cuentas de la Mitra, a eventuales ayudas concedidas a unos cónyuges italianos en 1769.  Desgraciadamente, las escasas cuentas que logramos localizar no están ni completas ni detalladas.  No logramos, por falta de tiempo, consultar la correspondencia disponible – muy escasa al parecer – del Obispo Climent, y otros archivos donde quizás pueda encontrarse alguna referencia al caso de los italianos del Hostal del Sol que se presentaban como peregrinos, etc.  Dejamos este trabajo para mejor ocasión, o para que lo haga algún investigador local, que esperamos sea más afortunado que nosotros.



Fuentes:          Velázquez; Mitjans; Herrero.
Investigar:       Archivos eclesiásticos de Barcelona.
SUMALLÀ, Damià



Sacerdote catalán.

Barcelona 1769

Párroco de San Jaime Apóstol de Barcelona y “uno de los párrocos barceloneses de la mayor confianza del Obispo” (Tort Mitjans).

Pudo haber tenido algo que ver inicialmente con la concesión de subsidios a nuestros peregrinos.




Fuentes:          Tort Mitjans;  Hererro.
Investigar:       Archivos eclesiásticos de Barcelona.



























GROTTA, conde



Supuesto noble diplomático napolitano.

Barcelona/Madrid 1769

Cuenta Velázquez que Balsamo, acuciado para presentar su partida de matrimonio, falsificó un despacho, supuestamente emitido por el diplomático napolitano, conde Grotta, en el que suplicaba a la “Señora Condesa de Fénix” se presentara en Madrid, con su esposo el capitán “Don Thiscio Napolitano” a fin de enterarlo de graves asuntos de familia, etc.

De ser correcta esta versión, cabe preguntarse si Giuseppe conocía el nombre del embajador y se limitó a utilizarlo, o si simplemente se lo inventó.  En efecto, el embajador de Nápoles en Madrid, no se llamaba  - creemos – Grotta.  Por lo menos en agosto de  1770, según un documento que hemos localizado en el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid, el embajador era “Dn Joseph Bonano Filingery Del Bosco y Ventimiglia, Principe de Rocca Florita y de la Catholica, Duque de Montalbano, Grande de España de 1º clase, caballero de la Rl Orden de Sn Genaro y del Insigne Orden  el Toyson de Oro, Gentilhombre de Cámara con ejercicio de S.M. Catholica y Embajador Extraordinario del Rey de las Dos Sicilias...”




Fuentes:          Velázquez; Herrero.
Investigar:       Gaceta de Madrid; Kalendario Manual.

















CLIMENT i AVINENT, Josep

1706-1781

Prelado valenciano.  Obispo de Barcelona de 1766 a 1775.

Barcelona 1769

Nació en Castellón de la Plana el 11 de mayo de 1706, y falleció en la misma población el 28 de noviembre de 1781.

Terminó de cursar Filosofía a los diez y seis años, obteniendo el grado de maestro en Artes, y a los veintiuno del de doctor en Teología.  Al cabo de poco tiempo fue nombrado catedrático de Filosofía de la Universidad de Valencia.  Fue también Beneficiado de la Metropolitana de Valencia, maestro de pajes, cura de San Bartolomé, Canónigo magistral de dicha Metropolitana, Diputado a la Corte por el Cabildo de la misma y, finalmente, Obispo de Barcelona.

Muy celebrado por sus virtudes y obras de caridad, al cabo de nueve años en el Obispado de Barcelona, fue nombrado para el bispado de Málaga, que rechazó, prefiriendo retirarse a su ciudad natal, donde
de Málaga, que rechazó, prefiriendo retirarse a su ciudad natal, donde falleció.

Es posible que a través de su secretario Joaquín Roig, o de don Salvador Nadal, el párroco de la Iglesia de los Santos Justo y Pastor, pudiera el Obispo haber sido informado acerca del caso de los jóvenes peregrinos italianos.  Por otra parte, la escasa correspondencia del Prelado existente en el Archivo diocesano no hace la menor referencia al asunto, ni tampoco las cuentas de la Mitra, poco detalladas, arrojan ninguna luz al respecto.

Celoso y crítico vigilante de la moralidad de “su ciudad”, vigilancia de la que no excluía a sus máximas autoridades, en su pastoral del Jubileo de precisamente aquel año de 1769, fustiga enérgicamente la inmoralidad reinante en la Ciudad Condal.  Fiel a sus principios, veía con sumo desagrado las escandalosas relaciones del Capitán General conde de Ricla con la bailarina Bergonzi.  En una carta confidencial, el buen Obispo se lamentaba del hecho de que si Barcelona, cuando él llegó, procedente de Valencia, era “una babilonia” y “un infierno de lascivia” ... “ha empeorado desde que la gobierna un zardanápalo,  un epicuro que se ocupa en jugar a la banca, en óperas y bailes ...” es decir, desde que Ricla sustituyó como Capitán General al fallecido marqués de Mina, gran amigo de Climent.  Éste logró en un principio que se expulsara a la Bergonzi por su conducta escandalosa, pero el flamante Capitán General puso los pies por alto y no paró – para su mal – hasta que logró hacerla regresar a la Ciudad Condal.

Al sexagenario Obispo, excelente y virtuoso Prelado, lleno de quebraderos de cabeza que le creaban las intrigas del Cabildo Catedralicio y, sobre todo, Ricla, que con sus bailes, sus teatros y sus líos le estaba, según él, pervirtiendo a todo su rebaño, sólo le faltaba que sus clérigos se dejaran engatusar por otra italiana.  En efecto, ya había tenido bastantes problemas con la Bergonzi, quien entre otras cosas, no desdeñaba exhibirse en la tablas “bailando sin pantalones”, según rezan escandalizadas las crónicas de la época.  Por ello, y por aquello de que “no hay mal que por bien no venga” debió de acoger con un suspiro de alivio la  noticia de que el Capitán General, enterado de la presencia de los jóvenes e “ilustres” peregrinos, había decidido ocuparse muy personalmente del caso.




Fuentes:          Tort Mitjans; Espasa; Herrero.
Investigar:       Correspodencia en Archivo Diocesano.

































RICLA, Ambrosio Funes de Villalpando Abarca de Bolea, conde de  (I)

1719-1780

Noble militar aragonés, primo del conde de Aranda.

Barcelona 1769
Madrid 1770

Barcelona. Junio/Octubre de 1769

Existen algunas diferencias en las versiones acerca de la estancia de nuestra pareja en la capital del Principado y su relación con el conde de Ricla.  La mayoría sin embargo, o ignora el episodio o coincide literalmente con la versión de monseñor Barberi:

Por huir de algún disgusto [al  no poder presentar su partida de matrimonio podían  ser acusados de amancebamiento] pensó el Balsamo ocurrir á la prepotencia de un Personage qualificado, y para obtenerla  no halló mejor medio que la persona de su muger.  Esta, pues, de corta edad, de mediana estatura, color blanco, redonda de cara, de bella compostura, ojos brillantes, ayrosa, de un  porte, y fisionomia dulce, agradable y lisonjera, podía excitar el ánimo:  así sucedió con efecto, en esta y en otras semejantes ocasiones.  Se presentaron ambos al Personage, y le manifiestan su estado.  El hace retirar al  marido, y quedado solo con la muger le pregunta seriamente sobre la verdad de su matrimonio.  Asegurado por la respuesta, que en realidad eran casados, toma á su cargo escribir á Roma pidiendo la Partida autentica;  y la presencia atractiva de la dicha le hizo olvidar su propio decoro; ella rehusó, y él le dá tiempo para reflexionar, y la despide.  Contandole todo lo ocurrido al marido, recibió de éste los más acervos improperios:  y despues de algunas dias la volvió á conducir al Personage.  Al punto que este vió presentarseles, le dixo a ella, si de quanto le habia propuesto decía si ó no?  El marido tomando la palabra de la muger respondió, que sí, y se partió.  Su respuesta efectivamente produxo un doblon de á quatro.  Esta misma paga recibió la muger todas las otras veces, esto es, cada ocho días, que el marido la volvía á conducir á aquel lugar.

Dejando a un lado la evidente tendenciosidad de esta pintoresca relación inquisitorial, por otra parte no necesariamente reñida con la verdad de lo acaecido, en una primera reflexión sobre la misma, dos cosas llaman la atención en la redacción del curioso texto.  La primera y principal es el regusto, podríamos decir, el regodeo con que el buen monseñor Barberi se recrea, en éste como en otros episodios similares, en los detalles más picantes del sórdido sucedido, así como la impresión que en él – y, suponemos, también en sus inquisidores colegas – debió causar la suave belleza de la mujer, ya en el ocaso de su madurez cuando fue llevada a declarar ante el Tribunal;  quizás imaginando, con una cierta y vicaria nostalgia, cuán gloriosa y floreciente debió de haber sido en aquellos días ya lejanos del viaje a Barcelona, y posiblemente envidiando, a distancia de veinte años, la fortuna del qualificado Personage.  La otra, ya mencionada, es la discrección en ocultar la identidad de importantes personajes involucrados de alguna forma en la agitada biografía del Conde de Cagliostro.

¿Quién era, pues, este Personage qualificado, importante comparsa de la Commedia dell’arte italo-hispana representada por el palermitano Giuseppe Balsamo y la romana Lorenza Feliciani en los dieciochescos escenarios de la bella capital catalana?

El tal Personage qualificado que, a cambio de un doblon de á quatro y cada ocho dias (pues ya hemos visto con cuanta precisión trata el romano cronista estos picantes episodios) gozó de los favores de la bella “Colombina” era nada más y nada menos que el poderoso y empingorotado Capital General de Cataluña, don Ambrosio Funes de Villalpando, conde de Ricla, cuyo nombre consta documentalmente en las actas del proceso de Roma que hemos tenido ocasión de comprobar personalmente en la Biblioteca Nazionale de Roma;  confirmando así la identificación de otros biógrafos que nos han precedido. 

Cuarentón, rondando muy de cerca los cincuenta, militar y celtibérico, Ricla no pierde el tiempo en enojosas averiguaciones y en llevarse a la Lorenza a la cama, o más probablemente a un sofá de su despacho de Palacio, que los problemas de Gobierno no admiten  espera.

Ricla nació en Zaragoza el 8 de diciembre de 1719, y falleció en Madrid en 1780.  Tenía, pues, algo menos de cincuenta años cuando conoció a Lorenza.

Noble militar, primo del más justificadamente famoso conde de Aranda, su nombre completo, con la correspondencia relación de títulos – no exhaustiva, por cierto - es el siguiente:  Don Ambrosio Funes de Villalpando Abarca de Bolea, & Conde de Ricla, Señor de las baronías del Valle de la solana, y Murillo de Tou, de los Castillos de artasona, y Santia, de El Honor de Tornos, y sus agregados, de las Villas de Aguero, y Alcalá de Gurrea, Grande de España, Gentilhombre de Cámara de Su Majestad, caballero de la distinguida Orden de San Genaro, Comendador de Reyna en la de Santiago, Teniente General de los reales exercitos, Gobernador, y Capitán General de este Exercito, y Principado de Cataluña, y Presidente de su Real Audiencia, etc.

Era hijo segundo de don José Pedro Funes de Villalpando y Gurrea, V conde de Atarés, grande de España (1684-1728), casado en Zaragoza con una tía del conde de Aranda (hermana del padre), María Francisca Abarca de Bolea y Bermúdez de Castro, nacida en el castillo de Maella el 20 de diciembre de 1687.  Aranda y Ricla eran, por consiguiente, primos hermanos y tenían casi la misma edad.  Como apunta Ferrer Benimeli, de quien tomamos estos datos, la madre de Ricla se llamaba igual que la segunda mujer del conde de Aranda.

Nació en Zaragoza el 23 de diciembre de 1720. Abrazó desde su primera juventud la carrera de las armas, sentando plaza de cadete en el regimiento de Guardias Españolas en 1739.  A los 17 años se le ascendió a Capitán del regimiento de Infantería Soria, probablemente más por la nobleza de su familia que por sus propios merecimientos.  Sirvió en Italia  durante la Guerra de Sucesión de Austria (1740-48).  También obtuvo en su juventud los grados de coronel del regimiento de infantería Granada, brigadier de Infantería y Mariscal de Campo en 1747.  Nombrado General a los 27 años de edad.

En 1748 contrajo matrimonio de conveniencia con su prima, la condesa de Ricla y marquesa de Camarasa, doña Leonor Gómez de los Cobos, Luna, Zúñiga y Sarmiento, que llevaba a su joven esposo cerca de veinte años de edad, aunque conservaba los restos de una gran hermosura.  Era también señora de gran caudal e influencia, y Grande de primera clase, lo que facilitó grandemente la carrera de su marido, aparte, naturalmente, la protección de su primo, el conde de Aranda.

En 1751 fue nombrado gobernador de la plaza de Jaca, en 1753 de la de Zamora, y en 1756 recibió el mando político y militar de Cartagena.

En el mes de julio de 1760 recibió el nombramiento de ministro plenipotenciario de España ante la Corte de Rusia, siendo – entre paréntesis – el primer representante español nombrado para dicha Corte, con la que hasta entonces no se habían mantenido relaciones diplomáticas regulares.  Sin embargo, no debió de entusiasmarle demasiado la idea, pues renunció al cargo, prefiriendo desempeñar en la guerra que se avecinaba con la Gran Bretaña y Portugal las funciones de su alto grado  militar.  Así, aceptó el mando de una división del ejército que a las órdenes del  marqués de Sarriá invadió Portugal en 1762.  Se puso en camino con su esposa y servidumbre, con el propósito de instalarlos en  Ciudad Rodrigo, pero a su paso por Valladolidad, la condesa enfermó, falleciendo a los 61 años de edad.

Terminada la campaña, y disuelto el ejército invasor a principios de 1763, regresó a Madrid, donde recibió como recompensa la llave de Gentil Hombre de cámara con ejercicio en propiedad.

Ascendido a Teniente general, fue nombrado Capitán General de Cuba (1763-65), Virrey de Navarra (1765-67) y Capitán General de Cataluña, cargo que desempeñó desde 1767 a 1772, año este último en que pasó a ocuparse de la cartera de Guerra, desde febrero de 1772 a julio de 1780, año de su fallecimiento.  Utlizaba el título de conde de Ricla por su matrimonio con su prima, VII marquesa de Camarasa, XI condesa de Castrojeriz y V condesa de Ricla.

Don Ambrosio, mujeriego y prepotente aristócrata que compaginaba alegremente sus funciones de gobierno con las aventuras galantes, fue también rival en amores de Casanova, a quien - como sabemos – hizo encarcelar en la Ciudadela por una aventurilla con la bailarina Bergonzi, amante del conde.  En efecto, el veneciano estuvo preso en la célebre Fortaleza, por orden de Ricla, desde el 16 de noviembre al 28 de diciembre de 1768, pocos meses antes de coincidir con los Balsamo en Aix-en-Provence.  Ricla, cansado probablemente de los continuos desaires y constantes traiciones que, si hemos de creer al Caballero, le hacía sufrir la veleidosa Bergonzi, debió de acoger con entusiasmo la posibilidad de tomarse un agradable desquite en la persona de la bella romana.

Casanova, muy comprensiblemente, traza su retrato en una breve y venenosa línea:  “ ... hombre de baja estatura, de maneras encaradas y vulgares, virulento, celoso y vengativo ...”

D’Amato afirma que el Eclesiástico, que nosotros hemos identificado como el padre Salvador Nadal, empezaba a tener sus dudas acerca de las historias que contaba el matrimonio;  por ello, se fue a consultar el caso al conde de Ricla, quien nada más oir la relación del buen padre dictaminó que era urgente, perentorio y necesario, para el mejor servicio de la Corona (esto lo suponemos nosotros) investigar, y muy de cerca, a la pareja, y más particularmente a la mujer.  Por lo que acto seguido decidió convocarles a su oficial presencia.  Así, en la mejor tradición regalista borbónica, la Iglesia hubo de ceder el paso al poder militar y civil.

En sus declaraciones a la policía de París en febrero de 1773, Lorenza declaró que su marido había logrado la protección del conde de Ricla por sus trabajos artísticos.  A la pregunta de por qué se habían marchado de Barcelona, la romana respondió que “el Vicerrey se había encaprichado y se quería divertir con ella.”  Habiéndolo rechazado, se había enfadado muchísimo, y deseaba atormentarla y hacerla arrestar con el pretexto de que no estaba casada.”  Sólo fue en el proceso de Roma cuando acusó al marido de haberla obligado a prostituirse con Ricla.  En el mismo proceso, Cagliostro negó las acusaciones de la mujer en el sentido de que la había obligado a ceder a los deseos del Capitán General, pero admitió que:  “El Virrey me suministraba una dobla de a cuatro cada semana, pues cada vez que me veía a mí o a mi mujer nos daba dinero, y recuerdo que mi mujer lo veía con más frecuencia que yo.” 

La poco edificante historia de la “protección” de Ricla está reflejada en  la mayoría de las biografías que tratan el tema, aparte los panegiristas a ultranza de Cagliostro, según los cuales Balsamo se granjeó la protección de éste y otros próceres única y exclusivamente gracias a su habilidad como artista.  Por otra parte, la tesis de las prostituciones no está reñida necesariamente con el hecho de que Balsamo, discreto artista y hábil diseñador, no trabajara también para los protectores de su mujer en esta faceta de su versátil talento, antes de dedicarse posteriormente y por completo a la alquimia, la medicina y la magia.

En su Memorial de París, dieciséis o diecisiete años después de su primer viaje a España, Cagliostro presentó una lista o relación de personalidades conocidas en el curso de sus viajes, incluyendo entre los españoles al “Comte de Riglas [sic] parent de M. le Comte d’Aranda” (a la sazón embajador en París).  Para entonces, hacía ya unos seis años que Ricla había fallecido.  El mago debía de estar enterado de ello, pues a no ser así, no hubiera probablemente incluido su nombre “como referencia”, como no incluyó a algún otro gran personaje (el propio conde de Aranda, por cierto) a quien también  tuvo ocasión de conocer en sus viajes por España, y en circunstancias bastante parecidas.

Cabe mencionar que son muchos los autores que confunden lamentablemente el nombre del Capitán General Ricla:  Es “le Comte de Riglas” en el Memorial cagliostrano (y, por consiguiente, en diversas biografías que han recogido su nombre directamente del mismo sin entrar en mayores averiguaciones), el “conte Tielas” en la de Roberto Gervaso, mientras que el francés Brunet le llama “Funes de Villalpanda”.

Igualmente, muchos autores confunden también el cargo oficial de Ricla, al que denominan “Virrey de Cataluña”, cuando es, o debiera ser sabido, que la institución del Virreinato de Cataluña fue suprimida por los Borbones tras la Guerra de Sucesión, siendo sustituida por la una Capitanía General encargada de tener a raya cualesquiera y eventuales apetencias separatistas o subversivas en el Principado.

El “anónimo” abate Compagnoni, por su parte, al narrar el episodio de los encuentros de Lorenza con Ricla, oculta – como Barberi – el nombre del conde, al que atribuye irónicamente, con el torpe sentido del humor reservado por algunos italianos a todo lo español, el nombre de “Don Jago Buena-Gana, personaggio di prima gerarchia.”

Además de pariente de Aranda, “Don Jago” fue miembro del famoso “partido aragonés” del primero, que no paró hasta hacerle nombrar ministro de la Gerra, cartera que desempeñó, al dejar su cargo de Capitán General de Cataluña, desde febrero de 1772 hasta julio de 1780.  Es sabido el interés, por no decir entusiasmo, que el conde de Aranda dedicaba a las cuestiones militares, que constituían – más que las políticas – su verdadera y un tanto frustrada vocación.  Por ello, durante su mandato como Presidente del Consejo de Castilla, se esforzó todo lo que pudo hasta colocar a su deudo en el ministerio de la Guerra, donde Ricla no tomaba una decisión sin consultar con su primo, el cual lo maniobraba incluso desde su embajada de París.

Más liberal que su predecesor en Capitanía, marqués de la Mina, fue gran amigo del teatro, o por lo menos de las actrices, y restableció los bailes de máscaras, versión arandista y borbónica de la política de “panem et circenses” que tanto éxito había tenido en la capital del Reino, contribuyendo en gran medida a la “castellanitzaciò” de la Ciudad Condal y al “desig de copiar servilmente la vida madrilenya” que lamenta el autor catalán y, entre paréntesis, alcalde republicano de Barcelona durante los primeros años de nuestra Guerra Civl, Carles Pi i Sunyer.

Tort Mitjans describe a este respecto las tensas relaciones existentes entre el austero Obispo valenciano y el “alegre” Capitán General, quien tampoco desdeñaba, por medio de terceros, de gestionar una casa de juego ilegal en Barcelona, según hemos tenido ocasión de descubrir en nuestras investigaciones en el Archivo Histórico Nacional de Madrid respecto de diversos casos de corrupción y venta de cargos en el entorno personal del ministro de la Guerra.  (“Diligencias sobre negociaciones de empleos y otras cosas por dinero” – Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla 1774/1775. AHN Consejos. Leg. 6.125).

Ricla tuvo problemas de intereses con su hermano, el conde de Atarés.  En abril de 1763 habían llegado a un acuerdo fijo, “reservándose la deuda sobre las pensiones de unos censos.”  En vida de la madre viuda, Atarés, hijo menor, tenía la condición de “alimentista”.  El padre había muerto el 4 de octubre de 1728.  Ricla impone un censo de 40.000 ducados sobre sus propios bienes “para cumplir las obligaciones que ha contrahaído en los Indispensables gastos que le han acarreado necesariamente sus destinos en el Real servicio.”  Ambos hermanos firman Escritura de Convenio en 28 de marzo de 1769.  Ricla la firma el 19 de mayo en Barcelona (Archivo de Protocolos Notariales de Madrid ....).

En busca de posibles datos documentales, aparte la habitual lista de nacimientos, matrimonios y defunciones a primeros de año, encontramos en la Gaceta de Barcelona la siguiente noticia (extractada) referente al Capitán General:

“Barcelona, 28 de Enero de 1769.  Habiendo sido siempre gratas al señor Infante Don Luis las distinguidas circunstancias de Don Andrés de Burgos, Regidor Perpetuo de la Ciudad de Burgos, y Capitán agregado al Estado Mayor de esta Plaza, se ha dignado dispensarlo S.A. la honra de ser Padrino en el Bautismo de las dos Hijas que dió a luz su Muger, encargando al Excmo. señor Conde de Ricla, nuestro Capitán General, que á su Real  Nombre las tubiese en la Pila.
Destinó su Exc. para este acto el Domingo 26 del corriente, y á las diez de la mañana de él se formaron, à la derecha y à la izquierda de la Plaza de Palacio la Compañía de Carabineros del Regimiento de Caballería del Príncipe, y cinqüenta Caballos del propio Cuerpo, en la proporción correspondiente a tributar los honores debidos á su Exc. al tiempo de su salida, y ocupar el lugar que los estaba señalado à su acompañamiento.
A las once empezó a desfilar la Comitiva  ....  un Coche de seis mulas con los Criados mayores de su Exc.   ....  Iba después la Compañía de Carabineros, tocando la marcha Real la banda de los Clarines.  Entraba luego una magnífica Carroza tirada de ocho Caballos ricamente enjaezados, que llevaba á su Exc. vestido de su uniforme grande, mostrando la afabilidad natural con que se hace amar de todos ....  siendo recibido por el Cabildo en la puerta principal de la Catedral presidido por el Deán Doctor Don Joseph Bastero ...”

De regreso a Palacio, la comitiva se detuvo ante la casa de Don Andrés de Burgos, donde el Capitán General felicitó a la Parida, entregándole una “esquisita Piocha de brillantes en nombre del Señor Infante ...”  dirigiéndose después a Palacio “donde terminó esta función con los obsequios de tan lucido Séquito.”

Hacia finales del mes de octubre de 1769, Giuseppe decide abandonar la Ciudad Condal, aprovechando la invitación – naturalmente interesada – de un noble viajero, de paso por Barcelona, de acompañar a la pareja en su viaje a Madrid.  Muy posiblemente, la sórdida protección que le brinda el Capitán General, si bien le sirve para mantenerse e “ir tirando”, no basta evidentemente a satisfacer las ambiciones del futuro Conde de Cagliostro.  También, creemos, decide marcharse porque tampoco le agrada que su mujer mantenga relaciones demasiado duraderas.

Así, abandona definitivamente la capa de tela encerada recubierta de las conchas del peregrino, y se prepara para el salto a la Capital de las Españas, bajo el amparo del noble viajero, a quien el chistoso abate Compagnoni identifica como “Don Francillo Tentenayres-y-Jaltratas nobile di Sierra-nevada il quale faceva el giro della Spagna”.




Fuentes:          Compendio; Ferrer Benimelli; Cagliostro; Pi i Sunyer; 
                       www.ricla.org/cu_habana.ht:  Herrero; Tort Mitjans;  Compagnoni.
Investigar:      Posiblemente, datos sobre el Palacio.






































BERGONZI, Nina



Bailarina veneciana.

Barcelona 1769

Famosa por su desvergüenza, era según parece fruto de una relación incestuosa de su padre con su hermana.  Era la amante del conde de Ricla en la época de la estancia de Giuseppe y Lorenza en la Ciudad Condal.  Aunque no consta que haya podido tener contactos directos con nuestros viajeros, su personaje constituye un elemento interesante de la biografía del Capitán General.

Casanova había tenido una relación con ella, que relata en sus Memorias, lo que le valió ser encarcelado en la Ciudadela por el celoso prócer.  Por su vida escandalosa, de la que hacía gala, el obispo Climent logró que fuera expulsada de Barcelona.

Casanova cuenta igualmente la vida que hacía en Bolonia, donde había buscado refugio, siempre contando con la protección de su amante.

“La Nina”, afirma el veneciano, se encontraba en Bolonia desde principios de la Cuaresma de 1771?  Había alquilado una suntuosa mansión, tenía una nutrida servidumbre y gozaba de crédito ilimitado con un banquero local.  Decía estar encinta del Capitán General de Cataluña, y pretendía de la sociedad boloñesa los honores que hubieran debido rendir a una soberana que por su comodidad se hubiera decidido a dar a luz en su ciudad.  Muy recomendada al Cardenal Legado, Ignazio Boncompagni Ludovici, que iba a visitarla con frecuencia en el más estrecho incógnito.  Al acercarse la fecha del parto, llegó a Bolonia un hombre de confianza de Ricla, un tal Martino (siempre según Casanova) con un poder del potentado español, a quien la desvergonzada traicionaba desde hacía mucho tiempo, con encargo de hacer bautizar al recién nacido y reconocerlo como hijo natural de Ricla.

La veneciana exhibía orgullosamente su embarazo en los espectáculos y en los paseos, mostrando un vientre enorme.  Muchos nobles boloñeses le hacían la corte, a quienes advertía ufana del peligro que corrían de que los celos de Ricla no los mandasen al otro mundo de una puñalada.  Y sin saber que Casanova había llegado a Bolonia, contaba divertida la historia del encarcelamiento del veneciano en Barcelona por culpa suya.

Casanova creía que fingía el embarazo, y así se lo dijo al Cardenal Legado.  Poco después estalló el escándolo, uno más de los muchos procurados por la desvergonzada bailarina.  La comadrona más famosa de Bolonia era paseada sobre un burro, desnuda hasta la cintura y frustada por el verdugo por orden del Cardenal arzobispo Vincenzo Malvezzi.  La comadrona había asistido al parto de la Bergonzi, afirmándose que ésta había parido un niño muerto.  Entonces, una pobre mujer del pueblo se presentó al Arzobispo, lamentándose haber sido engañada por la comadrona Teresa bajo promesa de 20 cequines por cederle un niño al que había dado a luz unos días antes.  No habiendo recibido el dinero, y desesperada por la muerte repentina del pobre niño, pedía justicia, comprometiéndose a probar que el recién nacido muerto que decían ser de Nina era el que ella había confiado a la comadrona.  El arzobispo ordenó a su canciller hacer una investigación urgentísima, en base a la cual condenaron a la comadrona con una sentencia sumaria.

Ocho días después del escándalo – siempre según Casanova – “don Martino”, el agente del conde de Ricla, regresó a España.  La bailarina declaró por todas partes que “la España la vengaría de las calumnias injuriosas de que la había hecho objeto el Cardenal Arzobispo.”  Sin embargo, el Cardenal Legado, avergonzado por haberla protegido, tomó en secreto las medidas necesarias para obligarla a marcharse.  Al llegar a este punto, el veneciano muestra algún fallo en su memoria, pues afirma que pocos meses después, Ricla fue llamado a regentar el ministerio de la Guerra, muriendo al cabo de un año, mientras que Nina sólo le sobrevivió otro año, muriendo en la más absoluta de las miserias.  En realidad, Ricla ocupó el  ministerio de la Guerra desde 1772 hasta su fallecimiento acaecido en 1780.  En cuanto a su amante, nuestras investigaciones personales en el AHN de Madrid nos han permitido averiguar que Nina regresó a España acompañada por el “don Martino” de Casanova, que no era otro sino don Martín de Oztarena y Aguirre, agente de negocios y hombre de confianza del conde de Ricla.

Según una carta del embajador español en Roma, Nicolás de Azara, la Bergonzi debió de regresar a España hacia 1772:  Roma, 9 de julio de 1772:  “ ... Ricla ha llamado a su insigne bailarina, que años hace tenía desterrada en Bolonia, y ha partido con tren de emperatriz, y entrará en España por Pamplona, por no pasar por Barcelona, donde es tan conocida.”  Se dirigía sin duda a Madrid, a reunirse con su amante.

También hemos encontrado una confirmación indirecta en una nota de gastos del propio Martín de Oztarena:  “Caudal invertido por Dn Martin de Oztarena en gastos de la Casa de S.E. el Excmo. Sr. Conde de Ricla, desde el 10 de mayo de 1772”, donde aparece una partida de 36.492 reales por “Viaje y pago de deudas en Pamplona.” (AHN, Consejos, Leg. 6.125).

Pese a los errores apuntados, posiblemente debidos en muchos casos a informaciones erróneas por parte de terceros, no deja de sorprendernos la gran memoria del caballero Casanova por los más mínimos detalles de las historias que relata, como en este caso el nombre de un oscuro agente de negocios del conde de Ricla.

Nada sabemos sobre la estancia de la tal Nina en Madrid, ni cuánto tiempo más debió de durar su relación con el conde.

Ya hemos visto que Casanova afirma que sobrevivió un año a su amante, y que falleció víctima de sus  vicios y en la mayor miseria:  “Su hermana, a quien volví a ver muchos años después en Venecia me contó la historia de los dos últimos años de su vida, mas es una historia tan triste y vergonzosa que prefiero ahorrársela al lector.”
Y con estas palabras, a modo de epitafio, damos por terminadas nuestras investigaciones acerca de ésta en el fondo pobre mujer, cuya actuación en las tablas fue sin duda recordada con nostalgia durante muchos años por los buenos barceloneses.




Fuentes:          Casanova; Herrero.
Investigar:       Datos biográficos. Carrera artística.  ¿Estancia en Madrid?





































PERELADA, Ferrán Basili de Boxadors Chaves y de Rocaberrtí, conde de Albetera y  (I)



Noble catalán, perteneciente a la ilustre casa de los Perelada.

Barcelona 1769
Madrid 1770

Barcelona. Junio de 1769

En la lista de personalidades conocidas en el curso de sus viajes por España, Cagliostro incluye a un “conde de Prelata” [sic], nombre que han recogido “tel quel” muchos autores extranjeros, y que no mencionan los biógrafos españoles.  Pi i Sunyer sí lo menciona, con su nombre completo y larga serie de títulos, pero sólo en relación con la estancia de Casanova en Barcelona.

Se trata del aristócrata catalán don Ferrán Basili de Boxadors Chaves y de Rocabertí, conde de Albetera y Perelada, marqués de Anglesola, vizconde de Rocabertí y Grande de España de primera clase, hijo del conde Ramón Dalmáu.

El conde, perteneciente as la más rancia e ilustre nobleza catalana, era en la época que nos ocupa lo que entonces se llamaba un libertino, joven, vanidoso y “amante de las malas compañías”, entre las que seguramente debió de contar a Giuseppe Balsamo.  Fue también miembro activo de la “Bella Unión”, sociedad de nobles desocupados y amigos de la juerga.

Casanova, gran moralista cuando de los demás se trata, nos proporciona en sus Memorias una breve pero gráfica descripción del personaje, digno sobrino por otra parte del conde de Ricla.  “El conde de Pereleda era un joven señor, sumamente rico, de rostro agradable, amante de las peores compañías, enemigo de la religión, de las buenas costumbres y de la policía, también violento y enormemente orgulloso de su estirpe.”  Debió, pues, encontrar bastante de su gusto la compañía del joven palermitano, aparte – suponemos –  de la de su mujer, aunque el Compendio no menciona  (seguro que lo hubiera hecho de haber encontrado la más mínima prueba o admisión por parte de Lorenza) relaciones íntimas con el noble catalán.  A Casanova, por su parte, le impresionaron mucho más sus magníficos caballos que la persona del joven conde.

Aunque catalán de la más rancia estirpe, Perelada no debía de sentirse muy a su gusto en la Ciudad Condal,  pues apenas podía se iba a Madrid, hasta que el Rey, con igual regularidad, le ordenaba regresar a casa.  (Como madrileños, y que nos perdonen nuestros buenos amigos barceloneses, no nos sentimos demasiado iclinados a criticarle por estas escapadas, que todo es cuetión de gustos).  Años antes, jovencísimo, se había escapado a París, siendo obligado por el embajador a volver a España, siguiendo órdenes del ministro Grimaldi.  Al final se salió con la suya, pues murió en Viena, lejos de una Barcelona que le venía estrecha.  No dejó sucesión, al menos legítima.  Tuvo su palacio, nos dice Pi i Sunyer, en la calle de Santa Ana.

No es completamente seguro que Balsamo coincidiera con el joven “madrileñista” en la Ciudad Condal, pues nos consta que éste último se encontraba en Madrid en julio de 1769, mientras que el palermitano debió de llegar a Barcelona a finales de mayo o principios del mes de junio de dicho año.  En todo caso, sí debieron de coincidir más tarde en la Villa y Corte, donde Perelada había finalmente conseguido establecerse tras contraer matrimonio.




Fuentes:          Cagliostro; Casanova; Sunyer; Herrero.
Investigar:       Más datos biográficos sobre Perelada.






























FONTANAR, Pedro Díaz de Mendoza y Suárez, marqués de  (I) 



Noble funcionario español, miembro del Consejo Real de Hacienda.

Barcelona. Octubre de 1769
Madrid.  Noviembre de 1769/Septiembre de 1770

Barcelona. Octubre de 1769

Hacia finales del mes de octubre de 1769, Giuseppe decide abandonar la Ciudad Condal.  Ha tenido ocasión, al parecer haciendo antesala en el palacio del Capitán General, de conocer a un noble madrileño de paso por Barcelona, quien brinda a la pareja la oportunidad de llevárselos consigo a Madrid.

 ...  mientras vino de Roma la fee de matrimonio, sucedió, que el Balsamo tomó amistad en dicha Ciudad de Barcelona con un Noble Viagero:  tambien éste se enamoró de la Lorenza, que no dexó de ofrecersela el mismo marido.  Veia él que al cabo, como suele suceder en semejantes contingencias, cesaría la generosidad de los doblones de à quatro.  Sugirió á la muger, que correspondiera, y entretuviera al Viagero, pero que no lo complaciera para poder con esta maña, ó deste modo hacer á su costa el viage para Madrid, donde hacía animo de partir.  El pensamiento salió felizmente.

Otro cronista contemporáneo, el inefable abate Compagnoni de Lugo (Lugo de Lombardía, no confundamos) ofrece más o menos la misma relación, también aderezada, naturalmente, a su manera (y traducida a la nuestra):

“Un Noble Viagero, que había visto a la servicial Lorenzina en la antecámara de Don Jago Buena-Gana [léase el Capitán general Ricla] con en mano la Fe de Matrimonio finalmente llegada de Roma, debidamente informado de la persecución del Párroco a causa de los jamones del Fraile, se interesó por ella muy vivamente ...  Don Francillo Tentenayres-y-Jaltratas, noble de Sierra-nevada, en viaje por la España, se declaró amante de la peregrina, pero amante a la manera española, siguiendo los preceptos de Platón y conservando siempre el decoro de un Tentenayres ...  Los dos esposos fueron alojados en la posada del gentil Caballero, viviendo magníficamente a sus expensas sin que él admitiese nada en cambio, so pena de abandonarlos.  Balsamo, que conocía la delicadeza del Benefactor, y que no quería ser tachado de ingratitud, instó a la muger para sorpender al Caballero de improviso;  habiéndolo ella hecho así de muy buena gana y con la mejor disposición, Don Francillo no tuvo ocasión de lamentarse.  Llegados a Madrid ... “

Madrid.  Noviembre de 1769/Septiembre de 1770

El Madrid con el que se encontraron a su llegada los jóvenes italianos no era todavía lo que luego hemos venido en llamar, justa y merecidamente, “el Madrid de Carlos III”, término evocador de un magnífico esfuerzo arquitectónico y de reforma urbana.  Cuando la alegre comitiva compuesta por Giuseppe, Lorenza y el incógnito “Viagero”, en sillas de postas o coche propio, que eso tampoco lo sabemos, llegaron por el Camino Real de Aragón a la Puerta de Alcalá, no vislumbraron sus ojos la monumental visión a la que tan acostumbrados estamos los madrileños, sino la mísera y semiderruída Puerta de ladrillo, destartalada reliquia del siglo anterior, no mucho más imponente entonces que las pueblerinas tapias que en el Madrid del Setecientos hacían las veces de murallas, y que estaba situada algo más cerca del centro urbano que la actual.

Pasado el control de los aduaneros, probablmente y gracias a la presencia del noble español, con menos dificultades que las que encontró el caballero Casanova un año antes en el mismo lugar, en su camino hacia el centro de la pequeña urbe no se encontraron tampoco con la olímpica Cibeles ni con las grandes reformas del Prado y Recoletos, que sólo se instalarían y completarían algunos años más tarde.

La ciudad – 117.274 habitantes según el censo de 1768 – se hallaba todavía en un período de transición entre el viejo y conventual Madrid de los últimos Austrias y la nueva corte borbónica e ilustrada;  aparte del nuevo y flamante Palacio de la Aduana al principio de la calle de Alcalá, el más destacado símbolo del cambio era el Palacio Real, construído sobre las ruinas del viejo Alcázar.  Todavía estaba reciente el recuerdo del clamoroso motín de las capas y sombreros contra el innovador ministro Esquilache, quizás último, retardado e insconciente intento popular de rebelión del castizo “Madrid de los Austrias” contra el modernista y renovador “Madrid de los Borbones”.

La probable duración de la primera – y única – visita de la pareja Balsamo a este Madrid en transformación, fue de aproximadamente un año.  Un  estudio de las fuentes disponibles permite situar este período, pese a las vaguedades y contradicciones de varios autores, entre octubre de 1769 y, como máximo, finales de 1770.

Giuseppe y Lorenza llegan, pues, a la Villa y Corte en compañía del Noble Viagero de quien nos habla monseñor Barberi, o el “Don FrancilloTentenayres-y-Jaltratas” del abate Compagnoni.  Ya hemos visto los antecedentes del tal viaje y en tal compañía.  El siciliano, escasamente satisfecho de la “protección” del conde de Ricla, aprovecha la oportunidad que le ofrece este otro candidato a los favores de su mujer.

Y prosigue el Compendio, “Biblia” más o menos apócrifa y tendenciosa, pero de obligada referencia inicial de todo cronista cagliostrano, para contarnos que:

Caminando todos tres á Madrid, coabitaron juntos durmiendo separadamente el Viagero, y los Cónyuges en dos continuas salas;  y el primero que los mantenía á toda costa pensando al fin ser burlado los amenazó de separarse;  fue pues el caso, que el Balsamo insinúo a la muger  a que lo satisficiera, como tenía de costumbre y quasi todas las madrugadas cerca del Alva solía él despertarla, advirtiéndola, que era hora de ir á acabar su sueño en la contigua sala, como de hecho, lo executaba.
Llegados a este punto, veamos de identificar con más precisión la verdadera personalidad de “Don Francillo”.

Roberto Gervaso, en su por otra parte bien documentada y amena biografía de Cagliostro, cae en una cierta contradicción al hablarnos (en el Capítulo III – Los años de la bohemia) de “un  noble no mejor identificado”, mientras que en otro capítulo, el XIV (En las fauces de la Inquisición) y refiriéndose al mismo personaje en relación con una lista de las llamadas “forzadas prostiuciones” de Lorenza, lo denomina “marqués de Fontanazza”.  El nombre “Fontanzza” haría pensar, con  bastante lógica, en un título  nobiliario italiano;  sin embargo, se trata en este caso de un simple error de transcripción que viene arrastrándose desde los tiempos del proceso de Roma, en cuyas actas aparece efectivamente este nombre.

Un autorizadísimo biógrafo, también italiano como Gervaso aunque bastante anterior, a saber, Enzo Petraccone (Cagliostro nella Storia e nella Leggenda) identifica a este personaje como “el marqués de Fontanar, un rico viajero”.  El francés Ribadeau Dumas hace también referencia a un “marqués de Fontanar”, que recibe a los viajeros en Madrid, “y les honra con toda su simpatía”;  lo que no deja de ser, por cuanto nos parece, algo así como un piadoso eufemismo, típico por otra parte de los más acérrimos apologistas de Cagliostro, solamente superados en cuanto a tendenciosidad, de signo opuesto, claro está, por sus igualmente obstinados detractores.

Federico Oliván, en este mismo contexto, nos presenta a “un opulento aristócrata, el Marqués de Fontanar, que se dirigía a Madrid ...”  Según su versión, el marqués viaja con la pareja, instalándose los tres al término del viaje en una fonda de la Corte ... “siendo presentados por Fontanar en la buena sociedad – incluso en el palacio del duque de Alba – y obsequiadísimos con invitaciones constantes a fiestas, comidas, bailes, teatros, monterías y corridas de toros.”

Uno de los últimos biógrafos que se han ocupado más recientemente de las andanzas cagliostrañas por España, el francés Philippe Brunet, menciona a “un  noble, rico y generoso madrileño, de paso por Cataluña”, al que llama “marqués de Fontemazzo”.  Como vemos, los nombres de los personajes españoles salen casi siempre malparados de la pluma de los biógrafos del Conde.  Ello ha de atribuirse en gran parte al propio Cagliostro, quien en sus escritos y declaraciones destrozaba sin misericordia todos los patronímicos extranjeros.

Ningún biógrafo, ni siquiera los españoles, ha precisado debidamente, aparte el simple título nobiliario, la identidad del Viagero en cuestión.

Por nuestra parte, una consulta a un viejo y heredado ejemplar del Diccionario Nobiliario Español de Julio de Atienza, de la Editorial Aguilar, Madrid 1948, nos proporciona la siguiente información:

“FONTANAR, Marqués de).  Título concedido en 27 de marzo de 1761 (Real despacho de 23 de junio), con el Vizcondado previo de Noreta, a Don Pedro Díaz de Mendoza y Suárez, caballero de Santiago ...”  Por lo que a los apellidos Díaz y Mendoza, encontramos en el mismo Diccionario, en la sección “Diccionario Heráldico de Apellidos”:  “DÍAZ:  Caballeros de este linaje fueron agraciados con los titulos de Marqueses de Fontanar ..”   “MENDOZA:  ... Don Pedro Díaz de Mendoza fue creado Marqués de Fontanar en 1761.”  En cuanto al Vizcondado previo de Noreta, podría tratarse de “ Noreta. ...  Cortijada de la prov. de Almería, mun. de Níjar.” (Espasa).  Con lo que, a fin de cuentas, nuestro viajo conocido el abate Compagnoni no iba quizás tan descaminado al hablarnos del “nobile di Sierra-nevada.”

Dicho sea entre paréntesis, la casa de Fontanar cuenta entre sus titulares, en tiempos algo más recientes, a una de las máximas figuras del teatro español de finales del siglo diecinueve y principios del veinte, a saber, don Fernando Díaz de Mendoza, marqués de Fontanar, conde de Balazote y conde de Laloing, dos veces Grande de España.  Como es sabido, don Fernando formó una gloriosa pareja artísitica con la gran actriz María Guerrero, con la que casó en 1896.

Volviendo a “nuestro” marqués de Fontanar, leemos en el “Kalendario Manual” de Madrid (primitivo “Who’s who” de la Corte de las Españas) correspondiente al año 1771:  “ ... el Marqués de Fontanar forma parte del Consejo Real de Hacienda y vive en la calle de alcalá, junto a las Ballecas.”  “Las Ballecas” eran monjas del título de Nuestra Señora de la Piedad, y tenían el convento cerca de las Calatravas, y más precisamente en la esquina de Alcalá con la calle Peligros.  Así pues, el palacio del marqués estaría situado más o menos donde ahora se encuentra el Casino de Madrid, y al lado de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando;  y no muy lejos por cierto, si no andamos descaminados, de la actual residencia de los titulares del Marquesado.

La edición de 1772 del referido “Kalendario Manual” precisa que el marqués de Fontanar “dentro del Consejo Real de Hacienda, es miembro de la Sala de Justicia.”

Fontanar estaba casado con doña Brígida de Lalaing Calasanz y Abarca, hija del Excmo. Sr. don Lupo de Lalaing, conde de Lalaing, Teniente General de los Reales Ejércitos, y hermana del conde Bruno de Lalaing, caballero de la Orden de Calatrava y alférez de Guardias de Corps en la compañía Flamenca del Rey, según consta en un protocolo notarial de 17 de abril de 1770 firmado en Madrid por el marqués, su esposa y el hermano de ésta ante el Escribano don Manuel Aguado Martín.  Dicho protocolo trata del reparto de la herencia de la condesa viuda de Lalaing, fallecida en febrero del mismo año.  El apellido Lalaing es de antigua raigambre flamenca, y se conserva en la Casa de Fontanar.

Los Fontanar tenían dos hijos, Vicente y Cayetano.  Sobre el primero, la Gaceta de Madrid de 6 de marzo de 1770 informa:  “El Rey se ha servido conceder á D. Vicente Díaz de Mendoza, Caballero del Orden de Santiago, Plaza de Ministro en el tribunal de la Contaduría mayor de Cuentas con exercicio, sin sueldo, ni obción á las vacantes por ahora, en atención á los méritos del Marqués de Fontanar, su Padre.”

Respecto del segundo, Cayetano Díaz de Mendoza y Lalaing, el marqués firma en 14 de marzo de 1771 un poder a Procuradores para tramitar ante el Cardenal arzobispo de Toledo “las diligencias necesarias en el expediente y súplica que tengo interpuesto a fin de iniciar de primera tonsura al expresado mi hijo ...”

Un hermano de Fontanar, don Antonio Díaz de Mendoza, Presbítero, vecino de la Ciudad de Sevilla, falleció el 11 de diciembre de 1769, nombrando herederos a sus hermanos Pedro y Margarita.  Fontanar cede su parte a su hermana mediante Escritura de Renuncia de Herencia, firmada en Madrid con fecha 19 de enero de 1770, ante el escribano Francisco Espina Cano.

En nuestras investigaciones en el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid encontramos que en 1756 don Pedro desempeñaba el cargo de Juez de Quiebras, Alcances y Cuentas:  Protocolo 19.480.  Notario Miguel Thoimás París.  Pág. 914:  Sobre doce Oficios de Corredores en la Ciudad de Alicante, pertenecientes en propiedad al Marqués de Perales ...  El Rey ...  por quanto por escritura de Venta otorgada en Nombre de mi real Hacienda por D. Pedro Díaz de Mendoza, Ministro de mi consejo de Hacienda, y Juez que fue de Quiebras, Alcances de Cuentas, y de Incorporación de todo lo segregado de mi Rl Corona, en veinte y dos de enero de 1756, ante Dn Eugenio Aguado, mi Secretario y escribano de cámara del Consejo de Castilla se vendieron a Dn Ventura Antonio de Pinedo y Velasco, Conde de Villanueba, Marqués de Perales, doze Oficios de Corredores que en la Ciudad de Alicante pertenecían a mi rl Patrimonio, los quatro del mar, y los ocho restantes de Tierra, en precio de un millón y dos mil reales de vellón, perpetuamente para siempre jamás, con la facultad entre otros de nombrar Thenientes, que los sirbiesen ...”

Otro protocolo firmado por Fontanar el 22 de diciembre de 1769, confirma que para esas fechas, don Pedro ya se encontraba en Madrid.

En el proceso de Roma, Cagliostro declaró haberse opuesto a la relación  de su mujer con el noble madrileño. Uno de los borradores de la defensa dice a este respecto:  "En relación con todas estas acusaciones, Cagliostro negó totalmente las pretendidas insinuaciones, malos tratos, etc. hacia su mujer para obligarla a prostituirse, y las calificó de falsedades, imposturas y calumnias de Ella;  declaró en su defensa que, habiéndose dado cuenta en algunos casos de su relación con unos y otros, bien la hizo encarcelar (como en París después de su fuga con Du-Plesir [sic] o bien prohibió el acceso a su casa de los Amantes (como hizo con el Fontanazza en Madrid)".  El subrayado es nuestro.

No sabemos cuánto tiempo debió de durar, ya en Madrid, la relación del marqués con la pareja.  Según hipotiza alegremente el italiano Roberto Gervaso el noble madrileño al cabo de algún tiempo, “a corto de dinero y quizás también de energías” decidió unilateralmente dar por terminada sus contactos con los italianos.  Según el Compendio, por los constantes “sablazos” y exigencias del palermitano: “no pudiendo el Viagero resistir mas el atrevimiento del Balsamo, que siempre quería ya ropa, ya dinero, los abandonó.”  Puede muy bien que haya habido algo de todo esto, unido quizás al hecho de que la ruptura se debiera a dificultades familiares y de otro tipo para mantener una relación de tal clase en la ciudad de residencia.

Así, el buen marqués, ya debidamente identificado para la posteridad, abandona la escena del ahora sainete italo-madrileño, iniciado en la capital de Cataluña, mas no sin antes haber recomendado a Giuseppe a su amigo el duque de Alba, y posiblemente también al de Medinaceli, para que le dieran algún empleo o trabajo, y así quitárselo de encima, como debió de ocurrir.




Fuentes:          Compendio; Compagnoni; Gerrvaso; Petraccone; Ribadeu Dumas; 
                       Oliván; Brunet; Julio de Atienza; Kalendario Amanual; Herrero.
Investigar:      Datos biográficos completos.  Comprobar Kalendario Manual desde
                       1760 hasta por lo menos el 82.                             





























ALBA, Fernando de Silva y Alvarez de Toledo, XII duque de

1714-1776

Aristócrata español.

Madrid 1769/1770

Fue el duodécimo titular de la ilustre Casa de Alba, tan vinculada a la historia de España.  Nació en Viena en 1714 y murió en Madrid en noviembre de 1776.  Era hijo de doña María Teresa, XI duquesa de la dinastía y de don Manuel José de Silva y Mendoza, conde de Gelbe.  Estaba casado con doña Bernarda Alvarez de Toledo, hija de los condes de Oropesa.

Su hijo, don Francisco de Paula, duque de Huéscar, padre de la popular Cayetana, no llegó a heredar el título, pues falleció antes que su padre.

Un documento notarial firmado por el duque en Madrid en enero de 1770 nos ofrece una relación de sus títulos principales:

Don Fernando de Silba y Alvarez de Toledo, y Portugal, Beaumont y Navarra, Hara, Sotomaior, Guzmán, Fernández, Manrique, Acebedo, Fonseca, Zúñiga, Viedma, y Ulloa, Henríquez de Ribera y de Cabrera, Sandobal y Roxas, Páez y Valenzuela, Duque de Alba y de Huescar, de Galisteo, y de Montoro, Conde Duque de Olibares, Marqués de la Ciudad de Coria, de Villanueba del Río, el Carpio, Elche y Tarazona, Conde de Galbe, de Lerín, Salbatierra, Piedrahita, el Barco, Osorno, Monterrey, Modica, Morente y Fuentes, Señor de Valdecornexa, Booyo y la Orcaxada, del Estado de Granada, Santo Desierto de las Batuecas, Puente del Congosto, el Mirón, San Phelizes de los Gallegos, Valle de Gama y las dos Viniegras, de las Villas Erguijuela, Fuenteguinaldo, la Conquista, Verlanga y Valberde, Del zelebrado Castillo de Bernardo del Carpio, y de las Baronías de Guisen, Curton, Pinos, y Mataplana, de la Vía de Alcolea de Zinca, y estado de Castillon de Farfania, Del estado de Sorbas y Lubrín, Casas de Biedma y Ulloa, Estado de Vabilafuente, y de las Villas de Lueches, Valdenebro, Vega de Ruiponce, Mansilla de las Mulas, Rueda, Reinos y Vega de los arboles, Condestable y Chanciller maior del Reino de Navarra, Caballerizo maior perpetuo de las reales Cavallerías de Córdova, Alguacil maior de dicha Ciudad y de la Inquisición della, Alcaide perepetuo de los reales Alcázares de Sevilla, Córdoba, Carmona y Moxacar, de los Reales Alcázares, Puertas y Puentes de la Ciudad de Toledo, Grande de España de primera clase, Cavallero del Insigne Orden del Toison de Oro, del de Calatraba, y del Spiritu Santo, Theniente General de los Reales Exercitos, Gentilhombre de cámara de S.M. con exercicio, y Su Mayordomo maior ... etc., etc.

Fue el de Alba una de las figuras más interesantes de la España borbónica, y un producto típico de la Ilustración española, reducida en número de adeptos pero destacable por su actividad, oculta en ocasiones pero inflluyente en la política y acontecimientos de nuestro país.

Hombre culto e ilustrado (fue sexto Director perpetuo de la Real Academia Española) su Palacio estaba siempre lleno de artistas, poetas y escritores, siguiendo en esto una tradición de mecenazgo que la Casa ha mantenido a lo largo de su historia.  Tuvo correspondencia con Voltaire y con Rousseau, lo que natural e inevitablemente le ha valido el calificativo, para algunos autores, de “volteriano”, “enciclopedista” y, por ende, también de posible “francmasón”, etiqueta esta última quizás menos injustificada que la de Aranda.  Por lo que se refiere a Voltaire, baste citar la siguiente misiva (1773) del enciclopedista d’Alembert al recluso de Ferney:  “Uno de los más grandes Señores de España, hombre de agudo ingenio, el mismo que ha sido embajador en Francia bajo el nombre de Duque de Huéscar, acaba de enviarme veinte luises para vuestra estatua.  ‘Condenado – me ha dicho – a cultivar en secreto mi razón, acojo con entusiasmo esta oportunidad para dar público testimonio de mi reconocimiento al gran hombre que, primero entre todos, nos ha mostrado el camino.’”

Su vida política fue muy significativa y de gran importancia en la España de su tiempo.  grande de España de Primera Clase, teniente General, Embajador en París, Mayordomo Mayor y ministro interino de Estado bajo Fernando VI, Decano del Consejo de Estado y Capitán General de los Reales Ejércitos, etc., no era muy bien visto de Isabel de Farnesio, quien lo mandó algún tiempo al destierro a la muerte de su real hijastro;  ni tampoco debió de ser muy del agrado del nuevo Rey Carlos III, a cuyos ministros italianos odiaba cordial y celtibéricamente, considerándolos, no sin alguna razón, como extranjeros advenedizos.  No obstante, durante el reinado del nuevo Rey ocupó, entre otros, el cargo de Canciller del Consejo de Indias.

Se le ha considerado uno de los fautores del famoso “motín de Esquilache” y de la expulsión de los Jesuítas, esta última a través de su protegido Roda y Arrieta, ministro de Gracia y Justicia.

Fue también gran pleiteador y hábil defensor de los privilegios e intereses económicos de su ilustre Casa, y en la época de la llegada de Giuseppe y Lorenza a España se encontraba bastante ocupado en recoger los frutos de su campaña antijesuita, adquiriendo a diestra y siniestra de la geografía ibérica gran número de propiedades inautadas a la suprimida Orden.

Veamos ahora cuales fueron las relaciones de nuestros viajeros con el duque.  Los jóvenes esposos llegan a Madrid, hacia noviembre de 1769, procedentes de Barcelona, en compañía del marqués de Fontanar, miembro del Consejo de Hacienda de Su Majestad.  Poco tiempo después, Fontanar les retira su protección y, según parece, para quitárselos de encima, recomienda a Balsamo como artista a los duques de Alba y de Medinaceli.

Unos años más tarde (febrero de 1773) Lorenza declararía al comisario Fontaine, de la Policía de París, que su marido había trabajado para el duque de Alba, pero sin especificar en qué consistía este trabajo, aunque se cree que fuera el de pintor o dibujante.  Giuseppe, por su parte, ya convertido en Conde de Cagliostro, declara haber conocido, en sus viajes por España, además del duque de Alba, a su hijo duque de Vescard (sic – Huéscar), al conde de Prelata (sic – Perelada), al conde de Ricla y al duque de Medinaceli.  Para esas fechas, todos ellos – a excepción de Perelada – habían fallecido.

Cagbe mencionar que ni Alba o su hijo, ni tampoco Medinaceli, están incluidos en la lista de las llamadas “forzadas prostituciones” de Lorenza (basadas en las declaraciones de la interesada) que forma parte de la documentación del proceso de Roma.  Lista que, como sabemos, sí incluye a Ricla, Fontanar y Aranda (este último, al parecer, en grado de tentativa frustrada).  Así, el de Alba habría representado en esta
”comedia” el papel de simple mecenas del joven Balsamo, sin al parecer acariciar ulteriores miras sobre Lorenza.  Posiblemente, sus constantes intrigas e interminables pleitos lo tenían demasiado ocupado.

De las relaciones de trabajo de Balsamo con la aristocracia madrileña se ocuparaon años más tarde algunos libelistas contarios encabezados por el francés Théveneau de Morande redactor del periódico “Le Courrier de l’Europe”, de Londres, quien recogió una información que aseguraba que el llamado “Conde de Cagliostro” había trabajado para el duque de Alba como simple criado o “valet de chambre”:

“Courrier de l’Europe” Nº 31.  17 de octubre de 1786:  “ ... l’homme qui a prétendue dans l’un de ce royaume, qu’il étoit Colonel au service d’une puissance où l’on assure qu’il a été valet de chambre ...  Le Sr. Cagliostro a fait un séjour d’un an à Madrid, après l’aventure qui lui este arrivée à Lorette.  Un grand seigneur espagnol a déclaré publiquemente à Paris qu’il avait été au service, non  pas comme Colonel, mais comme valet. »  (nuestro subrayado).

También es posible que la protección de los Alba adoptara la forma de una combinación de mecenazgo artístico con una función de servidumbre más o menos nominal.  Algo parecida, aunque probablemente menos rentable (como veremos más adelante) pudiera haber sido la relación de Giuseppe con el titular del Ducado de Medinaceli.

Desgraciadamente, no nos ha sido posible hallar pruebas fehacientes de esta relación de trabajo de nuestro personale con la noble Casa de Alba;  prácticamente todos los documentos de los Alba correspondientes al siglo XVIII, incluidas las Cuentas de Mayordomía, donde podría haberse encontrado algún registro sobre pagos, etc., al palermitano, fueron destruidos en el criminal incendio del Palacio de Liria en 1936.  Igualmente nos preguntamos, dicho sea de paso, si también pudieron desaparecer dibujos de balsamo, alguno de los cuales pudiera, quizás, haber terminado en alguna colección como original de Rembrandt.


Fuentes:          Oliván; Morande; Herrero.
Investigar:       Archivos Alba (completar investigación).  Retrato.
HUÉSCAR, Francisco de Paula Silva Alvarez de Toledo y Portugal, duque de

1733-1770

Noble español, hijo del XII duque de Alba

Madrid 1769/1770

Se trata del “duque de Vescard” del Memorial parisino de Cagliostro, si bien no lo identifica ninguno de los biógrafos del mago, ni siquiera los españoles.

Don Francisco de Paula era duque de Huéscar, conde de Oropesa, marqués de Jarandilla, de Frechila del Villar y de Coria, Señor de Montemayor, de Zebolla, Balbis, Mejorada, Segunilla y Cervera, Grande de España de primera clase, Caballero de la Orden de Calatrava, Gran Canciller de las Indias, Gentilhombre de Cámara de Su Majestad con ejercicio, Teniente General de los Reales Ejércitos y Comandante en Jefe de la Real Brigada de Carabineros, etc.

Estaba casado con doña Maríana de Silva y Bazán (según un documento notarial:  doña María Theresa) y era el padre de la que luego sería la duquesa de Alba por antonomasia, la famosa Cayetana.  Ésta, que falleció en 1802 a los cuarenta años de edad, tenía unos ochos años en la época de la estancia de Balsamo en Madrid.  El padfre falleció en Madrid el 26 de abril de 1770, “al séptimo día de enfermedad”, según leemos en alguna parte.  Tenía, informa el Mercurio al dar la noticia de su fallecimiento, 37 años y 24 días.

El doctor Carlos Blanco-Soler, en una conferencia sobre la duquesa Cayetana, pronunciada en la Real Academia de la Historia en los años cuarenta del siglo pasado, lo retrata como sigue:  “Educado bajo las frondas de París, agitado en su vida, lleno de goces fáciles y verdadero campeón de la sociedad madrileña, que habría asustado al propio caballero Casanova,  no fue ...  el educador ni siquiera el hombre preocupado por su hija, y estuvo ajeno siempre al menor asunto doméstico.”  En resumen, era más o menos en Madrid lo que su contemporáneo el conde de Perelada en Barcelona y, como este último, debió de intimar bastante con  nuestro aventurero.




Fuentes:          Cagliostro; Herrero; Mercurio; Blanco-Soler.
Investigar:      Archivos Casa de Alba.  Retrato.






MEDINACELI, Pedro de Alcántara Fernández de Córdoba, Moncada y la Cerda, duque de



Noble español,  titular de la ilustre Casa de Medinaceli.

Madrid 1769/1770

Tras romper con Fontanar, Balsamo consigue la protección de los duques de Alba, su hijo Huéscar y el duque de Medinaceli.  El palermitano puede haber trabajado para los Alba como pintor y dibujante, en una combinación de mecenazgo artístico con alguna función de servidumbre más o menos nominal.  Algo parecida, aunque probablemente menos rentable – como se verá – pudo haber sido su relación con el titular del ducado de Medinaceli.

Don Pedro era hijo de don Luis Antonio, Caballerizo Mayor de Fernando VI, noble pródigo, generoso y mujeriego - el duque de Medinaceli de las Memorias de Casanova -  y que falleció pocos días después de su encuentro con este último en el Baile de los Caños del Peral.  Todas sus riquezas, cuenta el veneciano, pasaron al hijo único, hombre, siempre según Casanova, sumamente avaro y, que a su vez, tenía un heredero que, como suele acontecer en tales casos, “mostraba las mayores tendencias a la prodigalidad”.  No conociendo en qué pudo consistir la protección de este avaro y nuevo jefe de la ilustre Casa, podemos concluir que no debió de ser excesivamente generosa.  Tampoco parece que haya tenido nada que ver con la bella Lorenza, con la que probablemente no pecaría por no gastar.  Al contrario que su simpático padre, asistente asiduo a los madrileños Bailes de los Caños, quien estamos seguros no hubiera dejado de interesarse por la joven romana, siempre y cuando su amiga “La Pichona” se lo hubiera permitido, lo que es mucho suponer.




Fuentes:          Cagliostro; Casanova; Herrero.
Investigar:       Fechas, retrato, algo sobre el Palacio de Medinaceli.











PERELADA, Ferrán Basili de Boxadors Chaves y de Rocaberrtí, conde de Albetera y  (II)



Noble catalán, perteneciente a la ilustre casa de los Perelada.

Barcelona 1769
Madrid 1770

Madrid 1770

Nuestras investigaciones personales sugieren que los Balsamo, contrariamente al caballero Casanova,  no debieron encontrarse con Perelada en la Ciudad Condal, sino en su sucesivo viaje a Madrid, donde el noble catalán había finalmente logrado establecerse tras su matrimonio con la rica viuda del marqués de Mondéjar.  Dan fe de ello diversos documentos que hemos localizado recientemente en el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid.

En efecto, el nombre y firma de Perelada aparecen en tres importantes escrituras otorgadas en Madrid ante el Escribano Lorenzo de Herreros en 1769 y 1770.  Por la primera, fechada en 4 de julio de 1769, el joven prócer contrae compromiso de matrimonio con Dña Teresa María Palafox y Castellet, natural de Málaga, a quien otorga Carta de Dote.  El 12 de enero de 1770 se declara “vecino de Madrid” y firma un poder para ciertos cobros sobre una propiedad “como Marido y Conjunta Persona de la Excelentísima Sra. Dña. María Theresa Palafox y Castellet”.  El 3 de febrero del mismo año otorga un Poder para Subrogar un Censo, con el declarado objeto de hacer frente a los gastos de su matrimonio, y manifiesta ser menor de 25 años y mayor de 22.  Su matrimonio con María Teresa, viuda del marqués de Mondéjar, tuvo lugar en Madrid el 5 de julio de 1769.

Así, pues, todo parece indicar que Rey, pensando que el matrimonio le haría sentar cabeza, le concedió por aquellas fechas la ansiada autorización para residir en Madrid, donde tenía su palacio en la Corredera de San Pablo.

Referencias:  AHPN de Madrid.  Protocolo 18.798.  Escribano:  Dn. Lorenzo de Herreros.  Pág. 20. 12 de enero de 1770:  “Poder para diferentes fines otorgado por el Excmo. Sr. Conde de Perelada a fabor de Juan Lucas Coronado.  Excmo. Sr. Dn Fernando Felipe Basilio de Rocavertí Boxadors, Chaves, Messia, Aragón, Anglesola, Pax y de Orcau, por la Gracia de Dios Vizconde de Rocavertí, Conde de Perelada y de Zabella Varón y Marqués de Anglesola, y de Requesens, y de las Varonías de Valmoll, de Navarra, de Villademuls, de S. Lorenzo de la Muga, de Llers, de Terrades, de Darnuis, de Santa Leocadia de Esterri, y de las Villas del Madexal y Castroverde, Juez conservador perpetuo de la Universidad de Salamanca, Grande de España y Gentil Hombre de Cámara con exercicio de S.M., que Dios guarde, vecino de esta Corte, como Marido y Conjunta Persona de la Excelentísima Sra. Dña. María Theresa Palafox y Castellet ...  da poder a Juan Lucas Coronado para cobros relativos al Estado y Villa de Buenache.”  Pág. 22. Poder otorgado por la Condesa de Perelada, Viuda del Marqués de Mondéjar, fallecido en 2 de Mayo de 1767.  Pág. 82.  3 de Febrero de 1770:  Poder para subrogar un Censo para hacer frente a gastos de Matrimonio.  Pág. 302:  Carta de Pago y recibo de Dote.

El “Courrier de l’Europe” de 1 de septiembre de 1786, en uno de sus artículos contra Cagliostro, le llama “... comte de Prátela.”

Carecemos de otros datos sobre este personaje, amigo de Giuseppe Balsamo durante la estancia de éste en Madrid.  Sí hemos encontrado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid (Estado – Cerdeña.  Leg. 3.802-4) la siguiente noticia:  Carta de Ignacio López de Ulloa, embajador en Turín, al conde de Floridablanca:  Turín, 28 de Julio de 1790.  “...  La noche del Viernes supe que había llegado a esta Capital el Excmo. sr. Conde de Perelada, y que al otro día continuó su viaje para París, como dijo en la posada el Correo que lo sirve ...”  15 de septiembre de 1790:  “Supe que pasó antes de ayer por ésta el Exmo. sr. Conde de Perelada que viene de París, y que pasa a Milán.”




Fuentes:          Cagliostro; Sunyer; Casanova; Herrero.
Investigar:       Datos biográficos completos.  Ver Morande en apuntes.  Gervaso.























SICILIANO


Desconocido siciliano, con quien Balsamo tuvo un pleito en Madrid.

Madrid 1769/1770

“Un pleito, que tubo el Balsamo con un Paysano suyo en Madrid le dió ocasión de mandar á la muger, que recurriese à una Persona prepotente de aquel Gobierno ... “

Como se verá más adelante, la intervención de Lorenza ante el prepotente no resultó de ninguna ayuda al marido en el tal pleito, del que desgraciadamente no se han encontrado hasta ahora pruebas documentales que permitan aclararlo.

Sólo un par de autores, de reconocido prestigio por otra parte, coinciden en una muy superficial, por  no decir nula, explicación del pleito en cuestión.  Se trata de Funk-Brentano y de Constantin Photiadès.  Según el primero “ ... permanecieron en Madrid durante todo el año 1771, en que Bálsamo trabajó para el duque de Alba”, añadiendo que en esta ciudad conocieeron a un siciliano “que les jugó una mala pasada.”

El segundo afirma que, aunque el matrimonio vivía muy bien en Madrid, e iban a las corridas de toros y al teatro de los Caños del Peral, etc., “su estancia se vió estropeada por las calumnias de otro siciliano, quien afirmó cosas tan atroces contra Bálsamo, que éste se vió obligado a demandarlo por difamación ante los tribunales de justicia.”

Es tarea difícil, por no decir imposible, localizar a estas alturas quién pudo ser este malvado siciliano, envidioso de Balsamo y, posiblemente – añadiríamos – encaprichado de la mujer.  Nuestra Villa y Corte pululaba por entonces de emigrantes italianos de todo orden, pelaje y condición, muchos de ellos artistas, artesanos, actores, y también simples buscavidas, gallofos y “malviventi” llegados al calor de la protección de los ministros y funcionarios que Carlos III se había traído de su anterior Reino de Nápoles.




Fuentes:          Compendio; Funk-Brentano; Photiadès.
Investigar:       Posible documentación sobre el pleito.








PLATERO

Viejo platero octogenario (¿de origen siciliano?)

Madrid 1769/1770

Acerca del pleito de Balsamo con un paisano suyo, y a falta de los documentos quie no hemos logrado encontrar pese a nuestros esfuerzos, debemos recurrir en esta ocasión a la versión que nos ofrece, desde las amarillentas páginas de su librito, nuestro buen amigo el abate Compagnoni.  Considerando que, a fin de cuentas, el caso, tal y como él lo describe, “se non é vero”, es indudablemente “ben trovato”, según reza el dicho italiano.

Cuenta el abate, más o menos con éstas o parecidas palabras:  “En Madrid, y acreditado de su balsámico apellido, el palermitano se puso a ejercer la medicina ... y como llegado de Francia, decidió dedicarse especialmente a curar “el mal de aquella nación”.  Cayó en sus pecadoras manos un viejo platero octogenario, que sufría desde hacía cincuenta años de una cierta enfermedad.  Bálsamo prometió curarlo en menos de seis meses, siempre que se comprometiese a pagarle cincuenta doblas una vez curado.  Subscribieron el oportuno contrato, pero antes de los seis meses, el anciano falleció.  Bálsamo pretendía que lo había curado antes de que muriese, y exigió a los herederos el pago de las cincuenta doblas pactadas.  Los herederos del viejo, por su parte, sostenían que lo había matado él con sus píldoras y demás remedios, si bien esto era una falsedad manifiesta, pues el buen hombre había fallecido víctima de una apoplejía.  Bálsamo decidió llevar a juicio a los recalcitrantes herederos, y recurrió a un abogado, quien le dijo que, aunque tuviera toda la razón del mundo, se necesitaban  más de cien doblas sólo para los gastos del proceso.  El frustrado galeno se indignó sobremanera, y blasfemó en el más puro y castizo dialecto siciliano contra todos los Abogados del Universo y todos los Tribunales de Madrid.  No por ello se desanimó, sino que antes bien, una vez calmado, pensó que una intervención de su mujer le haría vencer la causa más económicamente.  Por ello, ni corto ni perezoso, envió a “Donna Lorenza” a recurrir en solicitud de audiencia al “Governatore della cità, ministro umanissimo”, quien nada más ver a la bella solicitante, se auguró de ocupar el puesto de Don Francillo.” [Quien, como se recordará, no era otro que el marqués de Fontanar].

Sea como fuere, el pleito en cuestión debió de producirse poco antes de la ruptura de la pareja con el marqués.  Ello podría también demostrar que Balsamo no se limitaba a vivir de la explotación de su mujer, sino que intentaba toda clase de expedientes para ganarse la vida, probablemente compaginando sus labores de artista con las de curandero.  Por otra parte, y de ser cierto, éste sería el único caso conocido de ejercicio de la medicina del palermitano durante su estancia en España.


Fuentes:        Compagnoni.
Investigar:     Detalles sobre el pleito.
ARANDA, Pedro Pablo Abarca de Bolea Ximénez de Urrea, conde de  (I)

1718-1798

Famoso hombre de Estado, militar y diplomático español.

Madrid 1769/1770
París 1781-1785/1786

Madrid 1769/1770

En relación con la estancia de Giuseppe Balsamo y de Lorenza Feliciani por nuestra capital, el Compendio introduce a una personalidad del Madrid de Carlos III, y destacado miembro del Gobierno de las Españas, que mereció la atención y, nos atreveríamos a añadir, la indulgente comprensión de los inquisidores romanos.  Aunque, naturalmente, el cronista del Santo Oficio, en aras de la justicia, la caridad y la prudencia, no nos revela su nombre, deja, eso sí, muy en claro su condición de émulo del conde de Ricla.

Narra, pues,  el Compendio que Balsamo tuvo un pleito con un su paisano, lo que le llevó a mandar a su mujer en solicitud de ayuda a un personaje importante del Gobierno.  Y prosigue:  éste en medio de sus quehaceres quizo informarse de la muger por menudo de su estado;  oído de ella todo el cuento, incluso la amistad del Viagero [léase el marqués de Fontanar], le propuso, que lo había de despedir, y en su lugar lo había de admitir a él:  rehusó aceptar el proyecto, y la tal Persona le replicó que quando ella quisiera su protección, no la encontraría.  Se verificó el presagio;  porque no pudiendo el Viagero resistir mas el atrevimiento del Balsamo, que siempre quería ya ropa, ya dinero, los abandonó.  Vuelve entonces à la muger (que de todo habia instruido al marido) y la manda à la tal Persona del Gobierno, quien prefiriendo su decoro à las palabras de ella, y à las tentaciones la despidió.        

Se han planteado serias dudas acerca de la precisa identidad de esta  Persona prepotente de aquel Gobierno.  Veamos qué dicen al respecto los más autorizados biógrafos del palermitano:

Pericle Maruzzi (Il Vangelo di Cagliostro il Gran Cofto.  Roma 1914) no dice prácticamente nada sobre este viaje por España;  Constantin Photiadès (Les Vies du Comte de Cagliostro.  París 1932) lo identifica en don Manuel de Roda y Arrieta, ministro de Gracia y Justicia en esa época;  Ribaudeau Dumas (Cagliostro.  Versión italiana, Milán 1968) sólo nos dice que los jóvenes viajeros son recibidos en Madrid por el marqués de Fontanar, que los honra con su protección, y por el duque de Alba, que proporciona empleo a Giuseppe.  Según Enzo Petraccone (Cagliostro nella Storia e nella Leggenda.  Milán 1937) el prepotente es también Roda.  Denyse Dalbian (Le Comte de Cagliostro.  París 1983) sólo menciona a los duques de Alba y Medinaceli, para los cuales “Balsamo parece haber trabajado como pintor”.  En cuanto a los dos únicos biógrafos (serios) españoles que conocemos, a saber, Velázquez y Oliván, apenas si hacen referencia al tema de los viajes por España, y sólo el segundo menciona a Roda. 

¿A quien, pues, se dirigó nuestra Lorenza en busca de apoyo para la causa de su marido?

Nuestras investigaciones al respecto nos llevan a concluir, sin lugar a dudas, que el prepotente (adjetivo que por otra parte cuadra perfectamente al interesado, aunque el original italiano sólo habla de un Ministro di quel Governo) no fue otro sino el a la sazón todopoderoso Presidente del Consejo de Castilla, conde de Aranda.  Nos basamos para ello en la famosa lista o relación de las “forzadas prostituciones de Lorenza” contenidas en los documentos del proceso de Roma (aunque en este caso, la tal “prostitución” no parece haberse producido, por la instintiva repugnancia de la pobre Lorenza.).

Parece ser que los autores que han atribuido a Roda la oferta de “protección” a la joven romana lo han hecho basándose en su condición de ministro de Justicia, sin tener en cuenta  que la administración de justicia civil y criminal era ejercida por la Sala de Alcaldes de Casa y Corte, dependiente del Consejo de Castilla, presidido por Aranda, y no por Roda.  El conde era también, en aquel momento, después del Rey, la persona más importante del Gobierno, y es más que probable que Balsamo, siguiendo su costumbre, enviara a su mujer a la más alta instancia posible, como hizo en Barcelona con el Capitán General Ricla.

Décimo conde de Aranda, don Pedro Pablo Abarca de Bolea es el “conde de Aranda” por antonomasia, por su gran influencia en la política social, económica y religiosa en la España de su tiempo.  Su biografía, que resumimos muy someramente es de sobra conocida, aunque no siempre bien interpretada por algunos historiadores sectarios, de tendencias por otra parte diametralmente opuestas entre sí.  Impío, enciclopedista, masón, volteriano, reformador despótico ... o benemérito hombre de la Ilustración ...  son algunos de los adjetivos que le son atribuidos como tantas etiquetas.  Afortunadamente, la obra de los maestros Ferrer Benimeli y Rafael Olaechea, muy especialmente en su ultima versión (El Conde de Aranda – Mito y realidad de un político aragonés. Zaragoza 1998) es sin duda alguna la obra definitiva y esclarecedora de la verdadera personalidad del gran aragonés, y a la cual remitimos al lector interesado en el tema.

Muy joven, abrazó la carrera militar durante el reinado de Felipe V, carrera en la que alcanzó el grado de mariscal de campo, y que añoró toda su vida, aunque hubo de dedicar buena parte de ella a los cuidados del Estado y a la diplomacia.  Embajador en Portugal y en Polonia, general en Jefe del Ejército en la campaña de Portugal de 1762-63, Capitán General y Virrey de Valencia y de Aragón.  En 1765 fue nombrado presidente del Consejo de Castilla y Capitán General de Castilla y León, cargos que ocupaba durante la estancia de Giuseppe y Lorenza en la Villa y Corte.  En 1779 fue nombrado embajador en París, donde también habría de ocuparse de la pareja, ya entonces famosa en toda Europa;  en este cargo permaneció hasta 1787, año en que el Rey le aceptó la ansiada dimisión del cargo.  Durante el reinado de Carlos IV fue de nuevo nombrado presidente del Consejo de Castilla, mas enemistado con el incapaz Godoy, cayó en desgracia, siendo sustituido por éste, y falleciendo en el destierro en 1799.

Durante mucho tiempo, fue considerado como el artífice de la expulsión de los jesuítas, y primer Gran Maestre de la Masonería española, aunque Ferrer Benimeli y Rafael Olaechea ya han demostrado claramente lo infundado de ambas aseveraciones.

Por lo que respecta a la primera, la participación de Aranda, a quien la historiografía clásica y la leyenda popular han atribuido casi totalmente la paternidad y ejecucíon de la iniciativa, se habría limitado, en su calidad de presidente del Consejo de Castilla a efectuar el Decreto de expulsión con su acostumbrada y militaresca eficiencia y energía.  Todo parece indicar que la expulsión se fraguó principalmente a instancias de Roda y Arrieta, acérrimo enemigo de los jesuítas, quien habría obrado, aparte de por convicción propia, bajo el impulso de su protector, el duque de Alba, quien en todo este asunto actuó en la sombra, dejándo la “gloria” de proyecto al conde de Aranda.  No obstante, tanto en España como – y en mucha mayor medida – en el extranjero, Aranda fue considerado como el artífice de la expulsión.  A ello contribuyeron indiduablemente los ditirámbicos eleogios que en tal sentido le propinaron Voltaire y Condorcet, entre otros.

Tampoco ha resistido al rigor histórico de los investigadores ya mencionados la legendaria fundación por Aranda del primer y mítico “Gran Oriente de España”;  tesis abrazada con igual entusiasmo y carencia de base documental tanto por la generalidad de los masones españoles, siempre en busca de una “legitimación” histórica de los orígenes de la Orden en nuestro país, como de los detractores del grupo de politicos de la Ilustración responsables de la expulsión de los Regulares, más que dispuestos a atribuirla con igual empeño a una tenebrosa “Masonería española” entonces inexistente.

Si fue, indudablemente, un destacado exponente de la tímida Ilustración española, y sobre todo un gran patriota, regalista y defensor de los derechos de la Corona frente a los privilegios de la Iglesia, lo que le ha valido la animosidad de muchos autores a ésta vinculados.  Era muy admirado por Voltaire, con quien mantuvo correspondencia, y que le consideraba como uno de los elementos clave para “la regeneración de España.”

Si no fue masón, y mucho menos fundador de Grandes Orientes como parece ahora demostrado, sí es indudable que, sobre todo durante su embajada en París, tuvo estrecho contacto con destacados miembros de la Masonería, que le veían con simpatía por su actuación – supuesta y real -  en la expulsión de los jesuítas.  Y, si hemos de creer a Barruel, frecuentaba los salones más “progresistas” de París, tales como el de madame d’Espinchal.

Buen aragonés, era hombre sumamente enérgico y testarudo, y es famosa la respuesta que dio en una ocasión a Carlos III, que le criticaba por ser tan terco:  “Conozco a alquien más testarudo que yo, y es Vuestra Majestad”.

Enormemente puntilloso, era un fanático del protocolo, tanto en relación con sus privilegios personales como, y muy especialmente, los inherentes a los diversos cargos que desempeñó a lo largo de su carrera, lo que a veces le llevaba a extremos ridículos.

Más clarividente que la mayoría de los demás ministros de Carlos III y Carlos IV, se preocupó constantemente y desde el principìo por las implicaciones de la ayuda prestada por las Casas de Borbón de Francia y de España a la Revolución americana, viendo en ella un peligro futuro para nuestras propias colonias ultrmarinas.

Estuvo casado dos veces, primero con doña Ana María del Pilar Fernández de Híjar, de la cual tuvo un hijo, que murió a los catorce años, y una hija, que casó con el marqués de Mora.  María del Pilar, que no acompañaba a su marido en su embajada de París, falleció en Madrid en 1783.  Hombre sensual y mujeriego, no tardó en sustituirla con su sobrina-nieta María Pilar Fernández de Híjar y Palafox, de 17 años de edad, contra los casi 65 del novio (lo que valió a los recién casados, pese a su alcurnia, la más vulgar y plebeya cencerrada).  A su nueva esposa sí que se la llevó consigo a Francia, aunque al cabo de algún tiempo, ella se cansó, y alegando problemas de salud, se volvió a Madrid.  Aranda, enamorado como un cadete, no paró hasta que le aceptaron la dimisión de su cargo para poder reunirse de nuevo con su joven consorte.

Físicamente, si hemos de creer al padre Coloma, el entonces embajador era un tipo bastante pequeño, como su “Amo” Carlos III, sumamente feo, con una gruesa nariz atiborrada de rapé, del que hacía un uso constante y exagerado;  ojos grises y abultados, y enormemente bizco, que inspiraron aquello de:  “Ojos de Presidente – tiene mi amante – uno mira al cierzo – y otro al levante.”  No obstante, era sumamente ágil y fuerte, discreto bailarín, excelente jinete y buen tirador de esgrima.

El Compendio cierra el incidente de la frustrada mediación de Lorenza con el conde de Aranda concluyendo:  En medio de este abandono, pasaron los dos Consortes à Lisboa.




Fuentes:          Compendio; Maruzzi; Petraccone; Ribadeau Dumas, etc.; Ferrer
                       Benimeli y Rafael Olaechea; Coloma.









RICLA, Ambrosio Funes de Villalpando Abarca de Bolea, conde de  (II)

1719-1780

Noble militar aragonés, primo del conde de Aranda.

Barcelona 1769
Madrid 1770

Madrid.  Noviembre de 1769/Octubre de 1770

Hemos averiguado, investigando en el archivo de Protocolos Notariales de Madrid, que durante este mismo período de estancia de los italianos en Madrid, también se desplazó a la Villa y Corte el conde de Ricla, que tanto había tenido que ver con la bella Lorenza durante el paso del matgrimonio por la Ciudad Condal.

En efecto, Ricla firma en Madrid, con fechas 14 de julio y 17 de noviembre de 1770, ante el Escribano Martín Bazo Ibáñez, sendos poderes para, respectivamente, cobro de sueldos en Barcelona y venta de tierras y ovejas en Zaragoza. (Protocolo 19.598).

No conocemos las razones de este viaje del Capitán General a la Villa y Corte, y a falta de datos concluyentes, todas las suposiciones son válidas.  La venta de tierrs y ovejas podía haberla efectuado perfectamente en Barcelona, o través de un poder, y no parece justificar el desplazamiento.  ¿Pudo haber hecho este viaje sigujiendo las huellas de la romana?  Naturalmente, una vez en Madrid, no dejó de ponerse en contacto con su primo y protector Aranda, que dos años más tarde lo haría nombrar ministro de la Guerra.  Y podríamos pensar que, siendo ambos empedernidos mujeriegos, bien pudieron cambiar experiencias sobre su relación con la Lorenza.

Ya se ha visto que, tras el frustrado intento de ganarse la protección del conde de Aranda, Balsamo decide abandonar Madrid y dirigirse a Lisboa.  Esta al parecer precipitada “fuga” pudiera muy bien ser debida al temor que le inspiraba la posible animosidad del aragonés, sino también a la presencia del Capitán General de Cataluña.  Lorenza, en sus declaraciones a la Policía de París (1773), alegó que decidieron irse de Madrid porque el marido sufría mucho por el calor que reinaba en la ciudad durante el verano.  Otra justificación adicional alegada más no aclarada por Lorenza, citada igualmente por los defensores de Cagliostro en el proceso de Roma, hacía vagamente referencia a “una cuestión de honor”.  El hecho es que la pareja deja Madrid hacia finales de septiembre o o principios de octubre de 1770.

Ricla, nombrado ministro de la Guerra en 1772, cargo que ejerció hasta su fallecimiento en Madrid en 1780.  Al no dejar descendencia, al menos legítima, después de su muerte el título y los estados de su mujer se incorporaron a la Casa de  los marqueses de Camarasa.




Fuentes:          Compendio;  Herrero (AHPN); www.ricla.org/cu_habana.ht.











































CRUZ SOBRAL, Anselmo da



Riquísimo comerciante y banquero portugués.

Lisboa.  Octubre de 1770/Julio de1771

Bálsamo ha decidido irse de Madrid por razones no del todo claras:  “por el calor que reinaba en la ciudad durante el verano” afirma Lorenza, lo que no parece demasiado convincente justificación para alguien acostumbrado no sólo a las temperaturas estivales de su natal Sicilia, sino incluso a las del Mediterráneo oriental, Egipto incluido.  La “cuestión de honor” también alegada por la romana no parece haber sido aclarada, a menos se refiera a una eventual “persecución” por parte del conde de Ricla, o a la enemiga de su primo Aranda, no demasiado satisfecho por la repulsa de la mujer.  En todo caso, una constante de los viajes del inquieto Cagliostro es que sus interminables desplazamientos en busca de nuevas metas son más bien un “abandono”, con frecuencia apresurado,  de aquellos lugares donde se ha detenido, sin  saber muy bien por qué, o para qué, durante más o menos tiempo.  En efecto, todos sus cambios de país o de ciudad, casi sin excepción, no parecen ser sino una “huída hacia adelante”, una búsqueda inconsciente de un destino final.

De su viaje de Madrid a Lisboa no constan paradas o detenciones en algún lugar del camino, aparte naturalmente los necesarios para el descanso y la prosecución del camino. 

Llegado a la capital lusitana, esta vez Bálsamo parece descartar el recurso a las protecciones eclesiásticas y oficiales alcanzadas durante su estancia en nuestro país, y se dirige por la vía más directa – siempre a través de Lorenza -  a las “Altas Finanzas” del país de acogida.

Dice el Compendio:   ...  pasaron los dos Consortes à Lisboa.  Llegados allí el primer pensamiento de Balsamo fue informarse, como acostumbraba hacer, de las personas ricas, y desenfrenadas,  y supo que allí había un Mercader hombre del caracter, que él deseaba:  invía al punto à su muger à pedirle una limosna, y el socorro que le dió fue una moneda [una lisbonina, según lograron apurar los curiosos inquisidores muchos años más tarde] acompañada de una torpe pregunta, citandola para tal efecto á un su jardín del campo:  en el tiempo de cerca de tres meses fueron freqüentes las idas á aquel lugar, y en cada una de ellas tubo por conseqüencia una retribución de ocho doblones. “

Dicho Mercader no era otro sino el conocido Dom Anselmo Da Cruz Sobral, riquísimo comerciante considerado como el “Creso” de Portugal. El biógrafo D’Amato dice que era de origen italiano, y que en realidad se apellidaba La Croce.  Era un negociante al por mayor que operaba principalmente entre España, Portugal e Inglaterra, país donde tenía la sede su empresa.

No obstante la poco recomendable naturaleza de sus relaciones con el acaudalado comerciante, quince años más tarde Cagliostro incluirá su nombre en su relación de personalidades conocidas en sus viajes, presentándolo como uno de los “banqueros que tenían sus cofres a mi disposición”

En su repetidamente citado Memorial de París, en el que el mago alardea de sus numerosas e importantes relaciones en todos los países visitados, por lo que respecta a Portugal afirma haber llegado a Lisboa con cartas de recomendación para Anselmo Da Cruz, y haber sido presentado en la Corte por el “Conde de Sâo Vicente”.

El comerciante, portugués o italiano que fuese, poseía efectivamente – como nos informa monseñor Barberi -  una magnífica quinta de recreo en las afueras de la capital, situada en medio de un inmenso naranjal.  Se accedía a ella por un vestíbulo pavimentado con baldosas blancas y negras, como un tablero de ajedrez.  Estaba decorada con innumerables bustos de reyes, guerreros y navegantes, todo ello muy en consonancia con el sentido lusitano de la historia y de la estética.

Según Petraccone, los ingresos procedentes de los “encuentros” de Lorenza con el Mercader, fueron juiciosamente invertidos por Giuseppe en la compra de topacios del Brasil, topacios que contaba vender provechosamente en Londres, a donde ya pensaba encaminar sus pasos.  Topacios que más adelante (“justo castigo a su perversidad”, que hubiera podido decir alguno de sus jueces romanos años más tarde) le serían escamoteados por un nuevo “amigo”, compatriota y cómplice.

Por lo que respecta a la figura de Don Anselmo, en el Archivo Histórico de Madrid (Sección Consejos – Alcaldes de Casa y Corte – Legajo 9451) hemos encontrado una carta, fechada en Sevilla en 25 de abril de 1781, dirigida por un tal Fdo. de Bruna al Excmo. Sr. Dn. Manuel Ventura Figueroa, informándole sobre rumores de la detención del bandido Bartolomé Gutiérrez “según un Serrano de Zalamea que ha venido de Lisboa”.  Entre otras cosas, que  no son del caso, se dice lo siguiente:  “Este mismo Serrano me ha dicho que el Contratador que está dando la salida del tabaco de contrabando para España es un tal Anselmo de la Cruz, y que en el día estaban inundados los caminos de contrabandistas de la raya de Málaga y del reino de Córdova.”  (Nuestro subrayado).  Esta información nos aclara, al menos en parte, el origen de la fortuna del “empresario” italo-portugués, dieciochesco precursor de los grandes “capos” del narcotráfico de nuestros días.

Giuseppe – o por mejor decir – Lorenza debió de tener más de un problema con la familia del adinerado Dom Amselmo, comprensiblemente molesta y preocupada por la ya larga relación de su pariente con la extranjera, razón por la cual el matrimonio decidió que ya era hora de recoger sus ganancias, que no habían sido pocas, y cambiar de aires.








Fuentes:          Compendio; Ristretto; Petraccone; D’Amato; Herrero (AHN).
Investigar:       Dicc. biográfico portugués, etc.  Corresp. diplomática 1770/71.







































SAÒ VICENTE, Manoel Carlos da Cunha e Tavora, conde de



Aristócrata portugués, protector, parece de Giuseppe y Lorenza en Lisboa.

Lisboa. Octubre de 1770/Julio de 1771

En su Memorial de París, Cagliostro declaró haber sido presentado en la Corte lusitana por el “Conde de Sâo Vicente”.  Se llamaba éste Dom Manoel Carlos da Cunha e Tavora, y era caballerizo de la princesa Doña María.  Sospechado algún año más tarde (1774) de haber hecho asesinar a un su rival en el afecto de un actriz a la que cortejaba, hubo de refugiarse en España, de donde regresó al ser descubierto el verdadero culpable.  También corrió el rumor de que había sido víctima de las intrigas urdidas por el marqués de Pombal.




Fuentes:         Photiadès; Dalbian.
Investigar:     Dicc. biográfico portugués.

























Dom JOSÉ



Príncípe heredero de Portugal

Lisboa.  Octubre de 1770/Julio de 1771

El portugués marqués de Resende (Pintura de um outeiro nocturno e um saräo musical as portas de Lisboa no fim do secullo passado. Lisboa 1868) afirma que Cagliostro habría sido recibido en Queluz por el heredero del trono, el Príncipe Dom José, muy conocido por sus ideas liberales y por su interés por la ciencia.  La francesa Denyse Dalbian, bien conocida de nuestros lectores a fuerza de constantes y justificadas citas, cita a su vez al marqués de Resende y supone que Bálsamo debió de conocer en la misma circunstancia a Dom Juan de Braganza, duque de Laföens.



Fuentes:          Dalbian.
Investigar:       Dicc. biográfico portugués.


















LAFOENS, Juan de Braganza, duque de

1719-1806

Príncipe portugués, perteneciente a la Familia Real.

Lisboa. Octubre de 1770/Julio de 1771

Algún autor sugiere que Cagliostro habría encontrado en Queluz al heredero del Trono, el Príncipe Dom José, junto con  el duque de Laffoens, que encargaba en el extranjero libros prohibidos que los servicios de aduanas trataban de interceptar.

Juan de Braganza nació en Lisboa.  Fue muy aficionado al estudio de las lenguas y a la poesía, en cuyo cultivo destacó  notablemente.  Algunos epigramas poco respetuosos, junto con su resistencia a abrazar el estado eclesiástico que pretendía imponerle el Rey, le hicieron caer en desgracia, lo que le impulsó a una serie de viajes por Europa y Asia.  A su regreso, fundó en Lisboa la Academia Real de Ciencias.  Entre los cargos que desempeñó, se cuentan los de generalísimo de los Ejércitos y Gran Maestre de la Real Casa.  En 1801 dimitió de todos sus cargos, manteniendo únicamente la presidencia de la Real Academia por él fundada.




Fuentes:          Dalbian.
Investigar:       Dicc. biográfico portugués.











MANIQUE, Diego Ignacio de Pina

1733-1805

Alto funcionario portugués.

Lisboa. Octubre de 1770/Julio de 1771. ¿1787?

Era Intendente de la Policía.  Cursó leyes en la Universidad de Coimbra.  En 1762 fue nombrado Juez del Crimen.  Nombrado superintendente general de aduanas y contador de Hacienda por el poderoso marqués de Pombal, su verdadera vocación la demostró en su cargo como Intendente General de la Policía, en el que se distinguió notablemente, creando un cuerpo de policía de a pie y otro de a caballo, mejorando enormemente la seguridad en la capital del Reino.

El marqués de Resende, citado por Dalbian, evoca en sus recuerdos de una soirée musical en la Mansión des Picoas, rica casa patricia, y en la que se encontraban, entre muchos otros invitados, el Intendente General de la Policía Dom Diego Ignacio de Pina Manique.  Pina Manique, inclinándose hacia el marqués y señalándole a Cagliostro, le habría susurrado al oído: “Esa cara no me dice nada que valga la pena...”  Anécdota ésta que nos parecería más verídica y fiable referida a épocas posteriores de la carrera de nuestro personaje que,  no lo olvidemos, todavía no era el conocido y popular “Conde de  Cagliostro”.

En realidad, los autores portugueses parecen confundirse bastante en cuanto a las fechas de la estancia – y procedencia – de Cagliostro en la capital lusitana, pues según algunos, acaba de llegar de Londres, y no de Madrid.  Camilo Castelo Branco sitúa esta recepción en 1771, lo que sería correcto, mientras que otros pretenden que Cagliostro, en compañía de su mujer viajó a Lisboa en 1787, procedente de Londres, lo que es de todo punto inexacto. En realidad, sólo podemos considerar la posibilidad de una segunda – pero necesariamente breve -  visita de Bálsamo a Lisboa haciendo una posible parada durante su viaje por mar desde Cádiz a Inglaterra, entre junio y julio de 1776, aunque se trate únicamente de una hipótesis no documentada en absoluto.

Denyse Dalbian sugiere la – hipotética - posibilidad de una breve estancia lisboeta de Cagliostro en 1787.  Se basa para ello, aunque sin insistir demasiado, en declaraciones del propio Intendente de la Policía, quien en fecha 7 de mayo de dicho año habría expulsado del Reino a un tal “conde Steffanio”, quien no sería otro que el Conde de Cagliostro.  Según Pina Manique:  “El infame e indigno Cagliostro, conocido por sus atrocidades en todo el norte de Europa fue expulsado por la policía de Lisboa, por temor a que instaurase en esta capital sus infames máximas;  de Lisboa, este gran apóstol de los franc-masones, y especiamente de la franc-masonería egipciana, pasó a Italia, y a Roma..,” etc.  Sin embargo, la misma Denyse Dalbian desmonta esta teoría con la mención de la presencia de Cagliostro en una imponente ceremonia masónica en Basilea el 2 de mayo de ese mismo año de 1787.

Continuando con la biografía del Intendente, éste se opuso en su momento a las ideas políticas difundidas en su país a consecuencia de la Revolución francesa, y entró en conflicto con el embajador de Napoleón, general Lannes, que se dedicaba al contrabando en gran escala.  Napoleón condenó las actividades de Lannes, pero exigió la dimisión de Pina, acusándole de hostilidad hacia los intereses de Francia.  El Intendente fue, pues, expulsado de su cargo, humillación que le condujo a la muerte dos años más tarde.

A finales del siglo, había recibido en señorío, en premio a sus servicios, la Villa de Pina Manique, luego llamada Manique del Intendente, en la cual hizo construir una iglesia parroquial.



Fuentes:          Dalbian;  Espasa.
Investigar:       Marqués de Resende.
















RICCIARELLI, Giuseppe  (II)



Músico y cantante italiano, probablemente romano.

Roma 1768
Lisboa 1770/1771
Londres 1771/1772
Londres 1776/1777
Roma 1789/1790

Lisboa 1770/1771

Los recuerdos del marqués de Resende evocan una soirée musical en la Mansión des Picoas, rica casa patricia, y en la que se encontraban, entre muchos otros invitados, el Intendente General de la Policía Dom Diego Ignacio de Pina Manique y el músico Ricciarelli, anteriormente conocido por Balsamo en la antesala del cardenal Orsini.

Camilo Castelo Branco, en su obra Mosaico e Silva (“José Bálsamo en Lisboa”), Porto, s.d., también citado por Dalbian, sitúa esta recfepción hacia 1771, durante la primera – y única –  estancia de Giuseppe en la capital lusitana.




Fuentes:          Dalbian.
Investigar:        Castelo Branco.




 





VIVONA, Antonio, “marqués” de   (I)


Joven aventurero siciliano, sediciente “marqués”.

Lisboa 1770/1771
Londres 1771

En Lisboa, Giuseppe Balsamo entabla amistad con un joven aventurero, paisano suyo, quien pronto despierta su incondicional admiración y respeto. 

Algún autor no demasiado fiable, por novelero y escasamente documentado, nos proporciona la pintoresca historia y antecedentes del tal personaje.  Vivona, noble siciliano, derrochada su inicial y heredada fortuna, habría recorrido las Américas como aventurero, siendo minero en Chile y bandido en Méjico, tratante de pieles en Buenos Aires y mercader en piedras preciosas y efectos coloniales en el Brasil.  Afirmaba haber llegado a Lisboa con un surtido de amatistas, esmeraldas, zafiros, topacios, etc., prometiendo al admirado Giuseppe nombrarle intermediario para la compra-venta de sus gemas y su conversión en diamantes y perlas.  Ante este nuevo “marqués de Agliata”, de infausta y bergamasca memoria, el ingenuo palermitano vuelve otra vez, como se verá,  a tropezar sobre la misma piedra.

Estas historias de grandes fortunas en piedras preciosas, por otra parte, no parecen haber sido consideradas como una exageración en aquellas lusitanas latitudes, abiertas a todos los horizontes, a todas las transacciones y a todos los comercios del ancho mundo.  Por ejemplo, a título de curiosidad  incluímos la siguiente  noticia publicada por aquellas fechas en la Gaceta de Madrid.  “Roma, 2 de mayo de 1771:  Algunas cartas que se han recibido de Lisboa refieren haber arrivado á allí un Navío de registro de Goa, en que ha venido un Músico, que suponen Italiano, de buelta del Gran Mogol, donde estubo algunos años con el Emperador, habiendo registrado en aquellas Aduanas el valor de dos millones de cruzados en joyas y perlas.”
Giuseppe y Lorenza debieron de tener más de un problema con la familia del adinerado Dom Amselmo, comprensiblemente molesta y preocupada por la ya larga relación de su pariente con la extranjera, razón por la cual el matrimonio decidió que ya era hora de recoger sus ganancias, que no habían sido pocas, y cambiar de aires.
El temor de tener algun enquentro con la familia del Mercader, que bramaba con tal amistad, hizo al Balsamo dexar aquel sitio, y trasladarse à Londres. 

Fuentes:          Saint-Félix; Velázquez; Compendio.

LUCY, miss  (I)


Joven inglesa.

Lisboa 1771
Londres 1771

Jovencita inglesa contratada por Balsamo como doncella y maestra de inglés de Lorenza.

Habiendo decidido unir su suerte a la de su nuevo ídolo, el marqués Vivona, que también piensa viajar a Londres, Bálsamo decide que su mujer debe aprender algo de inglés (suponemos que a él ni siquiera se le ocurrió intentarlo).  Para salir mejor con sus ideas quiso primero, que su muger aprendiese la lengua Inglesa, bajo la escuela de una mozuela, á quien él entretanto estubo personalmente enseñandole las malas costumbres.

Así, pues, si hemos de creer al cronista romano, Bálsamo debió de tener un lío con la improvisada “maestrina” inglesa, a la que  nuestro biógrafo Velázquez da el muy británico nombre de “Miss Lucy”.  Lorenza, más acostumbrada a poner los cuernos a su marido, con o sin su permiso, que a ser engañada por éste, debió de enfadarse muchísimo.  El “marqués “ Vivona, sin embargo, pronto arregló la situación, pues parece que llegó a entenderse con ambas mujeres.  Así, la joven Lucy se embarcó para Inglaterra en compañía de los Bálsamo y de Vivona, este último con la mente ocupada constantemente no por sus propias y supuestas piedras preciosas de toda especie, sino por los sólidos y reales topacios de su joven y confiado amigo y paisano.




Fuentes:          Saint-Félix; Compendio; Velázquez.






WERLEY, Tom


Cuáquero  norteamericano.

Londres 1771

La comitiva compuesta por Giuseppe, Lorenza, Vivona y la doncellita-profesora de inglés miss Lucy, llegan a Londres, procedentes de Lisboa, exactamente el 3 de agosto de 1771.

Primero alquilaron un apartamento en Leaden Hall Street.  De allí, pronto se mudaron a St. Albans Street, y luego a New Compton Street, Soho Square, en un inmueble propiedad de un tal Mr. Brandall, tornero de profesión.

Fue probablemente en el primero de estos domicilios donde tuvo lugar una de las primeras “hazañas” del siciliano en la capital inglesa, y que relata el Compendio con, menester es admitirlo,  bastante gracejo:

Pasados á Londres fue alli franco en la alcahueteria el Balsamo:  aqui nos reduciremos en referir la tramoya que urdió á un Quaquero.  Previenen las leyes de Inglaterra que si un marido sorprende á su muger en adulterio puede con el apoyo de un testigo, ò acusar al adultero à los Tribunales, donde es castigado con grande rigor, ò componerse con èl, en aquella suma de dinero, que él quiere:  Viviendo, pues, los dos Conyuges en aquella ciudad tomaron amistad con algunos Quaqueros, y tambien con un Siciliano, que suponia ser el Marques Vivona;  uno de los Quaqueros se enamoró de la muger, y renunciando toda seriedad, la solicitó:  ella sin corresponderle, lo confió al Marido:  con esta  noticia convinieron el Marido, la Muger, y el Vivona, en que ella lo citase furtivamente, y que ellos en el día, y hora destinados estarian ocultos en una sala inmediata, y que al llegarse aquel à la próxima ocasión, á una señal que ella hiciese, se manifestarían el Balsamo como marido, y el Vivona como testigo, y à las voces, insultos, y amanazas se vería precisado à largar el dinero.  Todo salió según sus deseos.  Fue el Quaquero al convite de la muger en el tiempo señalado, comenzó à complimentarla al uso de Pensilvania, y le dice, è Madama, yo no sabía que un Quaquero pudiese serle tan apreciable:  en la conversacion se inflamó, y llegó tan al vivo, que el Quaquero se bañó en sudor el capillo, la peluca, y el jubón;  y à este tiempo con la señal concertada entran improvisamente en la sala el Balsamo, y el Vivona, y lo sorprenden, él se conturba, no puede negar, y recibe por favor componerse con el desembolso de cien libras Sterlinas, que ellos dividieron entre sí.

El nombre de Tom Werley, tomado probablemente de Jules de Saint-Félix, lo encontramos en  la obra de Velázquez, único autor que, aunque sin  citar una fuente específica, identifica así al apasionado puritano.

Dalbian ha confirmado, investigando en los archivos de la policía de París, que fue precisamente el “marqués” Vivona el cerebro de la celada tendida al cuáquero.  En efecto, según documentación enviada en su día al ministro Vergennes quince años más tarde, Vivona aconsejó a Balsamo “sacar partido de los encantos de su mujer instando a ésta a dar una cita en su habitación a un cuáquero que se había enamorado de ella, haciendo intervenir a un juez para constatar el delito y conseguir daños e intereses según las leyes inglesas, lo que fue ejecutado.”

El Compendio, al relatar este vodevilesco episodio, se basa casi textualmente en las declaraciones de Lorenza contenidas en el Ristretto.  Su marido, por su parte, trató de justificarse en los siguientes términos:  “Declara haber él en Londres junto con Vivona y un intérprete sorprendido casualmente a la mujer en acto deshonesto con el cuáquero, y aunque niega el preventivo acuerdo, concluyó que gracias a la intervención del marqués Vivona y un pariente del cuáquero, depuso el pensamiento de llevarlo ante los Tribunales, y se arregló con el cuáquero para que entregase dinero para hacer un vestidejo (abbituccio) a mi mujer, y así me tranquilicé y di por terminado el asunto.”

Evidentemente, la presencia “casual” de un intérprete, no deja lugar a dudas sobre la naturaleza de la celada tendida al pobre cuáquero. 

En cuanto a la identidad del mismo, cabría preguntarse si pudiera tratarse de algún personaje importante relacionado con la representación de las Colonias americanas en la Metrópoli.  Y, siempre en esa misma óptima, podría investigarse una posible relación con Benjamin Franklin, quien por esa misma época representaba en Londres los intereses de, precisamente, Pennsylvania.




Fuentes:          Velázquez; Compendio; Herrero.
Investigar:       Benjamin Franklin en Londres.





FRANKLIN, Benjamin   (I)

1706-1790

Famoso hombre de Estado americano, economista, inventor y escritor.

Londres 1771/1772
París 1781/1785 ¿?

Londres 1771/1772

Benjamin Franklin se encontraba en Londres  en la época del primer viaje de Giuseppe Balsamo.  Como agente del Estado de Pennsylvania pudo haber tenido contactos con o conocer al pobre cuáquero “chantajeado” por el palermitano.  (A menos – que todo podría ser si nos dejamos llevar por la imaginación – que no se tratase de él mismo, pues es sabido que, hombre de gran vitalidad cuando no le daba por la filosofía o los inventos, era bastante mujeriego).

Tenía su residencia en el número 7 de Craven Street, cerca de Charing Cross, en un edificio hoy desaparecido.  En otros períodos, anteriores y posteriores, fijó su domicilio en el número 36 de la misma calle, en una casa que aún existe.

Su biografía es sobradamente conocida, pero la resumiremos muy someramente, ayudándonos, como de costumbre, con nuestro viejo amigo el Espasa:

Nació cerca de Boston el 17 de enero de 1706, siendo el hijo número dieciséis de un modesto industrial, fabricante de velas y jabones.  No gustándole el oficio paterno, a los 12 años entró como aprendiz en una imprenta.  Devoraba todos los libros que caían en sus manos, y empezó publicando unas poesías, bajo nombre supuesto, en el periódico de su hermano.  Viajó a Filadelfia buscando el apoyo del gobernador para fundar una imprenta, y se embarcó para Inglaterra para gestionar la compra del material.  Una vez en Londres, falto de medios, abandonó el proyecto momentáneamente y se puso a trabajar en una imprenta.  En 1726 regresó a Filadelfia y abrió su propia imprenta, que tuvo un gran éxito, encargándose de la publicación de un periódico.  En 1726 se casó con su prometida miss Read.  Poco después abrió una librería, que prosperó mucho.  En 1732 inició la publicación, además de su periódico, del llamado Almanaque del Buen Ricardo.  También escribió y publicó libros de economía.  Condenó la llamada “Ley de pobres” de la metrópoli, y denunció los intentos de implantarla en las colonias.  Se interesó también por la física, haciendo observaciones sobre el calor de la corriente del golfo, e inventó la harmónica y una estufa y chimenea económica que lleva su nombre;  entre 1747 y 1752 inventa la primera batería eléctrica, y en junio de este último año inventa el pararrayos.  Hacia la misma época descubre los anteojos bifocales que también llevan su nombre.  Por estos y otros muchos trabajos y experimentos, fue nombrado socio de la Royal Society de Londres, que en 1753 le concedió la medalla de oro.

En 1747 fue elegido miembro de la Asamblea nacional de Pennsylvania.  En 1753, nombrado por el Gobierno inglés director general de Correos de todas las colonias  norteamericanas, concibió el plan de una constitución general, un Congreso y un gobierno central de todas las colonias.  Apoyó la expedición del general inglés Braddock contra los franceses que amenazaban invadir las colonias inglesas desde el Canadá, y al fracasar la expedición, presentó un proyecto para crear una fuerza o milicia formada por voluntarios.  Fue encargado de la construcción de una línea de fuertes en la frontera  Noroeste, trabajo que desempeñó a plena satisfacción del gobierno.  En 1757, la Asamblea nacional de Pennsylvania le envió a Inglaterra para resolver la reclamación de los colonizadores, que solicitaban una exención de impuestos.  Permaneció unos años en la metrópoli como representante o agente de negocios de Pennsylvania y de otras provincias ante el gobierno inglés.  Regresó a Filadelfia en 1762, en la época de los tumultos contra la Ley del Timbre, y en 1766 volvió de nuevo a Inglaterra como agente de Pennsylvania y otros Estados, defendiendo la causa de las colonias con tanta elocuencia que el Parlamento retiró el acta.  Sin embargo, esta defensa le costó ser destituido de su cargo de director general de Correos.

En la casa que habitó Franklin en el 7 de Craven Street 36, que todavía existe, convertida en un museo, se encontraron recientemente restos de 10 esqueletos humanos de más de doscientos años de antigüedad enterrados en el sótano del edificio, se supone que en la época en que Franklin vivía en el edificio.  Los restos mostraban  señales de haber sido disecados, aserrados, o cortados, y los cráneos mostraban haber sido taladrados en diversos puntos, suponiéndose que tales restos son el resultado de experimentos médicos ilegales, por otra parte bastante comunes en la época.  Según parece, un médico y cirujano llamado William Hewson estaba casado con Mary “Polly” Stevenson, hija de la casera de Franklin.  El doctor Hewson trabajaba en colaboración con William Hunter quien, junto con su hermano John era uno de los padres fundadores de la cirugía moderna en Inglaterra.  Tras una disputa con Hunter, resuelta según parece por la intervención del americano, Hewson estableció una escuela de cirugía rival y sala de conferencias en la casa de los Stevenson, donde precisamente residía Franklin.

Hewson falleció en 1774, poco antes de que su amigo americano regresara a su país, habiendo contraído una septicemia al cortarse trabajando con un cadáver parcialmente descompuesto.  Tenía 34 años de edad.  Franklin se ocupó de proteger a su viuda, que más adelante le siguió a América.

Franklin abandonó Inglaterra en 1775, convencido de que los planes ingleses de imposición de nuevos impuestos a las colonias conducirían inevitablemente a la guerra, como así sucedió.




Fuentes:          Espasa; Herrero; Internet.
Investigar:      Completar biografía en segunda ficha.


























INTERPRETE


Londres 1771

Ignoto linguista que actuó de intermediario entre Balsamo, Vivona y el malaventurado cuáquero en la trampa que tendieron a este último con la complicidad de Lorenza.




Fuentes:          Ristretto.






















PARIENTE del cuáquero


Londres 1771

Pariente o amigo del cuáquero “chantajeado” por los italianos.




Fuentes:          Ristretto.























VIVONA, Antonio, “marqués” de   (II)


Joven aventurero siciliano, sediciente “marqués”.

Lisboa 1770/1771
Londres 1771

Londres 1771

Según el Compendio, los Balsamo habrían conocido a Vivona en Londres, y no en Lisboa.

El supuesto marqués, tras el episodio del cuáquero, pronto tuvo ocasión de engañar también a su amigo y cómplice, quien había llegado a Londres con una buena cantidad de topacios del Brasil, probable inversión de los buenos escudos pagados por Alselmo da Cruz por los favores de Lorenza.

Prosigue el Compendio:  Tuvieron motivos los dos para disgustarse bien presto, y separarse.  Tenia el Balsamo en su poder porcion de topacios que juntó en Lisboa el tiempo que allí vivió, y queriendo salir de ellos lo encargó à Vivona, quien pensó por mejor, quedarse con ellos, y huirse de Londres.

Así, Vivona – como su predecesor Agliata - abandona al matrimonio, escapándose con la doncellita Lucy, con los topacios y con los fondos de sus amigos.  Y ya no volvemos a saber nada de él.




Fuentes:          Compendio; Petraccone; Phothiadès; Oliván; Dalbian.
 





LUCY, miss  (II)


Joven inglesa.

Lisboa 1771
Londres 1771

Londres 1771

Según una versión, bastante creíble, abandona sus clases de inglés a Lorenza, y se escapa con  el pretendido “marqués“ Vivona.  Y tampoco volvemos a saber nada de ella.




Fuentes:          Saint-Félix; Velázquez.

















BOTISOL, Moisés


Intérprete judío, residente en Londres.

Londres 1771

Durante su estancia en Londres, Balsamo, completamente ignorante del idioma, contrata a un intérprete israelita, llamado Moisés Botisol (“Botibol”, según el biógrafo Photiadès).  Por esa época, el siciliano se esfuerza con el mayor celo para vivir de su talento como artista, que después de todo fue su máxima vocación, que habría de acompañarle toda su vida.  Este Botisol fue quien probablemente le puso en contacto con el tambén judío Moisés Benamore, quien habría de encargarle una serie de dibujos (patentes, diplomas, pasaportes, etc.) destinados a “Su Majestad Berberisca”.

Entegados los trabajos, y como pasaba el tiempo sin que le pagasen, Giuseppe envió a Botisol a reclarmar a su compatriota un adelantop, recibiendo dos guineas a cuenta.




Fuentes:          Photiadès; Morande.














BENAMORE, Moisés


Judío ¿marroquí? de origen portugués o español.

Londres 1771/1772

Era un hombrón alto y corpulento, incluso gigantesco.  Decía estar al serevicio del Emperador de Marruecos Mohammed ben  Abdallah.  Vivía en Fenchurch street, en  casa de un tal míster Plummer, impresor, donde dió cita a Balsamo.

Llegado a Londres, Balsamo intenta, entre otras actividades menos recomendables (tales como la famosa “encerrona” al cuáquero americano) y como ya había hecho anteriormente en España y – posiblemente, también en Portugal - ganarse la vida con su innegable talento de artista y dibujante.  Habiendo alquilado el 3 de agosto de 1771 el apartamento de Leaden Hall Street, se encerró en su estudio todo el mes de agosto, trabajando febrilmente en un colección de grandes cartones que pensaba someter al rey Jorge III.

El 1 de septiembre, se le presenta Benamore, posiblemente por recomendación del intérprete, el otro Moisés de apellido Botisol.  Benamore se mostró maravillado por la perfección de los trabajos del siciliano, y declaró enfáticamente que su autor podría nadar en oro si consintiese en ir a Fez.  Balsamo, entusiasmado ante tales perspectivas, sobre todo si se trataba de viajar, se declaró completamente dispuesto a ello.

Tras esta primera visita, el judío citó a Giuseppe para el 10 de septiembre en casa de su casero Plummer y, para empezar, le encargó una serie de dibujos artísticos (modelos de escudos nobiliarios, diplomas y patentes, etc.) “por cuenta de Su Majestad Berberisca”.  El Sultán, afirmó, solía pagar de sesenta a cien piastras por cada uno.

El palermitano, que ya se veía contratado al servicio de la Corte del Sultán, debió de intimar bastante con su “mecenas” judío, que invitaba constantemente al matrimonio a sus palcos en el Drury Lane Theatre, en la Opera Italiana del Covent Garden y en el teatro de Marylebone.

Sin embargo, como pasaba el tiempo y el judío no le pagaba los trabajos entregados, hacia el mes de octubre, Giuseppe – por delicadeza, suponmos - envió a su intérprete Botisol para reclamar un adelanto.  Benamore puso toda clase de pretextos y se limitó a entregar dos guineas al mensajero.  Llegado el invierno, el palermitano, a corto de dinero y desesperado por la falta de pago, puso el asunto en manos de un procurador y demandó judicialmente al judío.

Se conocen algunos – bastantes – detalles de este caso gracias a la capaña periodística desarrollada más adelane por el director del Courrier de l’Europe, Théveneau de Morande contra Balsamo, ya convertido en Conde de Cagliotro.  Théveneau investigó, entre otros, “el caso Benamore” para demostrar que Cagliostro ya había permanecido en Londres durante 1771/1772, contrariamente a lo que afirmaba el mago, publicando sus descubrimientos en su periódico.

Writ (Orden de arresto) por el tribunal de Common Pleas, por Joseph Balsamo contra Moysé Benamore, el 2 de enero de 1772.  Originl depositado en el bureau Fillazer’s Office, Hare-Court, Middle-Temple.

Años más tarde, el gacetillero Morande acusaba en su periódico al palermitano de no haber sido sino un pobre diablo medio muerto de hambre durante su primera estancia en Londres.  C. de l’E., Nº 30, 13 de octubre de 1786:  “ ... el hombre que solicitó con tanta humildad entregas a cuenta de dos guineas para poder comprar pan, como vos habéis hecho con Benamore ...”

C. de l’E., Nº 40, 17 de noviembre de 1786:  “ ... el mes de septiembre [1771] Balsamo conoció al grueso y grande Benemore, que se alojaba en casa del Sr. Plummer, en Fenchurch-Street, Londres.  La hermana del Sr. Plummer se llama Mrs. Leslie ...”




Fuentes:          Morande; Photiadès.











PLUMMER, mister

Impresor inglés.

Londres 1771/1772

En su casa de Fenchurch street se alojaba el judío Moisés Benamore, supuesto agente del Sultán de Marruecos.




Fuentes:         Morande.





















AYLETT, Edward   (I)


Conocido procurador londinense.

Londres 1771/1772
Londres 1777

Londres 1771/1772

Poco después del “incidente” con el cuáquero, el “aprovechado” marqués Vivona se escapa con la doncella Lucy, llevándose los topacios que Balsamo le había confiado.  Entonces, el palermitano, para agenciarse unos ingresos, decide recurrir a su talento como artista y dibujante.  Conoce a un judío, llamado Benamore, quien le encarga una serie de trabajos a la pluma “por cuenta de Su Majestad Berberisca”, trabajos que luego “se olvida” de pagarle.

A corto de dinero, en diciembre de 1771, Giuseppe pone el asunto en manos del procurador Edward Aylett, reclamando el pago de 47 libras esterlinas, según declaración efectuada bajo juramento el 2 de enero de 1772, en Middle-Temple, con lo cual Benamore fue encarcelado.  Sin embargo, Balsamo tuvo que pagar las costas sin haber conseguido su dinero.  No debió de quedar muy convencido del trabajo de su representante, por lo cual decidió no pagarle sus honorarios, dejando esa deuda pendiente cuando abandonó Londres en septiembre de 1772.  “Inadvertencia” que le habría de costar algunos disgustos más adelante.

Aylett tenía su bufete en el número 20 de Villers Street, Hyork Buildings.




Fuentes:          Morande.





LOWE, John   (I)

“Chupatintas” inglés.

Londres 1771/1772
Londres 1777

Londres 1771/1772

Escribiente o pasante del procurador londinense Edward Aylett, encargado de la demanda judicial de Balsamo contra el judío Benamore.




Fuentes:          Photiadès.


















EVANS, John

Funcionario inglés, registrador o archivero (Garde de Liasses)

Londres 1772

Engañado por el judío Benamore, el frustrado Giuseppe decide presentar una demanda contra el comitente.  El 2 de enero de 1772, el palermitano jura en el Middle-Temple, “... par devant John Evans, garde de liasses de Londres et de Middlesex, que Moïse Benamore lui était ...  redevable de 47 libres sterling et au-dessus.” (Courrier de l’Europe).




Fuentes :          Morande.
Investigar :       Traducción exacta de « garde de liasses »


















WRIGHT, mistress

Señora inglesa.

Londres 1771

Propietaria de una casa en Leaden Hall street, casera del primer domicilio alquilado por Balsamo durante su estancia en Londres.

No pasó mucho tiempo sin que el Balsamo fuese allí [Londres] preso por delito del arrendamiento de la casa.

Al quedarse el palermitano sin dinero por la fuga de Vivona con sus topacios y otros efectos, su casera mistress Wright lo mandó a la prisión por deudas, prisión de donde pudo salir gracias a la desinteresada protección de un noble inglés, enternecido por las desgracias de Lorenza.




Fuentes:          Compendio;  Photiadés.















HALES, Sir Edward

Noble inglés, de religión católica.

Londres 1771/1772

Engañado por su “amigo” Vivona, Giuseppe se queda sin dinero y es enviado a prisión por deudas al no poder hacer frente al alquiler de su casa.

Y prosigue el Compendio:  La generosidad de un Ingles redimió à Balsamo de la prision.  Freqüentando su muger la Capilla Catolica de Baviera tubo ocasion de hablar à un honesto hombre, y habiendo referido el estado de su marido recibió de aquel un socorro, que fue bastante para extinguir la deuda;  y à mas de esto el Ingles por acto de caridad se llevó à los dos à su casa:  en el trato, y cohabitacion creyó hallar en Balsamo, quien à proposito le pintase algunas salas de su hacienda de campo;  le manifiesta su pensamiento, y èl aunque incapaz de tal facultad, acepta con franqueza el encargo.  Habiendo pasado también el Inglés à morar en la hacienda una su hija jóven se enamora del Pintor, no se sabe si por propia inclinacion de ella, ò por seducion de èl; sea lo que fuere, se sabe de cierto, que èl le correspondió (así lo ha confesado èl mismo) à la pasion de la muchacha hasta lograrla, y por esto tubo mucho dinero.
Podrá acaso sorprender à algunos el ver como este hombre supo insinuarse felizmente en el animo de las mugeres;  quien lo ha visto y tratado sabrá asegurar que jamás tubo nada de apreciable en su interior, ni exterior presencia.  El pues, es de baxa estatura, de color verdinegro, demasiado grueso, ojos ceñudos, de una parla Siciliana mezclada con algunas palabras ultramontanas, que le hacen hablar un lenguage casi Hebreo sin alguno de aquellos adornos, que son comunes en el mundo politico, sin  noticias, sin ciencia, y privado de todo resorte, que pueda excitar amor acia ellas:  un hombre, digamos, de tal clase, ¿como jamas, preguntará alguno, ha podido tener aceptacion con las mugeres y tal aceptacion que separandolas de los sentimientos de la virtud, haya recebido de ellas una larga correspondencia, y mercedes?  Una solucion de este fenomeno presenta el Proceso;  y es que la dicha jòven Inglesa era una figura brutisima y bastisima.  El animo del Ingles, que ya habia empezado a indisponerse quando se vió engañado en el trabajo de la pintura, porque en vez de adornar las salas se las habia ensuciado, se irritó en estremo, y mas luego que pudo entender la seducion de la hija;  por tanto empleó toda su colera en arrojar de su casa à los Conyuges. 

Según Dalbian, Giuseppe y Lorenza pasaron siete meses en Londres y cuatro en Canterbury, en la residencia de Sir Edward.

Photiadès nos describe al personaje como “noble inglés, católico, caballero de una cierta edad ...  se contaba entre los baronets más antiguos y vinculados a la religión católica.  Los pobres y enfermos a quienes socorría, y que vivían exclusivamente gracias a sus limosnas y socorros, testimoniaban la gran bondad de su corazón  ... sus muchas luces y su gran pasión por las bellas artes, que no dudaba en satisfacer mediante prolongados viajes ...”

Este desinteresado (uno de los pocos) protector del matrimonio italiano vivía en Londres en el número 43 de la Albermarle street y tenía su residencia campestre en Hales Place, castillo situado cerca de Canterbury.

Su  nombre aparece confundido en algunas biografías, por culpa de Lorenza, quien en sus interrogatorios por la policía de París en febrero de 1773, lo recordaba como “Sir Dehels”.

El biógrafo español Velázquez, por su parte, lo presenta, probablemente basándose en una autor poco informado, como “John O’Dailly”, añadiendo tratarse de un  irlandés enriquecido en el comercio.  Añade que se había casado en edad madura con una joven de constitución delicada, que al  morir le dejó dos hijos, varón y hembra, ambos de constitución endeble.  El hijo habría muerto de tisis unos tres meses antes de que el padre se encontrara con Lorenza.  Todos estos prolijos detalles no están refrendados, ni mucho menos, por una documentación seria y comprobada.

Según el también español Oliván, se trataba de un anciano bien conservado y de fuerte complexión, quien compadecido de la bella italiana, conocida en la Capilla Católica de Baviera, habría comenzado por entregar siete guineas a Lorenza para que resolviese sus primeros apuros.

El Courrier de l’Europe, en su número 44, de 1 de diciembre de 1786, nos dice lo siguiente a este respecto:  “... Le chevalier Edward Hales, un des plus anciens baronets de l’Angleterre (création de 1611 ; il n’y en a pas de plus anciens que lui en Angleterre) ... en 1772 il le prit [a Balsamo] par le bras, & le chassa ignominieusement de son château, situé près de Canterbury ...  Descendant d’une familie Catholique, Sir Edward va à la messe & fait l’aumône aux malheureux ...  Balsamo était arreté pour 7 guinées  ...  Sir Edward venoit de faire rebatir son chateau,  mais il ne l’avoit paint orné ...  El Courrier añade que Giuseppe fue expulsado por Sir Edward, también por haber dicho a un criado que el inglés era un gran ignorante, y que si le hubiera reñido alguien de esa forma a en su país, lo hubiera apuñalado.  El Courrier no hace mención alguna de la seducción de la hija del baronet, extremo probablemente ocultado por el propio noble.

La Capilla Católica de Baviera (Royal Bavarian Chapel), situada en Warwick Street fue quemada y destruída casi por completo durante los motines anticatólicos (las llamadas “Gordon Mutinies”) de junio de 1780, siendo posteriormente reconstruida tal y como existe en la actualidad.  Primero capilla católica perteneciente a la embajada de Portugal, al trasladarse ésta en 1747 pasó a depender de la embajada de Baviera.  Actualmente se denomina Our Lady of the Assumption and St. Gregory.




Fuentes:          Compendio; Dalbian;  Photiadès; Velázquez;  Oliván;  Morande;
                       Herrero.


























HALES, Mary

Jovencita inglesa.

Londres 1772

Joven inglesa , hija de Sir Edward Hales, protector de Balsamo y Lorenza.

Tras sacarlo de la cárcel por deudas, Sir Edward, impresionado por el talento artístico del palermitano, le encarga pintar algunas salas de su residencia campestre, Hales Place, cerca de Canterbury.  Balsamo, desgraciadamente buen dibujante pero mal pintor, fracasa en el empeño.  Además, seduce a – o es seducido por, que los autores no están muy acordes en el asunto – la joven hija del noble, a quien monseñor Barberi, con notable falta de caridad y ninguna galantería, califica de “brutissima” (en el sentido italiano del término, es decir, “feísima”) y de “ributtantissima”, palabro este último que habría que traducir literalmente como “repugnantísima”, y que el traductor español de la obra dejó en “bastísima”, que tampoco está tan mal.

Arrojados de su mansión por el indignado aristócrata, Giuseppe y Lorenza no tardarán en poner tierra por medio y abandonar Inglaterra, siempre en busca de más prometedores horizontes.

Velázquez la llama “Mary”, más  no podemos fiarnos demasiado de estre dato, pues al padre lo llama “O’Dailly”.  Añade también que en el proceso de Roma, Lorenza la calificó de muchacha “fea”, “fantasiosa” y “extravagante”.

D’Amato, basándose en la documentación del proceso de Roma (Ristretto, capítulo Lubricitá) que Balsamo sacó a la muchacha todo el dinero que pudo.




Fuentes:          Compendio;  Velázquez; Petraccone; Morande; D’Amato.





BRANDALL, míster

Inglés, tornero de profesión.

Londres 1771

Tercer casero de Balsamo durante su estancia en Londres.  A su llegada, Giusepe alquila primero un apartamento en Leaden Hall street.  De allí se traslada a St. Albans street, y posteriormente a New Compton street, Soho Square, en un inmueble propiedad de un tal míster Brandall, tornero.

Enfrente vivían otros italianos, como el matrimonio Pergolesi, el viejo músico Ricciarelli (que Balsamo ya había conocido en Roma en 1769, y posiblemente en Lisboa en 1770) así como el escultor Agostino Carlini.




Fuentes:          Photiadès; Morande.

















PERGOLESI, Michel Angelo   (I)

Pintor y decorador italiano.

1776/1777
Londres 1771/1772
Londres Londres 1786/1787

Londres 1771/1772

Espasa:  Artista decorativo italiano, del siglo XVIII, que residió casi siempre en Inglaterra trabajando para los Adams.  Había pasado a la Gran Bretaña acompañando a Roberto Adam y en casa de éste laboró sin descanso, diseñando muebles, techos y objetos de metalistería, puertas, decoración mural y relieves artísticos.  Los paños centrales de los muros y techos decorados por Pergolesi llevaban frecuentemente pinturas de Cipriani, Angelica Kauffman, Antonio Zucchi y, a veces, de su propia mano.  Es autor de Designs for Various Ornaments on Seventy Plates, serie de láminas en folio, sin texto, publicada entre 1777 y 1801.”

En un principio, Pergolesi y su mujer, ambos italianos residentes en Londres, acogieron a la pareja Balsamo con los brazos abiertos cuando éstos llegaron por primera vez a la metrópoli británica.  El biógrafo Harrison menciona la posibilidad de que Balsamo llegara a colaborar con Pergolesi en algún proyecto y que más adelante, tratara de aprovechar dibujos, cartones o proyectos de este último cuando se comprometió a decorar la mansión campestre del noble inglés Sir Edward Hales.

Afirma Morande en el Courrier de l’Europe, que Balsamo pidió prestados a su compatriota algunos dibujos para decorar Hales Place.  Pergolesi se negó, y tuvieron algunas palabras, de forma que el pintor habría prohibido al palermitano volver a poner los pies en su casa.  Malas lenguas (¡perdón, dottor Gervaso!) suponen que el tal Pergolesi “facceva il cascamorto” o, lo que es lo mismo, “le tiraba los tejos” a la bella Lorenza, y que esto, aparte los celos artísticos, contribuyese a la ruptura.

Pergolesi vivía en Compton street, Soho Square, enfrente de la casa de los Balsamo.


Fuentes:          Espasa; Photiadès; Harrison; Morande; Marc-Haven .
Investigar:      Diccionario biográfico italiano re biografía.

CARLINI, Agostino

Pintor y escultor italiano.

Londres 1771/1772

El tercer domicilio de Balsamo, en New Compton street, Soho Square, estaba situado enfrente de la casa en que residían varios compatriotas, artistas de profesión.  Es muy posible que ésta haya sido la razón por la cual el palermitano se mudara a dicha dirección, por esa reacción instintiva que hace a los inmigrantes buscar la compañía de sus paisanos, agrupándose en zonas específicas.  Uno de estos compatriotas era el pintor y escultor Agostino Carlini, artista muy introducido en la corte de Saint-James, habiendo esculpido una estatua ecuestre del Rey Jorge III.

Balsamo también pensaba recurrir a la ayuda y consejos de Carlini para sus trabajos artísticos, pero éste se negó a ayudarle. 




Fuentes:          Petraccone;  Photiadès.
Investigar:       Dicc. biográfico italiano.  No está en el Espasa.














RICCIARELLI, Giuseppe  (III)



Músico y cantante italiano, probablemente romano.

Roma 1768
Lisboa 1770/1771
Londres 1771/1772
Londres 1776/1777
Roma 1789/1790

Londres 1771/1771

El músico Ricciarelli, ya encontrado primero en Roma y luego en Lisboa, debió también de coincidir con Giuseppe y Lorenza en la primera estancia de la pareja en Londres.  Según  el biógrafo español Oliván, muy contrario a la figura de Cagliostro, Ricciarelli habría prevenido contra el palermitano a otros miembros de la colonia italiana.  ¿Quizás habían disputado en Lisboa?  Si ello fue así, esta actitud de Ricciarelli debió de cambiar posteriormente, pues más adelante mostró fehacientemente su gran amistad y simpatía por Cagliostro.




Fuentes:          Photiadés; Petraccone; Oliván; Harrison; D’Amato.
Investigar:       Historia de la música italiana.  Dicc. biográfico italiano.











SWEDENBORG, Emmanuel

1688-1772

Teósofo, hombre de ciencia y místico sueco.

Londres 1771/1772

Nació en Estocolmo el 29 de enero de 1688 y falleció en Londres el 29 de marzo de 1772.

Residía en Londres durante la primera estancia de Giuseppe Balsamo, aunque no creemos tuvieran  el menor contacto o comunicación.  Sin embargo, lo incluimos aquí dado que en un futuro no muy lejano, el palermitano, ya en su época de apostolado masónico, sí habría de dejarse influir bastante por su filosofía, gracias al contacto con discípulos y seguidores del místico sueco.

Fue asesor del Real Colegio de minas, y miembro de la Academia de Ciencias de Estocolmo.  Hasta 1745 era conocido por los sabios y hombres de ciencia de toda Europa por sus obras sobre astronomía, matemáticas y mineralogía, como pionero de la cristalografía, así como por una serie de invenciones mecánicas.  Entre estas últimas se cuentan “el proyecto de un barco que con su tripulación había de andar por debajo de la superficie del mar y causar gran estrago en la escuadra del enemigo”, un fusil de aire capaz de efectuar 60 ò 70 disparos sucesivamente, sin  necesidad de recarga y, nuevo Leonardo, una máquina voladora, proyecto que al parecer abandonó por las críticas del gran  ingeniero sueco Polhem, que lo consideró imposible.

Repentinamente, decide abandonar su carrera científica, a consecuencia de una visión que debía marcar un cambio total en su vida.  En una ocasión en  que acaba de cenar en una fonda de Londres, al parecer bastante copiosamente, había visto sus ojos cubiertos por una bruma, que al disiparse gradualmente le permitió ver el suelo recubierto de horribles reptiles, sapos y alimañas.  Esta tremenda imagen se disipó en seguida y, bajo una luz cegadora, vi&oacut